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COLUMNA

Café con leche

Botella siempre ha dado la impresión de ser una alcaldesa alérgica al pueblo

El español es ese individuo que habla un mal inglés y que se ríe de otro que habla un mal inglés. Así podría resumirse nuestra sarcástica relación con los idiomas. Sarcasmo que se cura, en parte, cuando se vive fuera y se convive con compatriotas que luchan, como tú, por hacerse entender. Digo esto, ya saben, por la actuación de Botella, que ha centrado las burlas al suspenso que propinó el COI a la candidatura española. Lo nuestro es el humorismo, y más que analizar los factores que contribuyeron a la eliminación (cuando llevábamos días celebrando la victoria) nos hemos puesto a crear un hit musical, “Relaxing Café con Leche”, que lleva camino de convertirse en la canción del verano.

Pero más que el acento de Botella (he oído tantos como ese…) lo inaudito era la nadería del discurso; más que la pronunciación (he oído tantas…) sobrecogía la incontenible expresividad de una mujer que nunca se ha caracterizado por su simpatía. Botella siempre ha dado la impresión de ser una alcaldesa alérgica al pueblo. Lo que parece claro es que esas palabras transparentaban un mensaje nefasto: somos un país en crisis capaz de sustituir con alegría el dinero que nos falta, o de rectificar aunque tarde escándalos que han salpicado al mundo deportivo. No coló.

De cualquier forma, los que no nos habíamos puesto insensatamente a celebrar la victoria antes de ganar no sentimos tal decepción. En cambio, sí llevamos experimentando desde hace tiempo desesperación e impaciencia, porque Madrid necesita un estímulo para salir del abandono que padece: sucia, endeudada hasta las cejas y camino de que nos privaticen hasta la Cibeles. No se comprende por qué ese tipo de estímulo ha de ser siempre deportivo y no de otra naturaleza. El ayuntamiento de Madrid necesita con urgencia un gobierno a la altura de su gravedad. Ese sí que sería motivo de júbilo.

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