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EDITORIAL

El IVA y lo demás

La subida del impuesto al valor añadido avanza los nuevos ajustes exigidos por Europa

Poco a poco se abre paso la evidencia de que el rescate de la banca española sí tiene contrapartidas macroeconómicas, aunque alguna de ellas hubiese resultado igual de necesaria con ayudas o sin ellas. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, admitió ayer, en un discurso alambicado, que el Gobierno considera una subida del IVA (impuesto sobre el valor añadido) en línea con las peticiones de Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI); y sugirió además que habrá correcciones en la Administración para aumentar las horas de trabajo de los funcionarios, lo que permitirá la reducción en el número de eventuales. El Ejecutivo se dispone a cumplir con dos de las condiciones del rescate bancario (100.000 millones de dinero europeo); tales condiciones probablemente tendrán continuidad con nuevos recortes presupuestarios, con la supresión de la deducción fiscal por vivienda y con recortes en las pensiones. Pero el Gobierno mantiene la ficción de que tales decisiones proceden de cálculos propios; de ahí que Montoro excuse la subida en el notorio fraude en el IVA, como si este no existiera meses atrás cuando el ministro argumentaba en contra.

Dada la grave situación de la economía, la subida del IVA es seguramente la solución menos mala de cuantas dispone el Gobierno. Los efectos negativos se conocen: detraerá el consumo y obstaculizará las posibilidades de reactivación. Pero la desviación presupuestaria hace imposible el cumplimiento del objetivo de déficit este año y durante los tres siguientes sin subir impuestos. Incluso aunque el Eurogrupo demore el objetivo de déficit del 3% a 2014 y establezca el objetivo para 2012 en torno al 6% —y esa flexibilización es un notable balón de oxígeno para el Gobierno— la falta de control en los gastos y el hundimiento de los ingresos obligan a recurrir a los impuestos indirectos, incluidos los que gravan el alcohol y el tabaco.

La precaria situación de la economía complica las posibles opciones de política económica. El rescate bancario, las dificultades de financiación de la deuda en los mercados exteriores y las exigencias europeas obligan ahora a optar por la solvencia de la deuda, en perjuicio de las oportunidades de crecimiento.

Hasta ahora apenas se ha avanzado en la reducción del déficit. Los recortes han sido baldíos en términos de ajuste presupuestario. Quizá un aumento del IVA permita reducir las cotizaciones sociales e incentivar la creación de empleo. Pero si se elige el IVA, sería un problema eximir a sectores de gran peso en la economía. En todo caso, la subida del impuesto al valor añadido es una prueba del mal manejo político del asunto, porque arruina un poco más el ya ruinoso Presupuesto para 2012. La subida debió preverse antes de aprobar las cuentas; y demuestra que el alza del IRPF, como se dijo desde estas páginas, iba a servir para poco.

No es casualidad que el Gobierno acepte una subida del IVA cuando el Eurogrupo discute el memorándum del rescate bancario a España y el aplazamiento de la exigencia del 3% de déficit hasta 2014. La cumbre europea admitió genéricamente la inyección directa a los bancos españoles. Pero las esperanzas se han difuminado a medida que de las declaraciones se pasaba a los hechos. Si la inyección de capital depende de la creación de un supervisor europeo, el rescate va para largo. Porque Alemania y sus satélites pueden demorar la aprobación del supervisor.

La salvación de la banca española requiere una inyección rápida de capital; y la estabilidad exige que dicho capital no compute como deuda. Aplazar el rescate en estas condiciones hasta marzo de 2013 y sin que el BCE se implique en la compra de deuda equivale a condenar a España a frecuentes tensiones en su deuda que harán inviable la financiación del país.

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