Un trabajador sin el Bachillerato podrá estudiar una carrera de un campo en el que tenga experiencia demostrable

El Gobierno pretende extender la formación superior entre la ciudadanía a través de la ley de Universidades. Los campus ya prevén un tipo de acceso para mayores de 40 años, pero apenas se usa

El campus de la Universidad Jaime I de Castellón, el pasado 6 de mayo.
El campus de la Universidad Jaime I de Castellón, el pasado 6 de mayo.ángel Sánchez

El Gobierno prevé en el proyecto de la Ley Orgánica de Universidades (LOSU) que quien acredite “una determinada experiencia laboral” pueda matricularse en una carrera de su campo, aunque “no dispongan de la titulación académica legalmente requerida al efecto con carácter general”. Es decir, que podrá inscribirse aunque no tenga el título de bachiller y haya aprobado la Selectividad. Es una vía que se abre para que los profesionales actualicen sus conocimientos y se adapten a los cambios que se suceden con rapidez en la sociedad. Esta opción existe ya para mayores de 40 años experimentados que son seleccionados en una entrevista, pero es minoritaria y decreciente: en 2015 se presentaron 1.170 candidatos frente a los 735 del curso pasado, un 37% menos. De cara a este curso, pasaron la criba 391 mayores de 40 años, solo un 53% de los que se postularon.

En España hay más de 10 millones de personas adultas (el 48% de la población activa de entre 25 y 64 años) que no poseen ningún título de formación profesionalizante (FP o universitaria); es decir, que no tienen competencias profesionales o que, si las tienen, no están acreditadas. El proyecto de la LOSU no entra en detalles, solo le dedica a este impulso a la formación un apartado del artículo sobre el derecho al acceso a la Universidad: “El Gobierno, previo informe del Consejo de Universidades, establecerá reglamentariamente las condiciones y regulará los procedimientos”. Un portavoz del ministerio confirma que será en este órgano ―presidido por el ministro y del que forman parte de él los 91 rectores― donde se debata la fórmula de ingreso a las facultades.

“Hay que superar la idea de que vas a poder vivir toda la vida de lo que has estudiado. Si alguien quiere ser profesionalmente activo en la sociedad, va a necesitar formarse toda la vida”, señaló el ministro Joan Subirats en la presentación de su proyecto de la LOSU hace una semana. “Por eso tenemos que pensar en la universidad para todas las edades. En este momento, solo el 6% de los universitarios tienen más de 30 años, entre grado y posgrado. Hay que llegar a la mayor gente posible”.

La caída de la natalidad es también un motivo de peso para que la universidad no se centre tanto en los jóvenes de entre 18 y 29 años. De ahora a 2050, la población española entre 16 y 24 años se reducirá en 200.000 personas respecto a 2019. “Esto significa que el país podrá duplicar su gasto por estudiante en educación posobligatoria sin incurrir en un incremento del gasto público elevado”, se explica en España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo, encargado por el Gobierno a un centenar de expertos.

“La franja de edad de los 18 a los 29 años va a caer un 20% en los próximos años y es un tema importante porque tenemos 50 universidades [públicas] en toda España, 120.000 profesores, 200 centros universitarios en las ciudades... Todo esto está centrado en este sector de la población cuando, en cambio, el aprendizaje a lo largo de la vida es fundamental porque estamos en un proceso de transición. Si quieres trabajar de algo, ahora tendrás que estudiar duro toda la vida”, reflexionó este lunes Subirats en la televisión pública catalana TV3. Y enumeró las vías: cursos de reciclaje, de formación, microcredenciales [cursos cortos en los que se acreditan unas competencias muy especializadas]... Una lista a la que se suma esta apertura de las carreras a todas las edades.

España 50 ahonda en la idea de la formación continua: “Para no quedarse atrás en el escenario emergente, España tendrá que reducir a menos de la mitad la población que solo cuenta con estudios de ESO, aumentar la proporción de personas con educación terciaria (universidad o FP superior) y poner en marcha un sistema integral de recualificación que le permita actualizar las competencias de al menos un millón de trabajadores (empleados y desempleados) cada año”. El Ejecutivo considera que solo si la población tiene competencias, España podrá tener un “patrón de crecimiento económico competitivo a escala global”, vital para hacer “la transición ecológica y garantizar la sostenibilidad de nuestro estado de bienestar en el largo plazo”.

El antecedente de los mayores de 40 años

El sistema será parecido al que se utiliza ahora con los mayores de 40 años sin Bachillerato, pero con experiencia laboral. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, en su memoria de plan de estudios, los decanatos de cada universidad establecen los criterios para acreditar la experiencia laboral y profesional de cada carrera. Algunas tienen un porcentaje reservado para este colectivo (el 1% de las plazas).

El interesado de más de 40 años no puede estudiar cualquier grado en Madrid, sino el relacionado con su trabajo y Medicina y Odontología no pueden cursarse. Siempre se somete a una entrevista al postulante ―”para conocer su motivación y detectar sus habilidades y competencias básicas para hacer frente a los estudios universitarios que desea realizar”, se explica en la web de esta comunidad― y solo puede acceder a la universidad en la que se presenta, no vale para el acceso luego en otro centro.

Ya hay innumerables vías para ingresar en la universidad en España: para mayores de 25 años sin Bachillerato con una prueba parecida a la Selectividad, mediante un título superior de Formación Profesional o con una prueba (comentario de texto y de Lengua) en el caso de los mayores de 45 años. Los examinados mayores de 25 años han disminuido en un tercio desde 2016 (de 34.000 a 24.000), mientras se mantenían entre los mayores de 45 (4.800).

Estados Unidos ha ido un paso más allá y permite que un alumno que aprueba varios microcredenciales con una ruta preconcebida logre un título de grado si cursa además determinadas asignaturas básicas. Y se convalida la experiencia laboral previa del candidato. En una reciente entrevista en EL PAÍS, Paul Leblanc, rector (president) de la South New Hampshire University (SNHU)―que ha multiplicado por 64 sus alumnos en 18 años con ese modelo―, afirmaba: ¿Para qué asistir a clase de algo que ya sabe? ¿Por qué no convalidar esas competencias? La universidad se tiene que construir para cada uno”.

Puedes seguir EL PAÍS EDUCACIÓN en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

50% de descuento

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites

Sobre la firma

Elisa Silió

Es redactora especializada en educación desde 2013, y en los últimos tiempos se ha centrado en temas universitarios. Antes dedicó su tiempo a la información cultural en Babelia, con foco especial en la literatura infantil.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS