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El PIB de EE UU se contrajo en el segundo trimestre una décima menos de lo apuntado inicialmente

Los datos confirman dos trimestres consecutivos de contracción, pero la fortaleza del empleo y otros indicadores impiden hablar de recesión

Un cartel de ofertas de empleo en una popular cadena de tiendas de conveniencia, el 8 de julio en Cambridge (Massachusetts).
Un cartel de ofertas de empleo en una popular cadena de tiendas de conveniencia, el 8 de julio en Cambridge (Massachusetts).BRIAN SNYDER (REUTERS)

¿Ha entrado EE UU en recesión, sí o no? La revisión de los datos preliminares del PIB del segundo trimestre del año, publicada este jueves, muestra que la contracción de la economía se produjo a un ritmo más moderado del inicialmente señalado, del 0,1% y no del 0,2% como se publicó a finales de julio, pero a la vez confirma el segundo trimestre negativo consecutivo. Esto, para la teoría, significa recesión técnica. El diagnóstico, no obstante, tendrá que esperar hasta que la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, en sus siglas inglesas) acuñe dentro de unos meses la calificación definitiva, tras analizar criterios que van más allá del PIB.

Este instituto privado sin ánimo de lucro, erigido como el árbitro oficial de la salud de la economía en Estados Unidos, define una recesión como “una disminución de la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses, normalmente visible en la producción, el empleo, el ingreso real y otros indicadores”. Y, si bien la contracción del PIB durante dos trimestres seguidos cumple con la definición estándar de recesión técnica, el resto de datos registrado en Estados Unidos apunta a un ritmo más lento de expansión de la economía, en lugar de una recesión.

La revisión del PIB del segundo trimestre refleja que las ventas minoristas fueron más sólidas de lo que se informó inicialmente en mayo, y esa fuerza persistió durante junio y julio. Recesión o no, otros muchos indicadores del comportamiento de la economía, a la cabeza de todos ellos la fortaleza del mercado laboral, parecen desmentir el escenario más sombrío. La producción industrial alcanzó un máximo histórico en julio, mientras que el gasto empresarial se mantuvo. El mercado laboral sigue generando puestos de trabajo y la tasa de paro es del 3,5%. Es decir, prácticamente pleno empleo.

Una forma alternativa para medir el crecimiento de la actividad es la renta nacional bruta (GDI, en sus siglas inglesas), que se centra en el desempeño de la economía por el lado de los ingresos y que avanzó un 1,4% en el segundo trimestre, un 1,8% en el primero. El promedio del PIB y la GDI, considerada una mejor medida de la actividad económica, aumentó a una tasa de 0,4% entre abril y junio, frente al 0,1% del primer trimestre.

El Departamento de Comercio de EE UU también ha publicado este jueves los datos en términos anualizados, que arrojan una caída del 0,6%. Este resultado supone una mejora de tres décimas frente a la primera estimación de julio (del 0,9%), y está muy por debajo del 1,6% del primer trimestre. Economistas consultados por la agencia Reuters esperaban que se ajustara hasta el 0,8%, para reflejar la moderación en el consumo. Los datos se revisarán nuevamente en septiembre.

Riesgos

No obstante, el riesgo de una recesión real planea sobre la economía estadounidense, a medida que la Reserva Federal (Fed, el banco central de EE UU) aumenta el precio del dinero para enfriar la demanda y, así, frenar la inflación. El endurecimiento de la política monetaria preocupa a empresarios y consumidores.

Desde marzo, la Fed ha aumentado los tipos de interés en 225 puntos básicos (2,25 puntos porcentuales). De la conferencia anual de gobernadores del banco central que se celebrará este jueves y mañana viernes en Jackson Hole (Wyoming) se espera salga una hoja de ruta aproximada para los próximos meses, aunque el presidente del supervisor bancario, Jerome Powell, descartó a finales de julio cualquier pronóstico dada la incertidumbre económica global (atizada, entre otros factores, por la guerra de Ucrania, la crisis energética y precios del crudo y nuevos confinamientos en China con consiguientes cuellos de botella en el suministro). Imponderables al margen, lo que se espera de la reunión es un indicio satisfactorio de que la Fed puede enfriar la economía sin desencadenar una recesión.

La fortaleza del mercado laboral es por el momento el único valor seguro de la ecuación. Aunque sectores muy sensibles a las tasas de interés como la vivienda y la tecnología están despidiendo ya a un número creciente de trabajadores (Ford se ha sumado esta semana, con el anuncio de 3.000 despidos), los ajustes masivos de personal no se han materializado. Un informe del Departamento de Trabajo confirma que las solicitudes de subsidio de desempleo se redujeron en 2.000 la semana pasada. A mediados de julio, fueron 261.000 estadounidenses los que se apuntaron al paro.

La tasa de desempleo está en mínimos históricos, tras recuperar el nivel previo a la pandemia, con un 3,5% en julio desde el 3,6% del mes anterior. A finales de junio había 10,7 millones de ofertas de trabajo, con 1,8 vacantes por cada trabajador desempleado.

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