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EDITORIAL

¿Decidir qué?

Bruselas aclara, pese al programa de CiU, que la secesión dejaría a Cataluña fuera de la UE

Tras haberse encaramado a la oleada independentista que se hizo visible en la Diada, CiU y su candidato, Artur Mas, intentan encauzarla con un programa que ya no abarca solo la próxima legislatura, sino hasta 2020, la fecha en que el presidente de la Generalitat y candidato a la reelección sitúa el horizonte de una Cataluña convertida en un nuevo Estado europeo. Lo prolongado del plazo puede tener que ver con un primer reconocimiento nacionalista de las dificultades que su aventura va a encontrar para que Cataluña sea admitida, sin más, como un Estado en Europa.

La correspondencia conocida ahora entre el secretario de Estado para la UE, Íñigo Méndez de Vigo, y la vicepresidenta de la Comisión, Viviane Reding, echa agua fría a las calenturas del nacionalismo. Ante el planteamiento del alto cargo del Gobierno español, en el sentido de que la UE “no puede reconocer una declaración unilateral de independencia de una parte de un Estado miembro”, y de que, en el hipotético caso de que se produjera esa separación, el nuevo Estado habría de “solicitar su adhesión como cualquier otro postulante”, la vicepresidenta de la Comisión Europea contesta: “Coincido plenamente en el análisis del marco constitucional europeo que desarrollas en tu carta”. No cabe, pues, jugar con los votantes para hacerles creer que la UE acogería encantada a una parte desgajada unilateralmente de España.

Los dirigentes de CiU pretendían sortear todo tipo de explicaciones sobre el mal balance económico, financiero y social de la gestión desarrollada por el Gobierno de la Generalitat, por el sencillo expediente de culpar de los problemas a España y de prometer un futuro idílico dentro de Europa, pero el recorrido de tal idea es bastante más tortuoso.

De hecho, el programa de CiU para el 25 de noviembre evita las palabras independencia, separatismo o secesión, y se limita a hablar de “Estado propio”, formulación que podría servir tanto para una salida federal como para la independencia plena. La propuesta se acumula a otras de por sí complicadas para el resto de España, pero de talante supuestamente constructivo ante los votantes catalanes, como son la edificación de estructuras estatales (Agencia Tributaria, Seguridad Social) o la cooficialidad del idioma castellano, de repente valorado como un activo de primer orden. Con este discurso, Mas busca una mayoría absoluta parlamentaria que le otorgue manos libres, y ya se verá después cómo se administra la continuidad del proceso.

Mientras el PSC (sin apoyo del PSOE) defiende el derecho a decidir en un referéndum legal y CiU se propone impulsar una consulta “para que el pueblo de Cataluña pueda determinar libre y democráticamente su futuro colectivo”, Mariano Rajoy redescubre el concepto de la “España plural”, tan caro en su momento a José Luis Rodríguez Zapatero. La precampaña catalana se caracteriza por una confusión considerable, cuando lo que necesita es claridad.

 

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