El crédito a las familias registra la mayor subida desde 2008
Las hipotecas explican más de la mitad del crecimiento de la financiación a hogares en 2025


Los años de ahorro y desendeudamiento de las familias españolas, iniciados tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, han quedado atrás. En 2025, el crédito a los hogares no solo volvió a crecer por segundo año consecutivo, sino que lo hizo al mayor ritmo desde 2008. El motor principal de ese avance ha sido de nuevo la vivienda. En concreto, las hipotecas explican más de la mitad del crecimiento de la financiación familiar, en un contexto marcado por la crisis de acceso a la vivienda, los altos precios y la bajada de los tipos de interés.
Según los indicadores de liquidez y financiación de sociedades no financieras y hogares, publicados este lunes por el Banco de España, la financiación total a los hogares y a las instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares (ISFLSH) alcanzó un saldo de 7,1 billones de euros a cierre de 2025. De ese volumen, 5,1 billones correspondieron a préstamos para vivienda y 1,1 billones a crédito al consumo, lo que implica que la vivienda representó en torno al 72% del saldo total.
Ese peso no resulta anómalo desde una perspectiva histórica: tradicionalmente, el crédito hipotecario ha concentrado alrededor del 70% de la financiación de los hogares. Lo relevante este año no es tanto el volumen como su aportación al repunte de la deuda. En 2025, la contribución de la vivienda a la tasa de crecimiento del total de financiación fue del 2,8%, frente al 1,8% del consumo. Es la primera vez desde 2009 que la vivienda aporta tanto al avance del crédito agregado y rompe una larga etapa en la que se habían producido descensos.
El giro se produce en un año en el que el crédito a las familias creció en promedio un 4,5% respecto a 2024, muy por encima del 1,5% registrado en 2024. Se trata del segundo incremento anual consecutivo y del más intenso desde el inicio de la Gran Recesión. Detrás de este repunte confluyen varios factores: un mercado laboral que sigue creando empleo, la recuperación de las rentas familiares tras el shock inflacionario y el abaratamiento del crédito, gracias a los recortes de tipos del Banco Central Europeo.
Pero también pesa, y cada vez más, el encarecimiento de la vivienda. Con precios de compra en máximos históricos en muchas ciudades, los hogares que acceden al mercado necesitan endeudarse más que en el pasado. El crédito hipotecario creció en 2025 un 3,9%, frente al exiguo 0,5% del año anterior, y vuelve a ganar protagonismo en la dinámica financiera de las familias. No porque se esté produciendo una expansión crediticia descontrolada, sino porque el coste de la vivienda obliga a elevar el importe de los préstamos.
El avance del crédito no se limita, sin embargo, a las hipotecas. El crédito al consumo fue la partida más dinámica, con un crecimiento del 11,9%, frente al 7,8% de 2024. Esta modalidad ha acelerado especialmente desde el pasado mes de septiembre y explica una parte sustancial del aumento total de la financiación a los hogares. Para algunos analistas, esta evolución refleja una realidad heterogénea: mientras unos hogares recurren al crédito para afrontar gastos corrientes ante las dificultades para llegar a fin de mes, otros hogares con más solvencia están financiando bienes duraderos, como automóviles o electrodomésticos.
La aparente paradoja de que la vivienda contribuya más al crecimiento de la deuda de los hogares que el consumo, pese a que este avance a tasas mucho más elevadas, se explica por el distinto punto de partida de ambas carteras. Como subraya Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, el crédito al consumo crece más deprisa porque su volumen es mucho menor, mientras que el hipotecario parte de un stock muy elevado. Así, aunque el consumo avance a ritmos de doble dígito, su impacto agregado sigue siendo inferior. El salto se produce porque, tras años de estancamiento o caídas, el crédito hipotecario vuelve a crecer con fuerza en un contexto de precios de compra muy altos, lo que obliga a los hogares que acceden al mercado a endeudarse más, incluso aunque el consumo sea el segmento que más acelera en términos relativos.
Evolución de las empresas
El comportamiento de las familias contrasta con el de las empresas no financieras, cuya financiación creció en 2025 a un ritmo más moderado, del 1,6%, por debajo del 2,8% registrado en 2024. Según BBVA Research, las empresas han recurrido en mayor medida a la financiación bancaria residente, que avanzó un 3,6%, frente al estancamiento de la financiación vía deuda y el escaso recurso a la financiación exterior. La incertidumbre geopolítica internacional ha mantenido cierta demanda de crédito, pese a que los tipos de interés han sido más bajos que el año anterior.
Para Torres, la lectura es clara: las empresas no muestran una fuerte necesidad de financiación porque disponen de capacidad financiera y prefieren reducir deuda o acumular activos antes que invertir más, algo poco habitual en esta fase del ciclo económico. “La evolución del crédito empresarial es muy limitada y no entraña riesgos financieros”, resume.
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