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EDITORIAL

Cultura a la deriva

Urge que el Estado y el capital privado recuperen la dinámica inversora en las industrias culturales

La crisis económica ha golpeado con particular dureza a las industrias culturales. De un lado, las Administraciones públicas han reducido los apoyos y subvenciones. De otro, la caída de las rentas ha obligado a las familias a bajar el monto que dedicaban a este tipo de bienes que, además, se han encarecido por la subida del IVA al 21%. La combinación de ambos fenómenos ha producido además otro efecto. Poco a poco se van modificando los hábitos de consumo. Si antes se salía al cine, al teatro o a un concierto, hoy se opta por el ocio doméstico, ligado a la televisión y el ordenador. El golpe es devastador, y no es fácil generar dinámicas, ni desde el Estado ni desde el capital privado, que reduzcan su impacto.

Las estadísticas producen vértigo: durante 2012 (en relación al año anterior), un 9,8% de personas dejaron de ir al teatro; un 13,51%, al cine; y un 4,3%, a conciertos. Si el periodo que se considera es el último quinquenio, las magnitudes son más reveladoras: un 11% de personas ya no fueron al cine, y el 31,4% de espectadores no asistieron a ninguna representación de artes escénicas, siendo el caso de la danza particularmente dramático, ya que la caída ha llegado ahí al 43,41%. Los datos forman parte del anuario que publica la Sociedad General de Autores (SGAE). Por lo que toca al arte español, y si se tiene en cuenta la evaluación de un prestigioso informe internacional elaborado a partir de ventas en subastas, los ingresos se han desplomado un 62%. En el último Congreso de la Lengua en Panamá ha vuelto a salir a la luz la delicada situación del libro: las ventas en papel no dejan de caer y no es significativo su aumento en los diferentes soportes digitales. La piratería ha empezado a agujerear los bolsillos de los editores que no supieron reaccionar con diligencia cuando observaban hace unos años el daño que la gratuidad de las descargas producía en la industria musical y la cinematográfica.

La dureza con que la crisis está golpeando a estas industrias tiene mucho que ver con la forma que han tenido los políticos de relacionarse durante las últimas décadas con la cultura, donde el despilfarro ha sido la marca característica. En tiempos de crisis es más difícil sacar adelante una ley de mecenazgo, ante el temor de que sea refugio del dinero negro, pero tampoco se supo abordar en tiempo de bonanza. Por lo que toca al ciberespacio, la ley de propiedad intelectual no ha sabido todavía garantizar la protección de los derechos de autor. Hay mucho trabajo, y urgente.

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