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EDITORIAL

Propósito de enmienda

El gobernador se impone como tarea recuperar el prestigio del Banco de España: sea bienvenido

El gobernador del Banco de España, Luis Linde, dictó el martes en el Congreso una lección política sobre la asunción de las responsabilidades de la institución en la crisis financiera. Lo hizo sin sectarismo, puesto que el diagnóstico sobre las deficiencias notables del regulador se extendió a Jaime Caruana y Miguel Ángel Fernández Ordóñez. El análisis de Linde no podía descender, por razones obvias, a muchos detalles, pero fue suficiente para criticar el esquema de fusiones frías propuesto inicialmente para resolver la crisis de las cajas, que solo sirvieron para retrasar la solución del problema, y las provisiones anticíclicas, desvirtuadas por las presiones de las instituciones financieras. El mensaje del gobernador puede resumirse en reconocimiento de los errores del regulador y un propósito de enmienda: el Banco de España dispone de poder de supervisión para recuperar su papel preventivo de las crisis bancarias.

No hay razones para dudar del mensaje. Si la autoridad bancaria mantiene todo el poder de inspección, tiene capacidad política suficiente para imponer los procedimientos de control y supervisión que con tanta efectividad aplicó el Banco al menos hasta los primeros años del nuevo siglo. Las inspecciones rigurosas in situ, los trámites tasados de amonestaciones, advertencias y expedientes funcionaron como una barrera disuasoria para limitar excesos de crédito e inversiones descontroladas. Estos procedimientos se relajaron durante los años de euforia inmobiliaria y financiera, desde 1999 hasta 2008, con las consecuencias sabidas: conocimiento deficiente de los balances de las entidades (como Bankia), recursos insuficientes para exigir rigor a los responsables técnicos o políticos de las cajas mal gestionadas y, en fin, crisis que desbordan primero al Banco de España y que la autoridad política no sabe manejar.

La recuperación del prestigio del banco está al alcance del nuevo gobernador y su equipo. La tarea es tanto más urgente (al margen de la gestión de las entidades nacionalizadas que recibirán el dinero del rescate europeo, que compete a la troika) porque las condiciones de operación del sistema no mejoran. La morosidad en los balances se aproxima a toda velocidad al 9% y este es un factor que puede disparar de nuevo los temores sobre la solvencia. El papel de Linde consiste en inspirar confianza sobre el futuro de la banca española. Ese objetivo requiere necesariamente el retorno a un control racional de los balances por parte del banco para evitar nuevas crisis bancarias.

Si esto es lo que se propone el gobernador —por cierto, se entiende que su afirmación de que no es necesario por el momento que el BCE compre deuda española se debe a que el Banco de España forma parte del BCE— pocas objeciones cabe hacer. Cuanto antes se ponga a restaurar los procedimientos de supervisión y control, mejor. Ya que la confianza en las instituciones españolas está bajo mínimos, al menos que el Banco de España recupere la suya.

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