El Parlamento Europeo respalda el sello verde de la UE al gas y energía nuclear

El Consejo aún puede rechazar la propuesta de la Comisión, pero para ello necesitaría el voto contrario de 20 de los 27 países del bloque

Vista de la votación del Parlamento Europeo presidida por Roberta Metsola, este miércoles en Estrasburgo.
Vista de la votación del Parlamento Europeo presidida por Roberta Metsola, este miércoles en Estrasburgo.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Por 50 votos exactos, el pleno del Parlamento Europeo ha avalado que el gas y la nuclear sean consideradas energías verdes. En una votación celebrada este miércoles en Estrasburgo, el hemiciclo de la UE ha rechazado presentar objeciones frente al polémico acto delegado sobre la taxonomía adoptado por la Comisión Europea en febrero. Para evitar la entrada en vigor de esta disposición, que pretende clasificar a la nuclear y al gas como energías que pueden contribuir a la lucha contra el cambio climático y, por tanto, merecedoras de una etiqueta verde que puede atraer inversiones multimillonarias, ya solo cabría la posibilidad de que se oponga a ella el Consejo de la UE antes del próximo lunes, algo descartable con casi toda probabilidad.

De este modo, la inclusión de ambas en el grupo de tecnologías de transición, es decir, aquellas que no pueden ser reemplazadas todavía por otras tecnologías bajas en emisiones y más sostenibles, surtirá efecto a partir del 1 de enero de 2023.

La propuesta del Ejecutivo comunitario ha sido divisiva desde el inicio, hasta el punto de que tuvo que ser la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien tomara las riendas de su adopción a principios de año, con una votación también ajustada en el colegio de comisarios (el equivalente al consejo de ministros) poco antes de que Rusia invadiera Ucrania. La medida supone dar abrigo a las peticiones de países como Francia, que reclamaba un reconocimiento expreso de la energía nuclear como fuente libre de emisiones de CO₂, y de Alemania, que pedía la inclusión del gas como fuente necesaria para la transición hacia un sistema basado en las renovables.

“El gas es un combustible fósil, no es verde. Y nunca lo he descrito así”, aseguró Mairead McGuinness, comisaria europea de servicios financieros, durante el debate parlamentario celebrado en la Eurocámara la jornada anterior. “Pero algunos Estados miembros que abandonan los combustibles fósiles sucios pueden necesitar el gas en la transición, y ahí es donde hemos colocado el gas en esta taxonomía”, señaló. En cuanto a la energía nuclear, la comisaria destacó sus “bajas emisiones de carbono” frente al hecho de que tenga “partidarios y detractores”, por lo que, según dijo, “también forma parte de nuestra combinación energética en transición”.

Críticas de la comunidad climática

La decisión adoptada en el Parlamento ha desatado de inmediato las críticas de la comunidad climática por considerar que se desvían de lo que, en teoría, han de representar las llamadas finanzas sostenibles. ONGs como Greenpeace han anunciado su intención de llevar a la Comisión Europea a los tribunales “por adoptar una taxonomía que no cumple con los objetivos climáticos pactados en el Acuerdo de París”, según un comunicado de la European Climate Foundation. “El gas y la energía nuclear no son verdes, y etiquetarlos como tales es un flagrante caso de greenwashing’”, ha denunciado Ester Asin, directora de la oficina política de WWF. “¡Esto perjudica al clima y a las generaciones futuras!”.

La guerra y la crisis energética derivada de la dependencia de los combustibles de Moscú también han servido de catalizador en la votación de este miércoles. “Es una realidad que se necesitan infraestructuras alternativas de gas a las fuentes rusas y esto facilita la financiación”, reconoce el eurodiputado socialista Javi López, a pesar de que él, como la mayor parte de su partido, ha votado a favor de revertir la taxonomía, “porque eso no debiera pasar por calificarlas de verdes”.

Un grupo de activistas se manifiesta durante la votación en el Parlamento Europeo, este miércoles en Estrasburgo.
Un grupo de activistas se manifiesta durante la votación en el Parlamento Europeo, este miércoles en Estrasburgo.JULIEN WARNAND (EFE)

“Dada la urgencia de abandonar los combustibles fósiles rusos, tenemos que aumentar esas inversiones [en energías renovables y eficiencia energética] con un sentido de urgencia renovado”, dijo también durante el debate del día anterior la comisaria McGuinness.

La mayoría de entre los populares europeos y de los liberales de Renew han decidido avalar con su voto la decisión del Ejecutivo comunitario, igual que han hecho casi en su totalidad los grupos de extrema derecha del hemiciclo (ECR e ID). Socialistas, verdes y la izquierda europea se han posicionado contra la clasificación. En total, 278 eurodiputados votaron a favor de la objeción (es decir, en contra de la actual taxonomía), 328 en contra y 33 se han abstenido.

“¿Para qué sirve la taxonomía? Sirve para armonizar las reivindicaciones de lo que son las inversiones verdes”, expuso el eurodiputado verde Bas Eickhout, uno de los ponentes sobre el acto delegado, durante el debate del martes. “En el momento en que se cumple con las reglas de la taxonomía hay una etiqueta verde y se puede obtener un bono verde”. Por ese motivo, reclamó: “Hay que poner freno a este acto delegado”. Este miércoles, Eickhout ha reaccionado de inmediato. “Es un día negro para el clima y la transición energética”, ha dicho. “Estamos enviando una señal desastrosa a los inversores y al resto del mundo de que la UE reconoce ahora el gas fósil y la energía nuclear como inversiones sostenibles”.

Al margen de este posicionamiento de la Eurocámara, el Consejo de la UE, que representa a los Estados miembros y es el otro colegislador en la UE, aún puede rechazar el enfoque del Ejecutivo comunitario si antes de la medianoche de 11 de julio se oponen el 72% de los países (20 de 27) y estos representan al menos al 65% de la población de la Unión Europea (unas 290 millones de personas), algo descartable casi con toda seguridad. España es uno de los países que más se ha opuesto a otorgar al gas y la energía atómica la vitola de “verde”.

La disposición adoptada por la Comisión incluye “ciertas actividades de energía nuclear que pueden desempeñar un papel, bajo condiciones estrictas en materia de seguridad nuclear y medioambiental (también relacionadas con la eliminación de residuos), en la transición de la UE hacia la neutralidad climática”, según una guía elaborada por el Ejecutivo comunitario. También mete en esta categoría “algunas actividades relacionadas con la energía del gas como actividades transitorias, sujetas a condiciones específicas que reconocen el papel que puede desempeñar el gas para ayudar a algunas regiones en la transición de las fuentes de energía de combustibles fósiles sólidos más contaminantes, como el carbón, a las energías renovables”.

En el caso de la nuclear, esta etiqueta se concederá a los proyectos aprobados antes de 2045. Dados los plazos de construcción de tales infraestructuras y su vida útil, los nuevos reactores nucleares podrían estar en funcionamiento hasta finales de este siglo o principios del siglo XXII. También quedarán cubiertos bajo el manto verde de la taxonomía las inversiones en modificaciones y mejoras de las instalaciones nucleares existentes para ampliar su vida útil, siempre y cuando sean aprobadas antes de 2040.

En el caso del gas, la UE considerará inversiones compatibles con la nueva clasificación sostenible las destinadas a actividades de generación eléctrica en la que se emplee este combustible fósil, siempre que las emisiones sean menores a los 100 gramos de CO₂ por kilovatio hora (Kw/h) o las dirigidas a proyectos aprobados antes de 2030, con la condición de que no supere un umbral de emisiones de 270 gramos de CO₂ por Kw/h.


Sobre la firma

Guillermo Abril

Es corresponsal en Bruselas. Durante más de una década ha sido reportero de El País Semanal. Especializado en el gran reportaje con vocación internacional, ha cubierto la crisis de refugiados en la frontera exterior de la UE y zonas de conflicto como Siria y Libia, así como las consecuencias del Brexit y el auge de la ultraderecha.

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