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El lado oscuro de las placas fotovoltaicas: la alta demanda dispara los accidentes laborales por caídas

Los sindicatos alertan de falta de prevención y los gremios apuntan a empresas “intrusivas” que aprovechan la oportunidad sin reparar en los riesgos

Josep Catà Figuls
Operarios instalan paneles solares en una cubierta de un edificio.
Operarios instalan paneles solares en una cubierta de un edificio.© Luis Sevillano

El pasado jueves, un trabajador de 46 años murió tras caer de una altura de 14 metros después de que el techo que estaba revisando en Navàs (Barcelona) cediese bajo sus pies. El hombre estaba realizando tareas de inspección para instalar placas fotovoltaicas en el edificio, y su muerte es una más de las que se suman alrededor de esta actividad. Aunque no hay cifras oficiales que muestren el detalle de cuántas personas fallecen al año mientras trabajan en instalaciones eléctricas, solo hace falta hacer una búsqueda rápida para ver que muchos de los últimos accidentes por caída tienen que ver con esta actividad. Sindicatos y gremios profesionales admiten que ha habido un aumento de accidentes, y lo achacan a dos factores: el auge de la demanda de estas instalaciones en los últimos años, y la falta de prevención y formación, sobre todo en las empresas que prestan el servicio desde la economía sumergida y que han visto una oportunidad ante el incremento de los encargos.

Las cifras que más se aproximan a esta realidad se encuentran en la estadística de accidentes laborales que elabora el Ministerio de Trabajo. Entre enero y julio de este año hubo 46 muertes fruto de “golpes resultado de la caída del trabajador”, un muerto más que en el mismo periodo del año anterior. En todo el año 2019 hubo 65 fallecimientos de este tipo, así que en lo que llevamos de año ya se han registrado dos tercios de las muertes por caída de las contabilizadas en 2019.

Otra forma de aproximarse a la siniestralidad laboral en la instalación de placas es la que escoge la Federación de Gremios de Instaladores de Cataluña (Fegicat), que acude a la catalogación de accidentes por sectores, en este caso la construcción: entre enero y julio hubo en Cataluña 7.768 accidentes, de los cuales tres terminaron en muerte y 69 en lesiones graves. En todo 2022 fueron 12.516 accidentes (20 muertos y 123 graves), y en 2019 se registraron 12.360 accidentes (19 muertos y 118 graves). “Estos datos no son muy esperanzadores, porque nos muestran que la situación va creciendo en cuanto a accidentes totales”, apunta Raúl Rodríguez, director general de Fegicat.

Agremia, la asociación que reúne a las empresas instaladoras de la Comunidad de Madrid, hizo un estudio conjuntamente con las mutuas laborales, que determinó que en 2021, sobre una muestra de 20.000 trabajadores dedicados a la instalación eléctrica en esa comunidad, hubo 1.809 accidentes con baja, de los cuales 511 fueron por golpes contra objeto inmóvil, y de estos, 27 correspondían a caídas. Los datos de este observatorio correspondientes a 2022 muestran que la siniestralidad en general en el sector se ha reducido un 9,45%, con 1.638 accidentes el año pasado. Los golpes contra objeto inmóvil pasaron a 437 (un 14,48% menos) y los que eran fruto de caídas siguieron manteniéndose en 27. “No es una incidencia muy alta, pero las caídas suelen tener consecuencias graves”, dice Miguel Ángel Sagredo, responsable del área jurídica de Agremia.

Más allá de las cifras, los sindicatos alertan de que falta prevención y formación. “Recuerda a cuando hubo un repunte de caídas por el auge de la instalación de antenas, cuando empezaba la telefonía móvil. Parece que no aprendemos: la gente que está trabajando en altura puede caer, y tiene que haber medidas de protección”, dice Mònica Pérez, responsable de salud laboral en CC OO de Cataluña. Pérez destaca que el trabajo en tejados tiene que incluir protecciones individuales, previsión sobre la meteorología y buen estado de las superficies, además de formación específica. “Nos preocupa que las empresas existentes puedan asumir la demanda, porque si se entra en una dinámica de aceptar clientes sin estar preparados, habrá gente que no tenga experiencia ni formación, y que tendrá que trabajar muy rápido, y todo esto aumenta el riesgo”, apunta Pérez, que recuerda que hay informes de la Generalitat que afirman que, ya desde la ley de prevención de riesgos de 1995, las empresas no ponen suficiente atención a la seguridad.

58 veces más proyectos que en 2018

El aumento de las instalaciones de placas solares de autoconsumo ha sido meteórico. Según Fegicat, en Cataluña se ha pasado de 675 proyectos en 2018 a 39.237 el año pasado, con crecimientos de alrededor del 200% cada trimestre. “Este auge ha venido muy dopado por las ayudas al autoconsumo, y las empresas están muy saturadas, con un tiempo de espera para el cliente de entre tres y seis meses. Por eso está habiendo mucho intrusismo, se contrata a gente de la economía sumergida, con menos conciencia de la seguridad o sin un presupuesto específico para ello”, apunta Raúl Rodríguez, director general de Fegicat. Rodríguez cree que la demanda seguirá, y que hace falta concienciaciar a clientes, autónomos y empresas sobre los riesgos laborales: “Los técnicos de empresas legales están bien asegurados y bien retribuidos, pero en el mercado negro te puedes encontrar de todo”.

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Sobre la firma

Josep Catà Figuls
Es redactor de Economía en EL PAÍS. Cubre información sobre empresas, relaciones laborales y desigualdades. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona. Licenciado en Filología por la Universidad de Barcelona y Máster de Periodismo UAM - El País.

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