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COMUNICACIÓN

Fabulosas historias de la radio

La gala de entrega de los Premios Ondas celebra cada noviembre desde hace 60 años la magia del medio de comunicación que más acompaña nuestras vidas. Este año se cumplen 90 del nacimiento de la radio en España. Un recorrido lleno de anécdotas, estrellas, locutores de leyenda y el orgullo de haber sido siempre un espacio de libertad.

Matías Prats entrevista a Luis Miguel Dominguín. Ampliar foto
Matías Prats entrevista a Luis Miguel Dominguín.

Con el pitido de las señales horarias, la Sociedad Española de Radiodifusión, la cadena SER, aprovecha el definitivo apagón de la dictadura para encender la libertad. Radio Nacional de España ha anunciado que dejará de emitir El parte de las 14.30. Es el preludio del desvanecimiento del monopolio informativo de la emisora estatal y es, por eso, la gran oportunidad de relevarlo con su antítesis. Lo sabe bien Antonio Calderón, “el arquitecto de la radio moderna”, que entra presuroso y entusiasmado al despacho de Eugenio Fontán, director general de la emisora:

–¡Tenemos que hacer un informativo ya! A la misma hora en que ellos lo hacían, pero con otro tono, con otra cara, con otro aire.

Ambos son conscientes, sin embargo, de que no cuentan con un equipo técnico y humano suficiente para realizar un despliegue “en condiciones”. ¿Cómo tenerlo si durante cuatro décadas parecía que nunca llegaría este momento? Habrá que improvisar y luego… ya se verá.

La coyuntura es histórica para un joven periodista que lleva 13 años, desde que salió de la Facultad, esperando poder dar noticias sin ataduras en la radio. Se llama Iñaki Gabilondo, y al instante coge una hoja de papel y un bolígrafo para empezar a escribir el guion:

–Por fin hoy, señoras y señores, la cadena SER puede emitir un informativo…

Luego él y su compañero José Joaquín Iriarte seleccionan, con mucha prisa y con poco rigor, algunos teletipos y enseguida entran juntos al estudio. Carlos González está a cargo de los controles. Se escuchan las señales horarias. Son las 14.30 del día 2 de octubre de 1977.

“Tal vez, al principio, fue un informativo bisoño, con una insolvencia monumental. Pero tenía un aire fresco y distinto. Ya estaba Hora 25, pero teníamos que decir que era ‘un programa de cuestiones actuales’ porque nosotros no podíamos dar información. Antonio Calderón, el hombre más importante que ha tenido la radio de este país, olió la oportunidad y acertó. Así que aquel día, y no otro, ni siquiera grandes jornadas informativas como el 23-F o el 11-M, es el más importante en toda mi carrera. Porque fue fundamental para la historia de la radio. Y de España”, dice ahora con emoción Iñaki Gabilondo, 36 años después de aquella fecha, sentado en su despacho de la Gran Vía de Madrid.

Iñaki Gabilondo: “Yo le tuve siempre una reverencia enorme a Matías Prats padre. Él me enseñó que la radio era creadora de imágenes”

Habían comenzado a fabricarse y venderse aparatos receptores cuando, en septiembre de 1923, Radio Ibérica hizo sus primeras emisiones de forma experimental ofreciendo actuaciones en directo de grupos folclóricos. Pero la actividad radiofónica en España comenzaría a regularse un año después, y la empresa que obtuvo la primera concesión legal para utilizar las ondas hertzianas fue Radio Barcelona. A partir de entonces, con la proliferación de emisoras y con la progresiva consolidación de los bloques de programación, un buen número de españoles empezarían a cerrar los ojos para abrir los oídos.

Pronto también los militares y los políticos harían de la radio su principal medio de propaganda. Se la disputarían, sobre todo, durante la Guerra Civil, y al final la dejarían amordazada. En los años grises de la posguerra, sin embargo, la radio se convertiría en “el gran lenitivo para el dolor” (Manuel Vázquez Montalbán dixit).

Con su imaginación y creatividad, los improvisados radiofonistas entretenían con música folclórica, toros, fútbol y concursos. Las voces impostadas, graves, rotundas y solemnes de los locutores eran, en el salón o en la mesita de noche, la variada compañía diaria. De los receptores podían salir las charlas religiosas del padre Venancio Marcos, decenas de frases y cancioncillas publicitarias pegadizas, los consejos sentimentales de la Señora Francis, el verbo arrollador y barroco de Bobby Deglané, la atlética adrenalina de Matías Prats o de Vicente Marco, o los argumentos lacrimógenos de las radionovelas.

Juana Ginzo formó parte del mítico Cuadro de Actores de Radio Madrid. Hoy tiene 91 años, una artrosis que no la deja caminar a gusto y un montón de recuerdos arrinconados. “Porque no hice más que un simple trabajo. Porque hice seriales que… me avergonzaban. ¡Es que nunca he sido una persona como las de esas historias de mierda!: mujeres sumisas y abnegadas”, dice con rotundidad, una tarde nublada, en el salón de su casa. Ginzo enganchó al público con seriales como Ama Rosa o Los Porretas. “También hice varios Teatros del aire, donde adaptábamos los clásicos a la radio, como Otelo o El mercader de Venecia. Y esos sí que me encantaban. Pero la gente me recuerda más por Ama Rosa. Es que fue un fenómeno. ¡El país se paralizaba a la hora de la radionovela…! Afortunadamente, luego todo evolucionó”.

Sobre la evolución de la nonagenaria radio da cuenta Ángeles Afuera, jefa de documentación de la cadena SER (del grupo PRISA, editor de EL PAÍS) desde hace 25 años y quien, en los últimos días, ha encabezado la preparación de una serie de reportajes especiales con motivo del 60º aniversario de la entrega de los Premios Ondas. Entre estanterías repletas de discos, guiones y cintas magnetofónicas, esta arqueóloga de los sonidos dice que “hoy tenemos una radio mejor, porque tiene más inmediatez y el sonido es estupendo. Pero es verdad que ahora se cuida menos el producto radiofónico. Hoy todo es más informal, menos preparado. El gran reto que tenemos es interesar a las nuevas generaciones que no pueden vivir sin imágenes y sin un cacharro en la mano”.

Iñaki Gabilondo, que se define como “un apóstol de la radio”, señala que aunque no añora aquellas emisiones “con una mano atada”, es imposible dejar de reconocerla. “Porque había muchas cosas de gran calidad, muy elaboradas. Y desdeñar eso y decir que ‘era para chachas’ es cometer una injustica. Era una radio de expresión con grandes figuras. Además de Antonio Calderón, que simboliza todas, yo le tuve siempre una reverencia enorme a Matías Prats padre. Porque fue él quien me enseñó que la radio era creadora de imágenes. Luego llegó Luis del Olmo. Y marcó tendencia”.

Luis del Olmo ha estado presente en las ondas durante 40 de los 90 años de la radio española. “El 45% de toda su historia”, dice con orgullo. Con Protagonistas ha atravesado el tardofranquismo, la Transición y la democracia. En todos esos años, sostiene, “el programa ha cambiado de cadena, pero no de ideología”. Del Olmo habla sentado en el sofá de su casa, a unos pasos de la Diagonal de Barcelona, consciente de que es “la leyenda de la radio”, pero desprendido por completo de cualquier petulancia y sensación de poder. “Siempre he sabido que mi labor ha sido importante gracias a nuestra numerosa audiencia. Pero ha sido una responsabilidad hermosa que temía perder. Y por eso creo que no he dejado de tener los pies en la tierra”, puntualiza con el tono de voz que millones de personas identifican con facilidad (“Buenos días, España. Les habla Luis del Olmo”).

En 1973 ocupó el espacio que dejaba libre el locutor José Ferrer en Radio Nacional de España y, con una mezcla de infoentretenimiento, comenzó a ganarse a buena parte del público, sobre todo con las novedades que paulatinamente iba incorporando al formato de la emisión: convertir el teléfono en un micrófono para los oyentes, transmitir en directo desde varias ciudades de España y del mundo, ofrecer segmentos de humor y hacer tertulias de análisis y opinión, características que retomarían la mayoría de los programas que se escuchan en la actualidad. “Sin este transatlántico que es Protagonistas”, dice Luis del Olmo, “tal vez ahora yo estaría retirado. Tal vez sería un comunicador más, sin ningún aplauso. Y, desde luego, no tendría todas las distinciones que se le pueden dar a un comunicador, incluidos ocho ondas”.

Los Premios Ondas son los decanos en galardonar al sector audiovisual en España. Desde hace 60 años los entrega la cadena SER, a través de Radio Barcelona. Galardonan a la televisión, la publicidad y la música, pero sobre todo a la radio. Manuel Tarín Iglesias era director de Radio Barcelona y de la hoy desaparecida revista Ondas cuando, en 1953, se le ocurrió organizar un concurso de guiones radiofónicos. Al año siguiente se decidió premiar además a los profesionales de la radio y hacer una gala glamurosa una noche de noviembre, que es, hasta hoy, la noche de la radio.

José María Martí es, desde hace dos décadas, secretario general de los Premios Ondas y defiende la imparcialidad y la independencia de estos reconocimientos. “Los organiza y los otorga la SER, pero siempre hemos tomado en cuenta a la competencia. No dependemos tampoco de ninguna otra institución o empresa. Es verdad que también premiamos nuestros programas, pero es porque en esta casa hay cosas de gran calidad”.

A Luis del Olmo le gusta más asistir a la gala que recibir uno de esos caballos alados. “Es un día maravilloso para compartir con los demás compañeros. Es una fiesta para recordar y contársela a los nietos, que ahora empiezan a darse cuenta de que su abuelo es una persona querida. Porque mi gran premio es ese: sentirme querido por la gente”. Así que ya está listo para ir el próximo 20 de noviembre al Gran Teatro del Liceo, en la Rambla de Barcelona, dispuesto a vivir con su mejor traje la fiesta de la radio.