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EDITORIAL

El crédito sigue atascado

La escasez de préstamos compromete la recuperación y eleva el riesgo deflacionista

La cicatería con la que los bancos europeos han acudido a la primera subasta del Banco Central Europeo (BCE) para captar dinero barato condicionado a la concesión de préstamos supone una sorpresa relativa. Los mercados llevan meses actuando con la convicción de que existe un exceso de oferta de liquidez y que el problema de la financiación empresarial (sobre todo de las empresas pequeñas y medianas) radica en la debilidad de la economía europea y en las reticencias de la banca a normalizar el crédito antes de que se conozcan los resultados de los test de solvencia y resistencia, que podrían cambiar las condiciones regulatorias de la banca.

Existen además otras dos razones de peso que explican la escasa fluidez del crédito. Los bancos pueden acudir perfectamente a la subasta de diciembre (la segunda) conociendo los resultados de los test; y, por otra parte, la morosidad crediticia vuelve a aumentar en España, a pesar de los cambios de método y cálculo y de la mejora estadística de algunos parámetros económicos. La presión de los créditos dudosos sobre los balances bancarios sigue siendo muy elevada y la hipótesis más probable es que el crédito se vaya recuperando al mismo ritmo que el crecimiento de la economía.

Como se ha repetido en varias ocasiones, la ausencia de crédito pone en peligro la recuperación, sobre todo en España, donde dominan las pequeñas y medianas empresas que dependen de la financiación bancaria. Pero con su programa de subastas el BCE pretendía cubrir otro flanco, el de la amenaza deflacionista, que quedará amenazado si la demanda de liquidez no aumenta. La baja inflación es una señal muy grave para la economía del euro; el BCE lo reconoce desde el momento en que pone en marcha el programa de subastas. Tan grave que si las próximas decepcionan las expectativas, al Banco sólo le quedará un remedio: medidas excepcionales de compra de deuda.

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