INFLACIÓN
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La tormenta económica que se nos viene encima

La Reserva Federal ha hecho lo suficiente para garantizar una menor inflación, pero también una recesión

Calle inundada tras el paso del huracán Ian en Orlando el 29 de septiembre.
Calle inundada tras el paso del huracán Ian en Orlando el 29 de septiembre.JIM WATSON (AFP)

Los meteorólogos nos dicen que el calentamiento global ha generado nuevos problemas para los que se dedican a hacer pronósticos. Los huracanes no solo son cada vez más fuertes, sino que se intensifican más rápidamente que antes, lo que hace que resulte difícil alertar de antemano a las comunidades en su trayectoria. En particular, las autoridades del condado de Lee, en Florida, esperaron a tener pruebas definitivas de que el huracán Ian les iba a golpear con fuerza antes de ordenar la evacuación, y por entonces fue demasiado tarde para muchos.

¿Está ocurriendo algo parecido con la política económica? Hace poco escribí sobre el creciente runrún entre economistas y empresarios en el sentido de que la Reserva Federal, que ha estado tratando de frenar la economía para luchar contra la inflación, está pisando el freno con demasiada fuerza. Desde entonces, los rumores se han intensificado. Y cada vez estoy más convencido de que, pese al decepcionante informe sobre la inflación y a lo que todavía parece, según algunos indicadores, un mercado laboral sólido, la Reserva Federal se está quedando atrás. Yo diría ahora que estamos empezando a ver los efectos de las subidas de los tipos de interés que la Reserva Federal lleva realizando desde principios de este año. Da igual lo que digan los datos sobre la inflación y sobre el empleo en este momento; ya hay en marcha una gran reducción de las presiones inflacionistas, así como un gran arrastre en la producción y en el empleo. Como les gusta decir a algunos analistas empresariales, la economía podría estar “dando la vuelta”. Y los riesgos que una política de moneda fuerte supone para la estabilidad financiera y la economía mundial en general son cada vez mayores.

Parte del problema es que la Reserva Federal no hizo durante mucho tiempo, en realidad desde principios de la década de 1980, lo que está haciendo ahora: endurecer la política monetaria para luchar contra la inflación. Y es posible que algunos analistas hayan olvidado una importante lección de la política monetaria de los viejos tiempos; concretamente, que debe transcurrir un periodo considerable antes de que los tipos de interés más altos se traduzcan en una desaceleración económica o en un descenso de la tasa de inflación.

Pensemos en cómo la política de la Reserva Federal afecta a la economía real. Uno de los principales canales es la vivienda. El aumento de los tipos provoca una reducción de la demanda de casas, lo que lleva a una caída de la construcción; a medida que los ingresos obtenidos con la construcción de viviendas disminuyen, se reduce la demanda de otros bienes, y las consecuencias se extienden a la economía en general. Pero todo esto lleva su tiempo. Efectivamente, las subidas de tipos de la Reserva Federal han provocado una fuerte caída de las solicitudes de permisos de construcción. Sin embargo, el empleo en la construcción ni siquiera ha empezado a disminuir aún, presumiblemente porque muchos trabajadores siguen ocupados terminando las casas que empezaron cuando los tipos eran más bajos. Y los efectos económicos más amplios del próximo desplome de la vivienda quedan aún a muchos meses de distancia.

El otro canal principal por el que la Reserva Federal afecta a la economía es a través del valor del dólar. Un dólar fuerte hace que los productos estadounidenses sean menos competitivos en los mercados mundiales; la caída de las exportaciones y el aumento de las importaciones acabarán siendo un importante lastre económico. Pero se necesita tiempo para cambiar a nuevos proveedores, por lo que realmente no notaremos su impacto hasta el próximo año.

En resumen, la inflación y el empleo actuales nos hablan básicamente del pasado; debemos analizar otros datos para vislumbrar el futuro. Por ejemplo, un nuevo informe muestra que las ofertas de empleo no cubiertas cayeron bruscamente en agosto. ¿Por qué es importante este dato? Muchos economistas, especialmente aquellos que vienen advirtiendo de la persistencia de la inflación, sostienen que la rigidez del mercado laboral se mide mejor por la relación entre las ofertas de empleo y el desempleo que por la tasa de paro en sí. Pero esta proporción, aunque sigue siendo elevada, ya ha descendido considerablemente; como señala Goldman Sachs, en los últimos meses se ha eliminado casi la mitad de la diferencia entre empleos y trabajadores.

Otro nuevo informe muestra que la demanda de pisos se ha estancado, lo cual acabará traduciéndose en un descenso del crecimiento de los alquileres, que básicamente es lo que impulsa los cálculos oficiales sobre el coste de la vivienda, un componente clave de la mayoría de las medidas de la inflación subyacente. Otra cosa: ¿se acuerdan de todos esos problemas con la cadena de suministro que perturbaron la economía y elevaron la inflación hace unos meses? Pues bien, el coste de enviar un contenedor por el Pacífico, que era de 20.586 dólares en septiembre de 2021, está ahora en 2.265.

Yo sostendría que estos indicadores nos dicen que la Reserva Federal ya ha hecho lo suficiente para garantizar un descenso de la inflación, pero también, muy posiblemente, una recesión. ¿Estoy completamente seguro de esto que digo? No, claro que no. Pero la política monetaria siempre implica una compensación de riesgos. Y el riesgo de que la Reserva Federal esté haciendo demasiado poco parece estar disminuyendo rápidamente, mientras que el riesgo de que esté haciendo demasiado va en aumento.

Y sumemos el riesgo de una crisis financiera. El reciente desorden del mercado de bonos del Reino Unido fue de origen interno, pero, aun así, puede ser un presagio del posible caos derivado de la rápida subida de los tipos de interés. No queremos que los mercados financieros dicten la política de la Reserva Federal, pero eso no significa que esta deba ignorar los peligros financieros.

No queremos que la Reserva Federal haga lo que el condado de Lee y se niegue a actuar ante las advertencias de una tormenta económica hasta que toda la incertidumbre haya desaparecido.

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