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EDITORIAL

Complicidad clave

El congreso del PSC y su sintonía con el PSOE facilitan una salida sensata al pulso secesionista

El resultado del congreso extraordinario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) que eligió ayer unánimemente primer secretario a Miquel Iceta exhibe un doble interés. Por un lado, supuso volver a dotar de verosimilitud al reenderezamiento de este partido, al que tan atribulado han dejado tanto las tensiones generadas por el soberanismo como sus propios errores. Organizativamente, y no es poco, Iceta logró una dirección integradora de las distintas sensibilidades internas. Su eficacia se demostrará si deja de ser noticia (de fisuras) todos los días. Políticamente, reafirmó la estrategia federal de su antecesor, Pere Navarro, y su propuesta de una consulta —pero sobre la profundización autonómica, no sobre la secesión— legal y pactada, que había quedado desdibujada. En resumen: ventana abierta a la estabilidad.

Por otro lado, el aterrizaje y discursos de Pedro Sánchez, el flamante secretario general del partido mayor hermano, el PSOE; y de su dirigente más poderosa, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, afirmaron la voluntad de consolidar la complicidad entre ambas organizaciones, urdida sobre la propuesta de una reforma federal de la Constitución. Incluso con acentos diferenciados sobre la cuestión de la consulta, como se ha visto, la sintonía básica de ambas es esencial para este país, más allá de los intereses partidistas: la familia socialista es una de las plataformas históricas de la cohesión territorial española. Y por ende, de la posibilidad, cada vez más ardua, de dar una salida legal y ordenada —y dinámica, creativa e integradora— al contencioso entre el secesionismo y el síndrome recentralizador. Si existe una tercera vía, que respete el marco constitucional y al tiempo abra su capacidad de acogida a nuevas corrientes e ideas, es seguro que no se circunscribe solo a la propuesta federal surgida en Granada; pero también que esa deberá ser uno de sus componentes primordiales. Pues cuando los polos de la actual deriva se convenzan de que no hay solución, deberán acudir a la lógica del cambio sensato.

Los dirigentes socialistas aprovecharon la ocasión para urgir al presidente del Gobierno y al de la Generalitat que “se pongan a trabajar” para extraer resultados de su próximo encuentro. No hay que esperar de esa reunión soluciones mágicas, pero sí es exigible que dejen transitables los puentes del diálogo para balizar acuerdos y posteriores negociaciones. Entre la inacción y un referéndum unilateral independentista existen varios puntos de encuentro posibles, como reclaman el empresariado y otras voces sociales, tanto en Barcelona como en Madrid. A este ejercicio de sensatez debe ayudar la claridad de la canciller alemana, Angela Merkel, apoyando la integridad del Estado y brindando su propia experiencia federal de los länder. Quizá ilumine a quienes minusvaloraban las tomas de posición de los presidentes de la Comisión y del Parlamento europeos, alegando su sesgo juridicista, y les convenza de que además de las leyes comunitarias, la alta política europea excluye el aventurerismo.

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