Los pescadores se plantan y amarran sus barcos: “La sangría es brutal”

Las cofradías de toda España decretan tres días sin salir al mar para exigir al Gobierno medidas como las de Francia para abaratar el combustible

Flota pesquera amarrada este lunes en el puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
Flota pesquera amarrada este lunes en el puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).Román Ríos (EFE)

Un convoy de una empresa de tratamiento de residuos orgánicos entró escoltado el pasado viernes en la lonja de A Coruña. Cargó toneladas de pescado condenado a pudrirse por el fuerte bloqueo de los puertos gallegos que ha provocado el paro del transporte. La estampa fue el remate a una ruinosa semana que ha llevado al sector pesquero a amarrar la flota en señal de protesta entre este lunes y, como mínimo, el próximo miércoles.

Para volver al mar, los pescadores exigen al Gobierno que les ponga sobre la mesa, en una reunión que celebrarán el miércoles, una solución que abarate de forma urgente la factura que están pagando por el combustible, que en solo un año se ha triplicado. “O tenemos medidas inmediatas, firmes y contundentes o el sector pesquero se va a pique”, advierte Basilio Otero, presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores.

Tirar a la basura el pescado por la falta de camiones ha sido la guinda a un arranque de año muy complicado. La escalada de precios del carburante que afrontan los casi 9.000 barcos censados en España, la mitad de ellos en Galicia, es hoy más grave que la que sufrieron en 2008 y que mantuvo a la flota amarrada durante un mes entero. Entonces el sector consideraba inasumible pagar 0,60 euros por el litro de gasóleo y ahora está al doble. Otero ha cifrado en un 70% las embarcaciones que se han quedado en puerto este lunes, con un paro prácticamente total en el Mediterráneo, Asturias y golfo de Cádiz, un fuerte seguimiento en Galicia y menos incidencia en Cantabria y País Vasco.

Torcuato Teixeira, secretario general de la asociación de armadores Pescagalicia, augura que, ante la “falta de señales positivas” por parte del Gobierno, se va a producir un incremento “en cascada” de los barcos que opten por el amarre. Y advierte de que si no se toman medidas que repercutan de forma inmediata en las cuentas de los armadores, como las ayudas directas al litro de combustible que han aprobado países como Francia e Irlanda, España se enfrenta a un paro largo que vacíe los mercados de pescado. “El ministro está jugando con fuego”, señala en alusión a Luis Planas, responsable de Agricultura y Pesca, con el que se reunirán el miércoles los armadores y las cofradías. “El miércoles nos podemos encontrar con el 95% de la flota amarrada. Las medidas tienen que ser de aplicación inmediata porque la sangría es brutal”.

No ha sido el combustible el único coste que ha subido mucho últimamente para los pescadores. Lo han hecho también los aceites, las cuerdas o las redes. “El precio del pescado, sin embargo, ha bajado. Y lo que se paga ahora por él no es mucho más que en 2008″, señala Teixeira sobre el anterior gran paro de la flota española. Un amarre generalizado tendría graves consecuencias para toda la cadena, desde las comercializadoras hasta las pescaderías. “Está en juego la rentabilidad y supervivencia del sector de la pesca en España”, asegura Rita Míguez, presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca.

Xurxo Lourido explica desde el puerto de Celeiro (Viveiro), en la costa de Lugo, el golpe que supone el precio disparado del combustible para las gentes del mar. Este representante de los pescadores de Celeiro cuenta que en estos muelles recalan sobre todo buques que faenan en el Gran Sol, unos 25. Hace más de 15 días, los armadores llenaron los depósitos con el carburante por las nubes, gastando unos 20.000 euros por barco. Cuando la semana pasada los pesqueros descargaron sus bodegas en Celeiro, “los ingresos fueron cero o ninguno”, ironiza, con tristeza, Lourido. Unas 140 toneladas se quedaron atascadas en el puerto por la falta de camiones que las trasladasen a los mercados. “Es tremendo para los armadores, pero también para los marineros, que después de romperse la espalda durante 15 días en unas condiciones durísimas se llevan para casa solo el salario mínimo”, añade.

El amarre como protesta no se lo pueden permitir todos los barcos. Los del Gran Sol de los que habla Lourido “volverán a salir porque no hicieron ni un duro y hay que pagar nóminas, Seguridad Social…” Desde el puerto de A Coruña, el armador Severino Ares, que en sus más de 40 años de experiencia no recuerda una crisis de estas proporciones, demanda al Gobierno medidas “rápidas”: “Estamos un poco más allá del límite de aguante. Las soluciones tienen que ser inminentes y directas, no como las ayudas de la covid, que tardamos un año en cobrar”.

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