El tope al gas sitúa a España entre los grandes países de la UE con la luz más barata

La brecha entre el coste del combustible en el mercado ibérico también contribuye al diferencial con el resto del continente. Los precios, sin embargo, siguen siendo muy altos respecto a la media histórica

Torres de transmisión eléctrica en Figueres (Girona) que forman parte de la red de interconexión con Francia.
Torres de transmisión eléctrica en Figueres (Girona) que forman parte de la red de interconexión con Francia.EFE

Mes y medio después de su estreno, el tope al gas da sus frutos. El mecanismo puesto en marcha por España y Portugal —con la aquiescencia de Bruselas— para evitar el efecto contaminación de este combustible sobre el conjunto del mercado eléctrico ha permitido una contención cercana al 18% en el coste de la luz para los consumidores con tarifa regulada. También ha desacoplado el precio de la electricidad en la Península del resto de grandes mercados europeos: si antes de la excepción ibérica ambos países estaban entre los más caros del continente, ahora figuran entre los más baratos. En las últimas semanas, se ha sumado un segundo viento de cola para España y Portugal: su mercado gasista (el Mibgas) se ha desmarcado, a la baja, del que rige en el resto del continente (el holandés TTF), multiplicando el efecto del mecanismo.

Desde el 15 de junio, el primer día de aplicación del tope al gas, el precio medio de la luz en España y Portugal ronda los 264 euros por megavatio hora (MWh). Un valor altísimo en comparación histórica y un 38% más elevado que la media de los dos meses y medio anteriores, pero también un 18% menor de lo que habría sido en su ausencia, según los cálculos de los profesores de Economía de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Rafael Salas, Miguel Jerez y Francisco Álvarez. Y, sobre todo, notablemente más bajo que en el resto de los grandes vecinos comunitarios: en ese periodo, en Italia el MWh ha pasado de 234 a 396 euros (casi un 70% más); en Francia, de 209 a 368 euros (+76%); en Bélgica, de 176 a 304 euros (+72%); y en Alemania, de 171 a 297 euros (+73%). Solo el Reino Unido puede compararse con España, con un precio medio de 261 euros, aunque con una subida notablemente superior: del 50%.

De esa ensalada de datos pueden extraerse dos grandes patrones generales. El primero, que sin tope al gas España estaría notoriamente peor de lo que está. “La herramienta está funcionando, porque —aun dentro de una coyuntura adversa— hace que los factores negativos se noten menos”, desarrolla Salas por teléfono. El segundo, que “España ha pasado de ser uno de los mercados más caros de Europa a convertirse en uno de los más baratos”, en palabras de Francisco Valverde, consultor de Menta Energía. Como agregan los especialistas del Grupo ASE, en España la electricidad está “más cara que nunca”, pero también alrededor de un 26% más barata que en la media continental. Un diferencial que, según los futuros, excederá el 50% respecto a Francia y Alemania.

Más allá del tope, en la coctelera de precios entra otra variable clave: la menor cotización del gas en el mercado español. Hoy, un megavatio hora de ese combustible para entrega en septiembre ronda los 150 euros en el Mibgas, frente a los cerca de 200 del TTF holandés, el que sirve de referencia para todo el bloque comunitario. Como en la luz, las tornas se han dado la vuelta: España ha pasado del furgón de cola al de cabeza.

“El tope es el principal elemento amortiguador del precio de la electricidad en comparación con el resto, pero esa diferencia entre el Mibgas y el TTF también está ayudando”, opina Natalia Collado, de EsadeEcPol. “Sigue siendo una medida unilateral de España y Portugal, pero va a servir para repensarlo todo: el diseño del mercado eléctrico europeo es un melón que va a tener que abrirse de cara al invierno. Y la excepción ibérica ha sentado un precedente importante”. Visto así, los países peninsulares estarían obteniendo una suerte de prima del pionero: un beneficio por abrir trocha en esa futura reforma comunitaria.

Mayor efecto en los próximos tiempos

“No son precios ni mucho menos baratos, pero sí hay un claro efecto de reducción en comparación con el resto de vecinos”, sustenta Alejandro Labanda, director de Transición Ecológica de la consultora beBartlet, que cree que en las próximas semanas el impacto del tope sobre los precios irá a más. “Con el paso del tiempo, la compensación [a las centrales de gas, que ahora tienen limitado el precio de su principal insumo] se repartirá entre más demanda. Y, cuando baje el calor, la demanda caerá y la producción renovable —la más barata— aumentará”.

Con sus palabras, Labanda dibuja el mejor escenario de funcionamiento del mecanismo: cuando mejor opera es cuando más eólica y solar hay en el mix eléctrico, porque evita que el alto coste de la generación con gas se extienda al resto de fuentes. En el lado opuesto, el aumento paulatino en el precio de referencia del tope pactado con Bruselas —los 40 euros por MWh de hoy subirán a razón de cinco euros al mes, hasta alcanzar un máximo de 70 euros— frenará esa mejora.

Otro de los factores que están remando en contra de la medida es el aumento de las exportaciones a Francia. “La diferencia de precios con el resto de Europa sería mucho mayor si no tuviésemos que estar utilizando los ciclos combinados más antiguos y, por tanto, menos eficientes, para cubrir el aumento de la demanda francesa”, apunta Javier Revuelta, de la firma de análisis Afry. “A Francia le estamos regalando mucho dinero, del orden de 250.000 euros por hora de media a los precios actuales”. Sin ese hándicap, dice, el precio medio diario de la luz en el mercado mayorista español debería rondar los 230 euros por MWh —130 euros de casación y 100 más de compensación—, algo por encima de los valores actuales.

Los porqués del desacople del Mibgas

La otra razón detrás de la menor escalada reciente de la luz en España respecto a otros países europeos es la citada ruptura del mercado ibérico del gas respecto al TTF holandés, referencia en prácticamente todos los rincones del continente y que acaricia estos días su máximo histórico. Los motivos hay que encontrarlos, básicamente, en dos circunstancias: la mayor capacidad peninsular de importar de cualquier rincón del mundo, gracias a la enorme potencia de tiro de su red de regasificadoras (la mayor del bloque: seis en España y una más en Portugal), y el mayor llenado de sus depósitos (78% en España, ocho puntos por encima de la media comunitaria; 100% en el país luso).

“España tiene capacidad suficiente para traer todo el gas que necesita y más, pero el resto de Europa no”, recuerda Revuelta, de Afry. “Los precios solo se igualarán de nuevo cuando el resto de Europa aumente su capacidad de regasificación, y eso no lo veremos hasta bien entrado el año que viene. El mayor consumidor de gas de la UE, Alemania, no tiene ni una sola terminal de GNL [gas natural licuado], y hasta diciembre no va a tener la primera flotante. Han cometido un error garrafal: más que mérito español, es demérito suyo”, sentencia.


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Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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