Columna
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¡Un ladrón!

Amo al tipo que le birló el "peluco" a Rafa Nadal. Eso es un tío, y no la banda de sacamantecas financieros que siguen con la juerga a nuestra costa

Quiero decir: un ladrón como Dios manda, un ladrón de los de antes, vintage, que roba al rico y famoso. ¡Un experto que trepa por los tejados, que se introduce en dormitorios de hoteles de lujo! Un Cary Grant a quien, quizá, por la noche, le esté esperando una rutilante Grace Kelly para premiarle con fuegos artificiales y un “todo incluido”.

Harta de Bankias, ahíta de banqueros y cajistas que primero despluman y luego se embolsan y que, no contentos con ello, piden ser salvados para seguir forrándose, y todo ello impunemente, descaradamente. Cansada de que me estafen también con las palabras, y al rescate lo llamen crédito blando, o bien “un préstamo finalista para recapitalizar entidades bancarias” (Abc dixit). Hasta las narices también de que incluso el Rey mixtifique el asunto y le dé la enhorabuena al Gobierno por haber doblegado a Europa, en lugar de dársela al señor Barroso por haber doblegado al presidente Mariano. Es más, ciertamente cabreada porque Su Majestad no hizo lo más adecuado: darnos el pésame a los españoles, por tener encima lo que tenemos, y estar en las manos que estamos...

En fin, hasta los topes de todo ello, de cínicos saltimbanquis financieros, y también muerta a sofocones de tanto pagarles cenas opíparas en horteras paraísos de ensueño a las parejas judiciales clandestinas de mediana edad... Pues les comunico que amo a un ladrón verdadero. Concretamente, al tipo que le birló a Rafa Nadal -de la mesilla de noche de su hotel parisino: To Catch a Thief total- su peluco de lujo marca Richard Mille -presumiblemente, el segundo que le roba-, fabricado, para mayor inri, con una aleación que también se utiliza para construir cohetes.

Eso es un tío, y no la banda de sacamantecas financieros que siguen con la juerga a nuestra costa.

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