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PORTERA DE DÍA COLUMNA i

Dimito

Por mucho jabón que le des a ciertas manchas, no salen ni con agua hirviendo, Cristinita, alteza.

Y ahora Lagarta Lagarde nos esputa que cobramos mucho y que así no hay quien nos despida.

La Infanta Cristina entre su hermana Elena y su sobrino Juan Froilán y su tía Pilar en la misa por su abuelo.
La Infanta Cristina entre su hermana Elena y su sobrino Juan Froilán y su tía Pilar en la misa por su abuelo.

Renuncio, deserto, paso cien pueblos. Hay semanas en que por mucha espuma que suelte por la boca y mucho lado cómico que le busque a la vida, no acierta una a blanquear este marronazo ni a poner en solfa la actualidad rosa. Y eso, sin entrar en las revistas del ramo que, o espabilan y varían su oferta de sotas, caballistas y reinas apócrifas, o echan la persiana. Aparte de que vista una, vistas todas —a la sexta portada con Raquel Sánchez Silva “bañándose melancólica en las idílicas aguas de Formentera tras la trágica muerte de su esposo”, dejé de contar esdrújulas—, lo que está claro es que hoy en día lo más infartante del mundo cardiaco está en las páginas salmón de los periódicos. Ya lo decía Clinton, ahora no me acuerdo si Bill o Hillary, pero tanto monta, monta tanto: “Es la economía, estúpidos”.

Que si la Audiencia conmina al juez Elpidio el Punki a que suelte a Blesa echando autos, que está la novia esperándole para casarse. Que si Lagarta Lagarde y su Fondo de Reptiles nos esputa que cobramos mucho y que así no hay quien nos despida. Que si un negrero de la CEOE nos rebuzna que librar cuatro días para enterrar a un padre es un abuso del lobby obrero. Que si Montoro Embolado nos chulea con que vemos fantasmas volando en el Expediente X del deneí de la Infanta. Que si Cristina y sus asesores áulicos nos echan a los ojos un tambor más de detergente en su lavado de imagen yendo a una misa por su abuelo como si Noos pasara nada. Lo de que la realidad supera la ficción está superado. Total, que dimito de añadir ni una coma. Que tiro la toalla y guardo la ropa, que yo en eso soy muy de María Patiño. Sí, mujer, esa eminencia que ha soltado en Interviú la perla definitiva del empoderamiento feminista: “Hagas lo que hagas, ponte bragas”.

Hablando de política de género, no sé a qué tanto escándalo con que Alicia Sánchez-Camacho haya llegado a un acuerdo con sus espías a cambio de que no revelen de qué rajó con la exnovia de un Pujol en una comida de chicas. Bueno, y de 80.000 euros para una ONG, que queda supersolidario. Yo la entiendo que te pasas: si trascendieran mis cumbres con mis íntimas, acabábamos imputadas por injurias y calumnias contra el resto del globo y la guapa que se atreva a levantarse al baño. Así que, ahora que estamos en confianza, vamos a llamar a las cosas por su nombre, que dijo Letizia una vez que abrió la boca.

Lo de Blesa entrando y saliendo del trullo como Cachuli por su casa vestido de pijo por talego y con unos bolsazos con los que podría pagar la fianza, da bochornazo. Lo de la madame del FMI pidiendo que nos bajen el sueldo cuando acaban de reconocer que la pifiaron con Grecia, provoca ronchas como kiwis. Lo del segundón de la CEOE llamándote a currar con tu madre de cuerpo presente, hace que te acuerdes de sus muertos. Volando no, pero a dos patas veo yo a unos cuantos fantasmones a diario, y no miro a nadie, Montorete. Y por mucho jabón que le des a ciertas manchas, no salen ni con agua hirviendo, Cristinita, alteza. Ahora, aquí la única que piensa en dimitir es mi menda. Y ya me ha dicho mi jefe que me la envaine o me la corta, que tiene mucho lío.

 

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