La economía de las urbes más sostenibles

Diversos expertos destacan el papel de las empresas en temas relacionados con el agua, las ciudades y las infraestructuras en un encuentro de EL PAÍS y Ferrovial

De izquierda a derecha, Antonia Conde, Elena López, José María Ezquiaga, Cristina Moral y Xavier Oms.
De izquierda a derecha, Antonia Conde, Elena López, José María Ezquiaga, Cristina Moral y Xavier Oms.KIKE PARA

Copenhague, julio de 2011. Una lluvia intensa hace mella en la ciudad. Los sistemas de drenaje urbano no logran hacer frente a las precipitaciones. Las alcantarillas se desbordan. Las calles y casas se inundan y la movilidad se detiene. Una de las capitales más habitables del mundo está en jaque. La catástrofe, por si fuera poco, no termina ahí. Durante las reparaciones de los conductos hídricos se encuentran contaminantes en la red de abastecimiento potable. Este suceso da ejemplo de que agua, ciudades e infraestructuras son un universo único. Hoy, más que nunca, la buena gestión de cada uno de estos elementos acarrea un efecto positivo en todos los demás.

Sobre todo en un contexto donde el cambio climático ha cobrado velocidad de crucero y ha pasado de ser visto como una saga ártica, que tiene sus efectos en lugares remotos, a un problema que está en las aceras. Porque de lo que no hay duda es de que el cemento y la urbanización crecen en el planeta. Para 2030, dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, según la ONU. Ello afectará a la movilidad, el consumo y la demanda de recursos naturales. El reto es titánico: reformar las urbes para hacerlas más inclusivas, seguras y sostenibles. “Implica un cambio de mentalidad”, afirmó José María Ezquiaga, urbanista, durante el encuentro Agua, ciudades e infraestructuras: tres objetivos para construir un nuevo tiempo, organizado por EL PAÍS y Ferrovial. Hacerlo no solo depende de las administraciones públicas, sino también de la responsabilidad social y ambiental de las empresas, con el capital para transformar el rumbo de la economía.

Recursos amables

En este contexto, el concepto de inversión sostenible se abre paso. “Estamos viendo cómo Europa ha sido muy radical, muy ambiciosa, en sus objetivos hacia 2050″, destacó Cristina Moral, gerente de Responsabilidad Corporativa y Reporting de Ferrovial. Para ese año quiere ser climáticamente neutra. Esto exige inversiones considerables, tanto de la Unión Europea como del sector público nacional, así como del sector privado. “Nos está diciendo: ‘tú tienes un rol fundamental en esa transición”, mencionó la representante de la firma de infraestructuras durante su intervención en el encuentro, celebrado este jueves en Madrid. En ese sentido, las empresas han adoptado los criterios ESG (que se refieren a factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo) a la hora de desembolsar recursos. “Eso hace que su inversión sea más segura, incluso más rentable”, explicó Moral. Para muestra un botón: un 85% de los inversores y propietarios de activos en 15 economías del mundo tiene en cuenta esos factores en sus inversiones, según una encuesta del CFA Institute, publicada el año pasado.

Los grandes bancos de España también están mirando con lupa dónde ponen los recursos. “Nos interesa mucho qué estamos financiando, qué estamos promoviendo”, agregó Xavier Oms, director de Movilidad & Vendors CaixaBank Payments & Consumer. Hoy, casi el 70% de las entidades financieras del país, incluyendo bancos y aseguradoras, sabe cuáles son sus Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) prioritarios de la Agenda 2030 promovida por la ONU, de acuerdo con el estudio ODS Año 6, la Agenda 2030 desde un enfoque sectorial. Aunque solo un 35% las estaría integrando en las diferentes áreas de la compañía. Para Oms este cambio de rumbo viene impulsado por los ciudadanos. “El consumidor empieza a mirar y a decidir qué comprar en función de lo que hace la empresa”. Pero aún hay un largo trecho por recorrer. Sobre todo hace falta más información sobre qué tipo de empresas están cumpliendo a rajatabla con los objetivos de sostenibilidad que exige Europa. “Al final tampoco disponemos, de la noche a la mañana, de todos los datos necesarios para saber si un fondo no contamina”, aseguró Antonia Conde Fontelo, directora de Gestión de Activos de Renta 4. “Es imprescindible que las compañías vayan asimilando la taxonomía”.

La taxonomía de las finanzas sostenibles supone un primer paso en torno a la obligación de las compañías de divulgar la manera y medida en la que sus actividades son asociadas a cuestiones relacionadas con el ámbito ESG. Tiene sus reglas definidas. Y seis son sus objetivos: la mitigación del cambio climático, la adaptación a dicha transformación, la sostenibilidad y protección del agua y recursos marinos, una transición a la economía circular, la prevención y control de la contaminación y la protección y restauración de la biodiversidad. “La taxonomía es clave”, subrayó Elena López Gunn, directora de Icatalist, consultora medioambiental. “Si te defines como verde tenemos que saber qué hay debajo del capó”, agregó. Para Ezquiaga, el mundo todavía sufre de la polisemia de la palabra “sostenibilidad”. “Por ejemplo, hay una normativa estatal que obliga a demostrar la sostenibilidad económica de los planes urbanísticos. Pero no es la sostenibilidad entendida como el cuidado del medio ambiente, sino como solvencia”.

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Grandes inversiones

Las urbes requieren de grandes inversiones. Desde aquellas destinadas a gestionar la movilidad (y su apuesta por ser eléctrica) hasta el cambio de ventanas antiguas, que impidan el derroche de energía. También en temas relacionados con el agua y su saneamiento, que tienen un impacto directo en la población. “El agua tiene una dimensión de conexión con la salud”, mencionó José María Ezquiaga, urbanista. “Es el elemento esencial de la urbanización y es el que más directamente incide sobre la enfermedad y la mortalidad infantil”, resaltó. No por nada la Unión Europea lo ha destacado en diversos mecanismos de ayuda, incluso hay una partida en los Fondos Next Generation. “Pero va a ser difícil que transformemos todo desde la economía privada”, dijo Xavier Oms, director de Movilidad & Vendors CaixaBank Payments & Consumer. “El esfuerzo de las empresas tiene que estar complementado por la participación pública”.


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