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Lagarde defiende que evitar las crisis de deuda soberana en la zona euro forma parte de su mandato

La presidenta del BCE responde a quienes sugieren que sobreactúa en la respuesta al aumento de las primas de riesgo

Desde la izquierda, la presidenta del Comité de Asuntos Económicos y Financieros del Parlamento Europeo, Irene Tinagli, habla con la del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.Foto: EFE | Vídeo: Reuters

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha aprendido la lección. Al contrario de lo que hizo al poco de llegar al despacho que ahora ocupa, defiende a ultranza que un objetivo de la institución que dirige es evitar que los mercados se ceben con alguno de los países que integran la zona euro y acabe por provocarles crisis de deuda. Es una “precondición” para asegurarse de que hay una “transmisión adecuada” de la política monetaria del BCE a los 19 estados miembros que componen la moneda única, que tiene esculpido en su mandato fijar un objetivo de inflación a medio plazo en el 2%.

Con este razonamiento, Lagarde ha defendido este lunes ante los parlamentarios europeos la reacción del organismo que preside que la semana pasada apretó el acelerador para poner en marcha un mecanismo que evite grandes diferencias en las primas de riesgo ahora que ha decidido “normalizar” la política monetaria y a reinvertir el dinero que reciba de los vencimientos de los bonos que ahora tiene en cartera. Además de la respuesta a las cuestiones que ha recibido en la Eurocámara, también lo han sido a declaraciones como las de algunos ministros de Finanzas de los países más partidarios de la consolidación fiscal y políticas monetarias agresivas, como el alemán Christian Lindner, que un día después de la reacción del BCE, señaló a su llegada a la reunión del Eurogrupo que era normal que hubiera diferencias en las primas de riesgo, sugiriendo que el regulador había sobreactuado.

A los pocos días de que explotara la pandemia, Lagarde cometió uno de sus grandes deslices al frente del BCE al declarar que entre sus funciones no estaba vigilar las primas de riesgo, como le ha recordado el eurodiputado socialista español, Jonás Fernández, en su pregunta. Poco después de aquel desliz el banco central puso el marcha un programa de compra de bonos soberanos para evitar tensiones financieras durante la crisis de la covid-19. Este mes el BCE dejará de aumentar su cartera de deuda pública -seguirá renovando la que ya tiene- y elevará los tipos un 0,25% en julio.

Estos pasos, empujados por una inflación que ha llegado al 8,1% en mayo, han llevado la presión de los mercados a los bonos de los países con peor situación fiscal (Italia, Grecia, España) y a la reacción de BCE la semana pasada. Sobre la herramienta que prepara para evitar la fragmentación no ha dado detalles, pero sí que ha señalado que necesitará “flexibilidad”. La antigua directora gerente del FMI también ha señalado que ese instrumento que prepara “será eficaz, proporcionada y dentro del mandato”. Cuando Lagarde habla de flexibilidad, viene a decir que podrá intervenir en el mercado centrándose en la compra de bonos de aquellos países que estén en peor situación en los mercados.

No ha querido dar más detalles sobre este punto, pese a que varios parlamentarios se lo han reclamado insistentemente, entre ellos el español Luis Garicano (Ciudadanos). “Respeto mucho tenga esta cuestión en mente y en la de muchos. Pero el trabajo está en marcha en este momento”, le ha respondido, añadiendo que el diseño final “estará dentro del mandato” del BCE. Esta última aclaración iba por quienes le han preguntado por la inflación, señalando que la política monetaria debía ser más agresiva y centrarse casi únicamente en el hecho de que la inflación está disparada.

Siguiendo el manual del buen banquero central, Lagarde ha mirado a los salarios cuando ha advertido de los riesgos que hay para la inflación a medio plazo y para responder a las preguntas que alertaban de los posibles consecuencias dañinas de un aumento de tipos de interés, como el enfriamiento excesivo de la economía y la entrada en recesión de la zona euro. Y, en respuesta Ernest Urtasun, del grupo de Los Verdes, le ha indicado que el BCE vigila “cuidadosamente el aumento de los sueldos tanto los negociados como los observados en los mercados”. De hecho, incluso en su intervención inicial ya había advertido sobre las remuneraciones como uno de los elementos de presión a tener en muy cuenta en el futuro de la inflación: “El crecimiento de los sueldos ha empezado a repuntar, aunque sigue siendo moderado. Esperamos que se fortalezca ligeramente durante 2022 y que luego se mantenga por encima de los niveles medios [...], apoyado por la rigidez de los mercados laborales, los aumentos de los salarios mínimos y algunos efectos de compensación por las altas tasas de inflación.”




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Sobre la firma

Manuel V. Gómez
Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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