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Berkeley Energía se dispara un 20% en Bolsa ante un posible cambio de Gobierno en España

Los inversores especulan con la idea de que si el PP llega al poder desbloquearía la mina de uranio proyectada en Retortillo (Salamanca) por la empresa australiana

Paul Atherley CEO Berkeley energia
Paul Atherley, CEO de Berkeley energia.Pablo Monge
El País

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La victoria del Partido Popular en las elecciones municipales y autonómicas celebradas este domingo no solo ha tenido implicaciones políticas. Las acciones de la empresa australiana Berkeley Energía que cotizan en el mercado español repuntaban este lunes más de un 20%, hasta los 0,30 euros, aupada tanto por la derrota socialista como por el anuncio de convocatoria electoral para el próximo 23 de julio. Detrás del avance están las expectativas de los inversores de que un cambio de Gobierno en España permitiría desbloquear el proyecto de la mina de uranio en Retortillo (Salamanca), del que es dueño Berkeley Energía.

El pasado mes de febrero, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico rechazó el recurso administrativo interpuesto por Berkeley contra su decisión de desestimar la autorización de construcción de la planta de concentrado de uranio. El gabinete dirigido por Teresa Ribera tiró por tierra en noviembre de 2021 el proyecto NSC II tras recibir un informe desfavorable para la concesión emitido por la Junta del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en julio de ese mismo año. A finales del año pasado, Berkeley Energía ya se disparó en Bolsa un 14% al abrir la puerta a presentar un arbitraje contra el Gobierno de España por la situación de bloqueo en la que se encontraba su proyecto.

El mes pasado hubo novedades: la energética informó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de la presentación de un recurso contencioso-administrativo ante la Audiencia Nacional contra la decisión del Ministerio. Sus detractores, sin embargo, consideran que el polémico proyecto amenaza la dehesa salmantina, porque dejaría tras de sí un rastro perpetuo de residuos radiactivos de los que deberán hacerse cargo las futuras generaciones.

Pese a no contar con todos los permisos, Berkeley ya inició varios desmontes —que implicaron la eliminación de cientos de encinas—, horadó la tierra para crear una gran balsa, e incluso inició una carretera cuya construcción está ahora paralizada. La mina fue también un elemento de fuerte división en el pueblo, partido entre los que defendían su puesta en marcha por motivos económicos y los que la rechazan por su impacto ambiental.

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