Cómo tres ingenieros catalanes han desarrollado un ‘software’ valorado en 1.000 millones de euros

Factorial está especializada en la gestión de recursos humanos para pymes y ha adquirido recientemente la categoría de ‘unicornio’

Jordi Romero, consejero delegado de Factorial, en la sede de la empresa en Barcelona.
Jordi Romero, consejero delegado de Factorial, en la sede de la empresa en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI

Era verano de 2019, y Jordi Romero, Bernat Farrero y Pau Ramon, fundadores de Factorial, se enfrentaban a una cuestión crucial por la que pasan casi todas las ­start-ups en un momento u otro: aunque la idea sea buena, ¿cómo se le saca dinero? Los tres amigos —Jordi conoció a Bernat el primer día de universidad, mientras que con Pau había trabajado y compartido piso— habían fundado Factorial tres años antes, guiados por una certeza: la gestión de los recursos humanos en las pequeñas y medianas empresas no es eficiente, y ello se puede solucionar con un programa informático. “El problema existía y lo queríamos arreglar nosotros. También sabíamos que había dinero”, explica Romero, “pero no dimos con el modelo de negocio. Pasamos por una travesía en el desierto, vaya si la pasamos”. Fue en ese verano de 2019 cuando finalmente encontraron la fórmula para rentabilizar su idea y desde entonces el crecimiento ha sido exponencial: han levantado inversiones por valor de 200 millones de euros, han crecido hasta los 800 empleados y su valoración se ha disparado hasta los 1.000 millones, convirtiendo Factorial en lo que en la jerga se conoce como un unicornio.

El inicio de esta empresa está en estos tres ingenieros cuando tenían 30 años, y su futuro también está ligado a ellos. Jordi y Pau trabajaron en Teambox, una empresa en la que programaban software para gestión de proyectos, con la que se trasladaron a San Francisco. Bernat, por su parte, era el consejero delegado de su propia start-up —ha puesto en marcha más de una decena de empresas emergentes y lidera el fondo Itnig— y tenía una obsesión: por qué, si las grandes empresas tienen programas de gestión de personas como Oracle o SAP, las pymes no pueden tener un programa hecho a su medida. “Había programas pequeños, para cosas específicas, pero no había ningún programa para gestionar de manera global los recursos humanos, de forma intuitiva y en el que todos los empleados pudiesen interactuar. Lo más común en las empresas pequeñas es que las cosas se apunten en un excel o en un post-it, y que todo el mundo haga las mismas preguntas sobre las nóminas o las vacaciones. Tenía que haber una herramienta que pusiera solución a todo y que no fuese muy cara”, explica Romero. “En 2016, cuando Pau y yo ya estábamos de salida de la empresa anterior, quedamos con Bernat, que nos trasladó esta inquietud. Salimos de ahí convencidos de que la solución la daríamos nosotros”, señala.

La primera versión del programa la ofrecieron a empresas amigas y vieron que había interés. Y decidieron ofrecer el programa gratuito, intentando encontrar el modelo de negocio en comisiones por productos para el empleado, como los tiques restaurante, el gimnasio o los seguros. “Funcionaba, pero no salían los números. Probamos diferentes cosas, pero nos costó mucho, hasta que tres años después admitimos que fue un error darlo gratis. La solución era tan fácil como cobrar a los clientes, y cuando empezamos a hacerlo nos dijeron que no entendían que no lo hubiésemos hecho antes. Y ahí fue cuando Factorial empezó a explotar”, relata el cofundador. El soft­ware, en su versión mínima, cuesta unos cinco euros por empleado, y sus productos incluyen todo tipo de servicios de gestión, desde las ausencias y el calendario hasta las contrataciones y las nóminas. Para ello es primordial la ciberseguridad. “Es algo que cuesta entender a las empresas tradicionales, pero es mucho menos seguro tener todos estos datos en distintos papeles, que se pueden perder, que en nuestra nube, con un centro de datos en Alemania custodiado por personas con metralleta y vigilado por un equipo de 100 ingenieros”, detalla Romero.

Que la empresa llegara al estatus de unicornio, a mediados de octubre, tras captar una nueva ronda de inversión de 123 millones de euros, no cogió por sorpresa a los fundadores. “Nadie tiene ni idea de qué empresas serán las que tendrán mucha valoración en el futuro; si no, todo el mundo invertiría antes. Pero a nosotros no nos sorprendió, porque cuando empezamos sabíamos que podíamos facturar mucho. Lo que nos sorprende, cuanto más crecemos, es la magnitud del mercado, que es enorme. Hemos rascado la superficie y ya tenemos un negocio, pero la oportunidad es mucho mayor”, explica Romero en las oficinas de la compañía en el barrio barcelonés de Poblenou.

Crecimiento

En esas oficinas no cabe ni un alfiler. Los empleados van y vienen, comparten las salas de reuniones, toman café y uno de ellos hasta pasea por el pasillo con su perro mientras dura la entrevista. El ritmo de crecimiento —de los 70 clientes que tenía en 2019 pasó a los 7.000 actuales; tiene oficinas en España, Brasil y México para cubrir su actividad en Europa y América, y la facturación en 2021 fue de 10 millones, que esperan aumentar hasta los 30 millones este año— ha hecho que la compañía todavía no sea rentable. “Pero si dejamos de crecer y contratar, en pocos meses lo seríamos. De hecho, este año, con la guerra, la inflación y la incertidumbre, tuvimos esta conversación y decidimos ir a buscar una nueva ronda de inversión para seguir creciendo”, explica Romero, que añade: “Para nosotros ser unicornio no cambia nada, simplemente con esta nueva ronda de inversión no nos vemos obligados a moderar nuestro crecimiento y queremos triplicar el negocio el año que viene. Que seamos un unicornio solo hace que nos conozca cada vez más gente, más pymes y más personas con talento que podamos contratar”.

Una de las claves de su éxito, según cuenta Romero, está en haber sido fuertes en aquello que suele poner fin a las start-ups. “El mercado mata muchas empresas, pero nuestra idea tenía interés. Y lo otro que acaba con muchos proyectos es la relación entre los fundadores. En nuestro caso, tenemos la gran suerte de que, aunque por separado, ya éramos muy buenos amigos y habíamos trabajado juntos. La clave es la confianza y el respeto”. Los tres comparten todavía hobbies —Jordi escala con Pau y navega con Bernat— y aunque juntos no tienen la mayoría de la empresa, se han cuidado mucho de tener inversores que garantizasen su autonomía: “La prueba de la fortaleza es que seguimos los tres y que tenemos más ilusión que antes”.


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Sobre la firma

Josep Catà Figuls

Es redactor de Economía en EL PAÍS. Cubre información sobre empresas, relaciones laborales y desigualdades. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona. Licenciado en Filología por la Universidad de Barcelona y Máster de Periodismo UAM - El País.

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