Del aula a la naturaleza: así comenzarán 100.000 alumnos de Primaria unas clases con enfoque medioambiental

El proyecto Naturaliza, de Ecoembes, impulsa la educación medioambiental en los centros de una manera transversal a sus asignaturas, saliendo al entorno y aprendiendo de él

Alumnos de Primaria del CEIP Manuel Riquelme, en Hurchillo (Alicante), durante una actividad del proyecto Naturaliza.
Alumnos de Primaria del CEIP Manuel Riquelme, en Hurchillo (Alicante), durante una actividad del proyecto Naturaliza.

En Pedrosa de Valdeporres (Burgos), Vera de Diego trabaja con un pequeño grupo de 14 alumnos de tres a 12 años. Enseña a los de Infantil y primero y segundo de Primaria, mientras que el interino que cada año llega a su escuela (siempre alguien diferente) se ocupa del resto de cursos, hasta sexto. En las aulas del Centro Rural Agrupado Rosa Chacel, utilizar el entorno natural viene de serie: “Inevitablemente tengo que usar el medio, porque me lo está dando. En vez de usar el libro para ver el tema de la fotosíntesis, o de la caída de las hojas en otoño, lo trabajas fuera, porque el medio te invita a ello (…). Las posibilidades de exploración, de descubrimiento, de movimiento, de nuevas habilidades... Hay niños que, cuando están en el aula, se comportan de una forma y fuera de otra. Es muy interesante y muy bonito de ver”.

Su centro es uno de los 1.300 colegios de España que forman parte de la red Naturaliza, una iniciativa de Ecoembes que pretende impulsar la educación medioambiental en las escuelas de forma interactiva y transversal a asignaturas como Matemáticas, Lengua y Literatura, Ciencias Sociales y, por supuesto, Ciencias de la Naturaleza. En este comienzo de curso, son ya 2.200 docentes los que se han formado a través de su plataforma, y unos 100.000 los niños y niñas que, gracias a ello, aprenderán sobre aspectos tan importantes como la sequía, la biodiversidad, la deforestación, el cambio climático, la contaminación o la basuraleza.

“Se trata de introducir el medio ambiente en las aulas, pero también de sacar las aulas al medio ambiente, de una manera bidireccional. [Cuando comenzamos] nos encontramos con niños que estaban muy poco naturalizados: muy tecnológicos, sí, con mucho idioma, pero medioambientalmente huérfanos en muchísimos colegios de España”, recuerda Nieves Rey, directora de Comunicación y Marketing de Ecoembes. “Los niños cada vez están más lejos de la naturaleza; ya no van a la sierra, no van al parque... La tecnología prácticamente lo cubre todo”, añade. Pero a la vez también vieron que había muchos docentes que tenían la inquietud de ir más allá de los típicos talleres de reciclaje, y ello les motivó a poner en marcha la iniciativa.

Aprender en el medio natural

El objetivo es estudiar y aprender del medio ambiente, pero siempre de una forma natural, “sin meterlo con calzador”, señala desde Ceuta Rafael Carlos Falcón, tutor y docente de 4º de Primaria en el CEIP Lope de Vega: “Para integrar la educación medioambiental, hay que trabajarlo de una forma globalizada, más que compartimentando cada asignatura. Que el alumno trabaje un tema medioambiental y que necesite utilizar esos contenidos para llegar al resultado que quieres”. En su caso, y dada su ubicación geográfica (es la zona de Europa donde más tortugas marinas se rescatan, “sobre todo la tortuga boba, la tortuga verde y la laúd”), trabajando precisamente con estos animales.

“En clase hemos trabajado en equipo, preparando y haciendo entrevistas, investigando sobre las tortugas, yendo a verlas y exponiendo los resultados en clase, además de aprovechar ese día para acercarnos a una playa y recoger residuos”. Otra de las actividades en las que ha implicado a sus alumnos (esta conjuntamente con otro centro) es el conocimiento del medio rural a través del senderismo, aprovechando no solo para estudiar las plantas sino también, por ejemplo, la historia, gracias a la presencia de una fortaleza en el monte Hacho, donde suele llevar a sus alumnos. Gracias a la iniciativa de Ecoembes, Falcón (que también tiene un canal de YouTube, El mundo a contraluz, que utiliza habitualmente con sus alumnos) ha aprendido a programar con un enfoque medioambiental, ya que, aunque trabajan por asignaturas, muchas cosas se hacen transversalmente.

Alumnos de 4º de Primaria del CEIP Lope de Vega, en Ceuta, visitando un centro de recuperación de tortugas marinas en la ciudad autónoma.
Alumnos de 4º de Primaria del CEIP Lope de Vega, en Ceuta, visitando un centro de recuperación de tortugas marinas en la ciudad autónoma.Rafael Falcón

“¿Por qué no estudiar, en Matemáticas, un problema de cambio climático, donde el enunciado ya esté hablando de crisis climática? O, por ejemplo, al estudiar el cuerpo humano y el aparato respiratorio, ¿por qué no explicarles también que hay problemas con la calidad del aire?”, se pregunta Rey. “Con solo un pequeño giro”, explica, “se pueden introducir mensajes muy potentes; no solo en Ciencias Naturales”. Estudiar el ciclo del agua, por ejemplo, puede dar pie para tratar el tema de la sequía: “No lo aislemos, démosle un punto de reflexión. No solamente hablemos del ciclo de la condensación; hablemos también del por qué, para que el aprendizaje no se quede cojo. Está muy bien saber cómo se forman las nubes, pero hay que conocer el problema de la sequía que vamos a tener en muchos países, por la falta de agua (...). Sin educación medioambiental no hay avance posible”, añade.

Astérix, Obélix y un castro celta

El aprendizaje medioambiental va muchas veces ligado a proyectos de Aprendizaje Servicio (ApS) como los que vienen desarrollando en Pedrosa de Valdeporres. Allí, el pequeño grupo del CRA Rosa Chacel aprovecha el entorno no solo para hablar de aspectos como el reciclaje, los plásticos o el cuidado del medio. Hace dos cursos, sin ir más lejos, desarrollaron una de estas iniciativas de ApS: “Quisimos recurrir al medio para hacer investigaciones sobre el castro celta de Brizuela, con la ayuda de un exalumno del cole que es historiador. Ligamos lo natural con lo social y con la historia del pueblo, y nos lanzamos al proyecto Los hijos de Astérix y Obélix vivieron en Valdeporres”. Cogieron el libro de Astérix, ambientado en el 50 a.C., y relacionaron la historia de los celtas que vivieron allí con las últimas guerras cántabras. Porque también hubo unos cántabros que se resistieron, como los famosos galos de los tebeos frente al invasor romano, en el 19 a.C.

“Los chavales hicieron un cómic, visitamos el castro celta, invitamos a toda la comunidad e hicimos unos carteles informativos que pusimos por todos los pueblos de la merindad, para que vecinos y turistas conocieran la historia (…). Lo que yo vi como profesora es que no solo es el medio ambiente el que nos da; también el pueblo ofrece muchas cosas. La gente tiene mucha sabiduría y me parece muy importante que, desde el colegio, enseñemos a los niños a conocer, valorar y cuidar su medio, para que puedan amarlo. Para que, cuando salgan a seguir estudiando fuera, les quede esa vinculación con el medio rural y lo pongan en valor”, explica De Diego.

El curso pasado, el proyecto que desarrollaron desde el centro consistió en una plantación de árboles autóctonos. Para ello, los niños y niñas tuvieron que investigar preguntando a los padres, los abuelos y los vecinos del pueblo sobre sus usos y costumbres; de dónde salían esos árboles; cuál era su hábitat, qué animales habitan en esas zonas... “Al investigar, los niños lo tienen que escribir o, si son muy pequeños, dibujar. Y luego lo tienen que poner en común con sus compañeros, con lo que también practican la expresión oral”, cuenta la docente. Ahora vendrán, para seguir desarrollando el proyecto, unos carteles con código QR que lleven la ficha de investigación que ha hecho el alumnado, para que la gente que pasee por allí o vaya a la plantación pueda consultarla.

Gracias a su participación en Naturaliza, tanto ellos como el resto de los 2.200 docentes inscritos tienen acceso a una biblioteca con más de 2.000 recursos educativos gratuitos, “que les ayudan a acercar a los más pequeños al cuidado del medio natural de una forma práctica y amena”, señalan desde Ecoembes. Desde la basuraleza a la huella ambiental del colegio y cómo medirla a campañas de ahorro energético o actividades relacionadas con el consumo responsable y de proximidad, entre muchas otras.

Los profesores que quieran, como ellos, participar en esta iniciativa tienen a su disposición una plataforma virtual con una microformación de 15 horas que pueden completar al ritmo que necesiten, y que está organizada en torno a cuatro bloques temáticos: cambio global, huella humana, sostenibilidad y metodologías activas. Una formación que, reconoce De Diego, enseña a los docentes a programar con una visión más amplia y los anima a hacerse preguntas y “estudiar, por ejemplo, los servicios que da el medio, ahora a nosotros y entonces a los celtas; los pros y los contras; la industrialización; la globalización; la contaminación... Antes vivían con lo que tenían y no había plásticos ni contaminación, ni las cosas venían de China. Al hacer que todo eso llegue a los chavales, les estás dando no solo educación medioambiental, sino también social, de consumo...”.

¿Por qué es la educación medioambiental tan importante?

“Yo siempre digo que nuestra casa es nuestro planeta. Veo que hay mucha defensa del medio ambiente, pero muchas veces son un poco cosas de cara a la galería, superficiales. Tiene que ser algo que el niño interiorice, y que lo incorpore a sus hábitos”, esgrime Falcón. Antes de llegar al centro en el que enseña actualmente, perteneció al equipo directivo de otro colegio que reconvirtieron en ecoescuela, a pesar de que entonces la red de ecoescuelas no llegaba hasta Ceuta. El objetivo de este tipo de centros es (entre otros) reducir su huella de carbono y conseguir un entorno educativo más sostenible en todos los ámbitos, trabajando con niños y niñas en acciones concretas que involucren a su propia comunidad y que les sirvan para entender el impacto que la acción humana tiene en el medio ambiente. Esta iniciativa, que comenzó en España en 1998, involucra ya a 579 centros de 15 comunidades autónomas y la ciudad autónoma de Melilla (e, internacionalmente, a 59.000 centros de 68 países).

¿Hasta dónde se puede llegar? “Se trata de que, al igual que hicieron otros, cuando la tecnología y los idiomas se fueron colando por la vida de nuestros hijos en los colegios, nosotros podamos llegar a ese nivel. ¿Por qué no? A mí me encantaría que fuera así, los niños serían mucho más reflexivos y mucho más conscientes”, afirma Rey, que hace hincapié en la necesidad de que este tipo de educación se desarrolle a lo largo de toda la trayectoria educativa de los alumnos. “Lo que sucede es que tenemos a los chicos y chicas de Primaria muy concienciados, pero luego llegan a Secundaria y lo van perdiendo. Lo saben porque lo han estudiado, pero notas cierta desafección hacia otros temas”, añade.

Otro de los proyectos que lideran desde Ecoembes es, por ejemplo, el de las Aulas Libera, en la que alumnos de Secundaria apadrinan un espacio natural, recogiendo basura y manteniéndolo limpio.

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Nacho Meneses

Coordinador y redactor del canal de Formación de EL PAÍS, está especializado en educación y tendencias profesionales, además de colaborar en Mamas & Papas, donde escribe de educación, salud y crianza. Es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Valladolid y Máster de Periodismo UAM / EL PAÍS

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