Tribuna
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Clases particulares: mejorar la oferta pública para contener la demanda privada

El aumento de los apoyos escolares externos en España demuestra que la preocupación de las familias por el futuro de sus hijos es cada vez mayor, pero deja en evidencia los déficits del sistema educativo

Un niño realiza operaciones matemáticas.
Un niño realiza operaciones matemáticas.Eduardo Parra (Europa Press)

España tiene un problema importante de igualdad de oportunidades en su sistema educativo. Los alumnos de rentas más bajas repiten curso y abandonan la escuela de forma prematura mucho más que en otros países. Asumiendo que el talento y las capacidades se distribuyen con homogeneidad por los grupos sociales, esto es un problema para avanzar hacia un sistema meritocrático que fomente la movilidad social. Este fenómeno se ha agravado con la pandemia: son los alumnos de rentas más bajas los que más han sufrido las consecuencias de la pandemia, en pérdida de aprendizaje, pobreza, precariedad laboral, fallecimientos y problemas de salud en sus hogares.

A todo ello se ha sumado, en la última década y media, un aliado inesperado. En España, el gasto de las familias en clases particulares se triplicó entre 2006 y 2017, coincidiendo con la brutal crisis económica y mientras las familias reducían su consumo en ropa, comida y ocio. Esto es lo que mostramos en el informe recién publicado por EsadeEcPol, donde se explica cómo las clases particulares (un mercado bautizado, por varios motivos, como “Educación en la Sombra”) están pasando, de facto, de ser un bien de lujo a un bien de primera necesidad.

En España, el 24% de los alumnos de entre 6 y 18 años reciben clases particulares de refuerzo o perfeccionamiento, una cifra que va en alza y que puede poner en riesgo la relación históricamente simbiótica entre la educación formal y las tutorías privadas de apoyo. La creciente demanda ha sido mayor en familias de renta media y baja, cerrando un poco la brecha, todavía muy grande, entre hogares con más y menos recursos. Todo esto muestra ni más ni menos que la preocupación de las familias por el futuro de sus hijos es cada vez mayor y parece ir en aumento. En algunos países, sobre todo asiáticos, el consumo de clases particulares afecta a más del 80% de las familias: en estos países, la relación entre clases particulares y educación formal entra en terreno peligroso, ya que la primera puede estar suplantando a la segunda.

La pregunta es obvia: ¿Qué deben hacer los gobiernos para responder a este irrefrenable ascenso de las clases particulares? La experiencia internacional muestra que, más allá de prevenir prácticas abusivas o ilegales en un mercado que puede ser muy opaco, intentar frenar la oferta no funciona para contener la demanda. No funcionó en Corea del Sur hace unos años. Y tampoco lo está haciendo en China durante la pandemia: en un contexto de crecimiento extremo de clases particulares, la reciente prohibición de servicios de tutorías privadas online podría hacer que aflore un mercado negro aún más peligroso y opaco.

Así pues, la respuesta debe venir desde el sistema educativo formal. Como se apunta en el propio informe, son muchos los factores relacionados con el sistema educativo que pueden frenar o acelerar el crecimiento de clases particulares. En todo caso, reducir la demanda de clases particulares pasa sobre todo por ampliar la capacidad de personalizar la atención y las oportunidades de aprendizaje de los alumnos en la escuela. Para el caso de España, es clave seguir apostando por la modernización y transformación de la educación formal (más inversión, curriculum competencial, reforma de la certificación del aprendizaje, nueva carrera docente, mejor orientación personal y profesional). Y también cuidar las políticas de exámenes externos, como la Selectividad, que pueden, en su versión extrema, generar incentivos muy perversos en la demanda de clases particulares. Pero esta agenda reformista, presente en todos los Ministerios de Educación del mundo, puede tardar en llegar.

Mientras tanto, la intervención más efectiva y con consenso científico está en las tutorías individualizadas gratuitas para el alumnado que más lo necesita, lo que supondría desplegar un programa nacional de clases particulares públicas de refuerzo. Algunos Gobiernos, como el del Reino Unido, Holanda o Estados Unidos, están desplegando estas tutorías individualizadas (clases particulares públicas) como política pública para abordar el impacto que la pandemia ha tenido sobre los alumnos. Hace unos meses, la Fundación Empieza por Educar y EsadeEcPol presentaron un programa piloto de este tipo en Madrid y Cataluña, en formato online y con docentes seleccionados y bien formados, evaluado mediante un ensayo aleatorio controlado, y mostrando mejoras muy significativas en el rendimiento de los estudiantes. Las familias españolas que recurren a las clases particulares quieren obtener una mayor personalización de la educación de sus hijos. Si las instituciones públicas se movilizan para proporcionarles esa personalización, verán menos necesario tener que hacer ese gasto, ya que la ventaja comparativa de la educación en la sombra es precisamente la personalización. Invertir en personalización es hoy más necesario que nunca para proteger la escuela como institución, mejorar su calidad y prevenir el aumento de las desigualdades.

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