El FMI recorta en un punto su previsión de PIB para España en 2022, pero la sitúa como la economía avanzada que más crecerá

La actividad económica aumentará un 4,8% este año y un 3,3% el que viene, aunque no regresará a los niveles prepandemia hasta bien entrado 2023. La inflación bajará con fuerza el próximo ejercicio, hasta el 1,3%

Decenas de turistas, el pasado viernes, en la playa de Salobreña (Granada).
Decenas de turistas, el pasado viernes, en la playa de Salobreña (Granada).Alba Feixas (EFE)

La guerra y la inflación, que erosiona el poder adquisitivo de los hogares, recortarán con fuerza el crecimiento en 2022. El PIB español repuntará un 4,8% este año, un punto porcentual menos de lo previsto hasta ahora, según las cifras presentadas este martes por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que advierte —en clave global— del varapalo económico que supone la invasión rusa de Ucrania.

España, que fue una de las economías avanzadas que más sufrió la sacudida de la covid-19, será el país rico que más crecerá este año: solo dos naciones de menor tamaño, Irlanda (+5,2%) e Israel (+5%), superarán por poco el guarismo español, mientras que Malta igualará el 4,8%. Para 2023, el organismo multilateral prevé una expansión del 3,3%, medio punto menos de lo previsto en enero. Con estas cifras en la mano, sin embargo, la economía no restañaría todo lo perdido en el aciago 2020 —en el que la pandemia se llevó por delante casi el 11% de la actividad— hasta bien entrado el año que viene.

El tijeretazo del FMI está lejos de ser algo único. La revisión a la baja de las previsiones de crecimiento se ha convertido en algo recurrente desde el pasado 24 de febrero, cuando Vladímir Putin tomó —unilateralmente y saltándose cualquier convenio internacional— la determinación de invadir Ucrania, dinamitando los mercados energéticos y de materias primas. Aunque el encarecimiento de combustibles fósiles, alimentos y metales venía de atrás, el conflicto bélico ha sido la puntilla para Europa Occidental, una región muy expuesta a los precios del gas y del petróleo y cuyos ciudadanos ven cómo sus facturas se encarecen mes tras mes y se lo piensan dos veces antes de consumir.

Desde entonces, sin poner cifras concretas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha advertido hasta en dos ocasiones de la ralentización en el Viejo Continente. Y los Gobiernos —este lunes era el turno del español— han avisado de que el cambio de paradigma obligará a revisar a la baja sus casi siempre optimistas cuadros macroeconómicos.

En la esfera puramente nacional, semanas antes de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez haya admitido que el crecimiento será inferior a lo previsto, tanto el Banco de España como el centro de análisis de las antiguas cajas de ahorros (Funcas) y el servicio de estudios del BBVA habían rebajado sus pronósticos hasta el 4,5%, el 4,2% y el 4,1%, respectivamente. Cifras, todas ellas, ligeramente más pesimistas que las del FMI, pero que apuntan —como el Fondo— a que la economía española no regresará a la senda prepandemia hasta bien entrado 2023, algo después que el resto de grandes países vecinos.

Pese a ver recortado su crecimiento en más de un punto porcentual en la revisión de este martes, el conjunto de la eurozona regresará al nivel de PIB prepandemia en la segunda mitad del año en curso, bastantes meses antes que España, Italia e, incluso, Alemania.

El FMI también ofrece datos relevantes sobre las fuentes del crecimiento de la economía española tanto en 2022 como en 2023. En ambos ejercicios, el consumo de los hogares —mermado por la dentellada de los precios sobre el bolsillo familiar— y la inversión serán los dos principales vectores de expansión, seguidas a mucha distancia de las exportaciones y el gasto público. Esta última partida, la única que aguantó el tirón en los momentos más duros de la crisis, pasa así a un discreto tercer plano a medida que los sectores privado y exterior toman el relevo.

Tras la buena respuesta del empleo en 2021 y en los primeros meses de 2022, el FMI prevé que el rebote vaya perdiendo impulso en los próximos meses. Así, la tasa de paro debería promediar este ejercicio un 13,4%, niveles muy similares a los que reflejaba el Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales de 2021, para bajar levemente —hasta el 13,1%— en 2023.

La inflación, por debajo del objetivo del BCE ya en 2023

Incluso con la energía y las materias primas en niveles récord, la balanza por cuenta corriente —el indicador que mide los ingresos y pagos al exterior por intercambio de mercancías, servicios, rentas y transferencias, y que entró en positivo en 2013 tras tres décadas consecutivas de déficits— seguirá arrojando números verdes tanto este año como el próximo. Lo hará, eso sí, con cifras mucho más modestas que en ejercicios anteriores: 4.300 millones de dólares (casi 4.000 millones de euros) en 2022 y 6.600 en 2023, frente a los 29.300 millones que registró en 2019 o los 10.600 de 2020, en lo más crudo de la crisis sanitaria y económica.

Aunque el ente capitaneado por Kristalina Georgieva no hace una mención explícita al turismo, la resistencia que exhiben tanto la recuperación económica como el superávit por cuenta corriente tiene que ver en buena medida con el paulatino regreso de los flujos de viajeros internacionales en un país en el que esta actividad aportaba más del 12% de la actividad económica en la era precovid.

El Fondo introduce, también, algunos matices interesantes en su proyección desvelada este martes. El más claro, en el terreno de la inflación: tras el estallido de los precios este año (+5,3%), los técnicos del organismo con sede en Washington auguran que el IPC bajará con fuerza hasta el 1,3% en 2023, cuando quedará claramente por debajo del objetivo del Banco Central Europeo (2%) en el próximo lustro. La tasa media de aumento de los precios será, así, idéntica a la de la eurozona en 2022 a pesar de que el índice español tiende a sobredimensionar el encarecimiento de la electricidad: únicamente tiene en cuenta la evolución de los contratos del mercado regulado, los que han sufrido el mayor zarpazo inicial.

De cumplirse este escenario inflacionario —de precios disparados, tanto en España como en la eurozona, pero solo de manera transitoria: en la eurozona, el aumento de los precios el año que viene solo quedaría tres décimas por encima de la meta del instituto emisor— el BCE de Christine Lagarde no tendría tantos incentivos para elevar los tipos de interés. Una medida que ya han tomado tanto la Reserva Federal estadounidense como el Banco de Inglaterra, entre otros, pero que en Europa no solo ralentizaría aún más el crecimiento, sino que alimentaría el riesgo de fragmentación norte-sur y sumaría un peso adicional en la mochila de quienes —familias, empresas y Estados— cuentan con hipotecas u otras deudas pendientes de pago. España, entre ellos.

Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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