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Por qué lo dejé todo para montar mi propia 'start-up'

Las miserias, los éxitos y las recompesas de esos españoles que decidieron hacer difícil lo fácil, emprender y crear su propia empresa

Este hombre vivía atrapado en su mundo de foto de agencia hasta que un día emprendió
Este hombre vivía atrapado en su mundo de foto de agencia hasta que un día emprendió

Osado para unos, lógico para otros, una obligación para muchos más y, sobre todo, algo muy actual para la gran mayoría. Emprender y hacerlo en una start up, es decir un negocio emergente apoyado en la tecnología, no nos suena ya a chino. Es más, se ha impuesto como una respuesta a la crisis con muchas salidas y perspectivas de futuro.

A pesar de que las grandes compañías y las multinacionales cuentan cada vez más con más planes de promoción interna donde tienen cabidas nuevas ideas y que un puesto de trabajo en estas empresas es prácticamente sinónimo de estabilidad (o al menos lo que hoy podemos concebir como tal), el talento sigue saliendo. Cada día más personas optan por dejar la comodidad de un buen trabajo para montar una start up. Una opción no exenta de riesgos pero que conlleva muchos más retos y satisfacciones personales que hacen que la decisión no sea todo lo complicada que podría parecer. Tres de estos ‘aventureros’ empresariales cuentan a ICON cómo afrontaron esta decisión.

La clave es trabajar desde el minuto cero dividiendo los roles y en buscar financiación desde el inicio

Jean Noel Saunier, cofundador de MyTwinPlace

“Es un gusanillo que se lleva dentro. Siempre te está picando porque sabes en esa empresa ya consolidada no vas a poder crear lo que quieres con total libertad. Hasta que no dejas atrás cosas y te centras por completo no estás emprendiendo de verdad”, asegura Juan de Antonio, que dejó su trabajo en Boston Consulting Group para convertirse en CEO y cofundador de Cabify, una empresa que ofrece un servicio alternativo al taxi que permite solicitar un coche privado con chófer a precios muy asequibles (alrededor de 10 euros para un trayecto medio en Madrid) a través de una app o el ordenador.

Su empresa, eminentemente española (sus oficinas están en Madrid) aunque con sede en EE UU, nació en 2011 y ya da servicio en seis ciudades de España y México DF, Santiago de Chile y Lima. De Antonio, Sam Lown y Adeyemi Ajao, quien fuera uno de los fundadores de Tuenti, fueron los impulsores de esta start up que acaba de sumar en su última ronda de financiación 8 millones de dólares procedentes de los hermanos Winklevoss (aquellos con los que Mark Zukerberg se ha disputado la autoría de Facebook) y el fondo de inversión español Seaya. Todo un hito en las start up españolas y más en época de crisis.

Es un gusanillo que se lleva dentro. Siempre te está picando porque sabes en esa empresa ya consolidada no vas a poder crear lo que quieres con total libertad

Juan de Antonio, que dejó su trabajo en Boston Consulting Group para fundar Cabify

“Más que dar el salto yo lo llamaría 'quemar los barcos' porque en ese momento no hay marcha atrás y tienes que concentrarte en ir hacia delante, a conquistar ese nuevo terreno. Eso sí, tienes que estar preparado para abrazar la incertidumbre”, avanza De Antonio a aquellos a los que le ronde la idea de emular sus pasos. “Lo único que hace falta es una idea que resuelva una necesidad, un equipo capaz de ejecutarla y mucha fuerza de voluntad y trabajo” analiza porque, prosigue, “aún queda mucho por hacer, sigue habiendo oportunidades, muchas industrias por cambiar y opciones para mejorar soluciones existentes. Y hoy los costes para iniciar operaciones son menores que en la burbuja del 2000 y puedes contratar servicios en la nube sin necesitar tus propios servidores”.

Le preguntamos a De Antonio sobre el futuro de Cabify y si venderían su start up a una gran multinacional (cada vez es más común que gigantes tecnológicos compren los servicios de estas empresas emergentes, por ejemplo ayer se conocía que Facebook ha comprado la finlandesa Pryte o Microsoft la francesa Capptain). Su respuesta lo deja en el aire: “Estamos construyendo una empresa viable a largo plazo y eso requiere rentabilidad. Nuestro modelo de negocio genera ingresos desde el inicio. Dicho esto, puede que nuestra empresa genere más valor para un posible comprador estratégico que por sí misma. Solo en ese caso tendría sentido una venta”.

Aprendes mucho, en un año como si fueran cinco: tienes que abrir el abanico para entender la lógica de todos los departamentos, de recursos humanos a la parte legal

Xavier Laballos

Patricia Ratia también dejó su trabajo como auditora en Deloitte para lanzarse junto a dos socios, que hicieron lo mismo con sus puestos en L’Oréal, a fundar SamyRoad, una plataforma de tendencias categorizada en torno a siete pasiones y que ofrece a sus usuarios contenido de calidad creado por líderes de opinión en cada área. “La verdad es que siempre había pensado en tener un proyecto propio”, reconoce y cuando llegó la oportunidad “puse en una balanza los pros y los contras y siempre salía que era una buena decisión. Eso fue hace dos años”. Una paso, añade, que “da un poco de vértigo pero mezclado con la adrenalina que supone un día a día distinto. En Deloitte al final tenía que hacer ciertas cosas pero no salía de ahí, estaba compartimentalizado y aquí está todo por hacer y cada día es diferente y más al principio”.

Reconoce que lo más complicado de crear una start up es conseguir la financiación. ¿El truco? “Mucha perseverancia”. Hoy cuentan con una red de más de 150.000 usuarios únicos y más de 1.500 líderes de opinión realizan el contenido que ofrecen. “Hemos nacido en España pero nuestro plan es expandirnos a Nueva York en septiembre y replicar lo que hemos hecho aquí”, añade sobre los nuevos desafíos, esos que nunca terminan en estas aventuras empresariales, a los que se enfrentan ahora.

MyTwinPlace es una empresa dedicada al intercambio de casas entre particulares en función sus afinidades y gustos. Nació en 2013 y ha sabido aprovechar la tendencia creciente en España y el mundo por el consumo colaborativo. Hoy cuenta con más de 5.000 casas en 110 países de todo el mundo. Jean Noel Saunier es uno de sus socios fundadores junto a Xavier Laballos. Garantiza que la clave del éxito radica en “trabajar desde el minuto cero dividiendo los roles y en buscar financiación desde el inicio. Es la clave para crecer rápidamente aunque es complicado”.

En mi oficina al final tenía que hacer ciertas cosas pero no salía de ahí. Aquí está todo por hacer y cada día es diferente

Patricia Ratia, cofundadora de SamyRoad

Saunier venía de trabajar en Akamai’s Technologies y, después, de Flumotion –“lo que ya me permitió desarrollar una empresa desde cero aunque no era accionista mayoritario”–. En 2011 ganó junto a Laballos el segundo premio Emprendedor XXI y en un viaje a Estados Unidos ambos decidieron que era el momento de crear algo 100% suyo. “Teníamos una lista extensa de ideas pero queríamos un proyecto que fuera internacional desde el primer momento, global, que encajara con una época de crisis y relacionado con el mundo del consumidor, el be to be. Así decidimos montar My Twin Place”, explica.

“Sin duda me ha compensado el cambio. Lo primero porque tener el 100% del capital de la empresa es fundamental a nivel estratégico, porque te permite alinear los objetivos y tener la decisión final de hacia dónde vas”, añade. A ello se une también aprendizaje y el bagaje profesional que le ha dado su negocio. “Aprendes mucho. En un año como si fueran cinco porque tienes que abrir el abanico para entender la lógica global de todos los departamentos, desde RRHH hasta la parte técnica o la legal, y también me encanta que te permite crear equipos con valor y gente comprometida y apasionada. Cuentas con gente a la que ya conocías pero también puedes fichar a jóvenes, algo clave en nuestro negocio en internet porque tienes que estar a la última”, matiza.

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