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¿Una del Oeste, señor presidente?

Desde ‘El nacimiento de una Nación’, en 1915, hasta ‘The Monuments Men’, este martes, los dirigentes de EE UU han disfrutado del cine de la Casa Blanca

Los Obama ven un anuncio en 3D durante la Super Bowl de 2009 en la sala de cine de la Casa Blanca.
Los Obama ven un anuncio en 3D durante la Super Bowl de 2009 en la sala de cine de la Casa Blanca. White House

El presidente Bill Clinton dijo una vez que “la mayor ventaja de vivir en la Casa Blanca no era ni el Air Force One ni Camp David, sino la maravillosa sala de cine que tiene”. George Clooney y parte del reparto de la película The Monuments Men, pudieron comprobarlo este martes con ocasión de la proyección de su cinta en la residencia que ahora ocupan los Obama. El de Clooney, Matt Damon y compañia es, hasta la fecha, el ultimo film que se ha podido disfrutar en el 1600 de la Avenida Pensilvania, pero la tradición de disfrutar del celuloide se remonta a 1915, cuando Woodrow Wilson invitó a varios de sus donantes sureños a ver El Nacimiento de una Nación, una cinta que muestra al Ku Klux Clan como los salvadores de EE UU y que gustó mucho al mandatario.

La sala de cine de la Casa Blanca, no obstante, se construyó mucho más tarde. A mediados de los 40, Franklin Delano Roosevelt ordenó adaptar un cuarto que hacía las veces de ropero en el ala Este de la residencia presidencial en una habitación provista con 40 butacas para proyectar películas. Allí todos los presidentes, algunos más que otros, han pasado horas viendo estrenos de Hollywood o documentales, aunque el lugar también se ha utilizado para ensayar los discursos sobre el estado de la Unión o, simplemente, para departir con invitados o congresistas. Y es que, como todo, el ocio puede ser una interesante herramienta política. “El presidente no puede invitarte a cenar, pero sí puede invitare al cine”, reconoció un asistente de Clinton.

A mediados de los 40, Franklin Delano Roosevelt ordenó adaptar un cuarto que hacía las veces de ropero en el ala Este de la residencia presidencial en una habitación provista con 40 butacas para proyectar películas

Desde que los Obama se instalaron en la Casa Blanca las películas que se han proyectado son muchas y variadas. El pasado año, invitaron al reparto de 42, The Butler o Mandela a una sesión de su propia película en su residencia, una alfombra roja diferente de la que los actores están acostumbrados a pisar en los estrenos y que requiere de muchos más controles de seguridad. Daniel Day Lewis y Spielberg, con ocasión de Lincoln, o Meryl Streep, en calidad de protagonista de Julie & Julia, por ejemplo, también han compartido palomitas con el presidente y su mujer. Las amigas de sus hijas se han sentado en la sala de cine de la Casa Blanca para ver High School Musical o Bolt.

Podría pensarse que, habiendo sido actor, Ronald Reagan gustaba de pasar horas viendo películas en la Casa Blanca, sin embargo, de acuerdo con Paul Fischer, proyeccionista de la residencia del presidente de EE UU, desde 1953 hasta 1986, fue de los mandatarios que menos disfrutó de la sala de cine. El republicano, no obstante, solía proyectar una de las cintas en las que él había intervenido por su cumpleaños y llegó a retrasar el inicio de una cumbre del G-7 porque estaba terminando de ver Sonrisas y Lágrimas.

Quien más películas ha visto en la Casa Blanca (480) ha sido Jimmy Carter, con una media de tres por día. Durante su presidencia se estrenó la primera cinta calificada X de la historia de la sala de cine del ala Este, Cowboy de Medianoche.

Predilección por el 'westerm'

Precisamente a las películas de cowboys era aficionado Dwight Eisenhower, quien devoró la mayoría de las cintas del Oeste, en especial las de Robert Mitchum, hasta que el actor fue detenido por posesión de marihuana. Desde entonces, cualquier film en el que Mitchum aparecía, aunque fuera como secundario, obligaba al presidente a abandonar la sala.

Reagan llegó a retrasar el inicio de una cumbre del G-7 porque estaba terminando de ver Sonrisas y Lágrimas

El western Solo ante el peligro es, quizás, la película que más veces se ha proyectado en la Casa Blanca. Es una de las cintas preferidas de Eisenhower –menos mal que no salía Mitchum-, y la favorita de Clinton –la ha visto una veintena de veces, la primera con seis años- quien se la recomendó a su sucesor, George W. Bush, quien aprovechó bien su recomendación. Tras el 11-S, Bush le regaló un poster del film al Primer Ministro japonés, Junichiro Koizumi, a modo de alegoría de cómo, a diferencia de Gary Cooper, que se enfrentaba en solitario a una banda de forajidos, “EE UU, entonces, tenía el apoyo de todo el mundo”.

Fue el ataque de las Torres Gemelas el que cambió el gusto cinematográfico de Bush. Si antes se esforzaba por que se estrenaran en la Casa Blanca todas las películas de la saga Austin Powers, pasados los atentados terroristas, el presidente optó por proyectar películas de carácter bélico, como Black Hawk Down, que narra la visión de un soldado estadounidense de la misión en Somalia en 1993; Cuando éramos soldados, sobre Vietnam; o United 93, sobre el 11-S. Cuando la guerra en Irak se estaba tornando fuera de control, Bush invitó a varios donantes a ver Osama, una durísima cinta que retrata la violencia talibán en Afganistán. “Para que vean lo que significa liberar a la gente, la película lo explica mejor que yo”, señaló el presidente, en otro ejemplo de la vertiente política de la sala de cine de la Casa Blanca.

Si antes se esforzaba por que se estrenaran en la Casa Blanca toda la serie de Austin Powers, pasadoel 11-S, Bush optó por proyectar películas de carácter bélico

John F. Kennedy, el presidente cinematográfico por excelencia, apenas logró terminar una sola película. Sus dolores de espalda, cuentan sus biógrafos, le impedían estar mucho tiempo delante de la pantalla. Sin embargo, sí solía ver las de Marilyn Monroe, si bien no hay constancia de que la actriz hubiera sido invitada al cine de la Casa Blanca. Para los amantes del morbo rosa queda la entrada que Fischer consignó el 16 de agosto de 1961 en el cuaderno en el que anotaba todas las cintas que proyectó y el nombre de los que asistían a sus proyecciones. Ese día es el único en el que no aparece identificado el espectador y, ese día, Jackie Kennedy no estaba en Washington. A JFK le gustaba la saga de James Bond, quizás porque Ian Fleming era uno de sus escritores favoritos. La última película que vio, tres días antes de morir, fue Desde Rusia con amor. Fischer no detalló si aguantó hasta el final.

No todos los presidentes han sido fan de las películas. Lindon B. Johnson prefería los documentales, aunque, realmente, solo le gustaba uno que trataba sobre él. El País de un Presidente es un trabajo de 28 minutos en el que Gregory Peck narra la infancia de Johnson. La cinta nunca se llegó a estrenar en cines y sólo fue distribuida entre las embajadas de EE UU. No se sabe si los embajadores llegaron a verla. Durante su mandato, Johnson lo hizo 12 veces.