La OCDE recorta su proyección de crecimiento para España al 4,1% en 2022 por la elevada inflación

El organismo cree que el límite al gas puede contener el alza de precios, pese a que prevé que el IPC medio sea del 8,1%, y resalta el aumento de contratos indefinidos

Un camarero sirve a unos clientes de una mesa de un restaurante del Paseo Marítimo de Platja d'Aro, en Girona.
Un camarero sirve a unos clientes de una mesa de un restaurante del Paseo Marítimo de Platja d'Aro, en Girona.Toni Ferragut

España sigue en el camino hacia la salida de la crisis, pero la meta cada vez se antoja más lejana. Dos años después del estallido de la pandemia, la economía sigue sin recuperar todo el músculo. Primero fueron la multitud de variantes de la covid-19; después, la guerra en Ucrania; y ahora, la fatal combinación de las consecuencias de ambas crisis, que ha tomado la forma de una inflación galopante. Todo ello lastrará el crecimiento de Europa, también de España. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha rebajado las previsiones de crecimiento de España para 2022 hasta el 4,1%, desde el 5,5% que contemplaba el pasado mes de diciembre. Para 2023, proyecta ahora un 2,2%, en lugar de un 3,8%. El organismo, además, cree que la inflación media será del 8,1% este año y del 4,8% el que viene.

La senda todavía es de crecimiento. España tiene aún bazas para seguir expandiéndose a buen ritmo. Entre ellos, en el informe presentado este miércoles, la OCDE cita la bolsa de ahorros acumulada durante la pandemia, las medidas del Gobierno para mitigar los efectos de la guerra, los fondos europeos y la recuperación del turismo. Pero previsión a previsión, los pronósticos le van restando puntos de crecimiento. La OCDE apunta a tres causas: la “mayor incertidumbre”, la “elevada inflación” y una demanda externa que será menos vigorosa. España seguirá creciendo por encima de la media de la zona euro, cuyo PIB crecerá un 2,6% en 2022 y un 1,6% en 2023, pero mucho menos que lo previsto hace un año. Sin la guerra, la OCDE pronosticaba un salto del 6,6%. Aun así, España sigue siendo uno de los países menos afectados por la guerra. El recorte en las previsiones es de 1,4 puntos, frente a los 1,8 puntos que se deja Francia; los 2,1 de Italia y los 2,2 de Alemania.

Ahora la organización con sede en París deja sus previsiones incluso por debajo de las del Gobierno, que auguran un 4,3% en 2022 y un 3,5% en 2023. Y señala el camino a España hacia la consolidación fiscal, pidiéndole un endurecimiento de su política fiscal sin dejar de proteger a las empresas y ciudadanos más vulnerables de la inflación. Al respecto, la institución considera que el acuerdo con Bruselas para limitar el precio del gas en el mercado mayorista ibérico “puede ayudar a contener” el IPC. Sin embargo, advierte de que la inflación seguirá siendo elevada en 2023 pese a que irá moderándose.

Los organismos internacionales vigilan sobre todo los llamados “efectos de segunda ronda”, que se han convertido en casi un mantra. En especial, quieren evitar que la inflación se traslade en toda su magnitud a los salarios y que estos generen una espiral inflacionista. La OCDE concluye que con una negociación colectiva plurianual y una baja proporción de cláusulas de indexación, “el crecimiento salarial permanece moderado”. Así, estima que en el primer trimestre los sueldos subieron un 1,3%, mientras que en marzo la inflación subió hasta el 9,8%. Pero el informe sí ve que los acuerdos con cláusulas de revisión están creciendo. Y siguiendo el camino abierto por el Banco de España y el propio Gobierno, recomienda a los agentes sociales a una suerte de pacto de rentas, un acuerdo para compartir la carga de esta crisis y evitar una espiral de salarios y precios.

Contención del déficit

El informe destaca, no obstante, el impulso que ha cobrado el mercado laboral y el porcentaje de indefinidos en los nuevos contratos, que ha pasado del 10% al 48%. También se refiere a la reforma para garantizar que las pensiones no pierdan poder adquisitivo, que a su juicio apuntalan los ingresos de los hogares pero también incrementan el gasto público. Aun así, el aumento de los ingresos públicos y la retirada de las medidas vinculadas a la pandemia seguirán reduciendo el déficit público hasta el 4,2%, tres décimas más de lo previsto por el Gobierno.

Los riesgos son todavía múltiples: más disrupciones en el mercado energético o un mayor contagio en los precios finales de los productos o los salarios. Esos dos escenarios llevarían a una mayor inflación, que castiga al consumo de los hogares y la inversión. Hay perspectivas peores: una escalada en la guerra de Ucrania o una nueva oleada virulenta de covid-19 a causa de nuevas variantes.

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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