Inflación

Familias y empresas pagan casi un 30% más por la energía en el último año

La electricidad y los combustibles se disparan por el encarecimiento del CO₂ y el petróleo

Vista de dron de una carretera de Turquía, el 29 de abril.
Vista de dron de una carretera de Turquía, el 29 de abril.Anadolu Agency / Anadolu Agency via Getty Images

La recuperación puede ser un arma de doble filo. Las previsiones económicas coinciden en presentar el advenimiento de un tiempo de avance sostenido del PIB. Pero la vuelta a la actividad de cada vez más fábricas, negocios y oficinas está impulsando también el crecimiento de los precios cuando muchos hogares no se han recuperado aún del zarpazo de la pandemia a sus finanzas personales. Detrás del repunte de la inflación hay factores generales, como el desacople entre una oferta incapaz de hacer frente al aluvión de demanda global o los problemas en las cadenas de suministro. También circunstancias particulares de un solo sector, como el caso del encarecimiento de los derechos de emisión del CO₂ que empuja los precios de la electricidad, o los recortes de producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que hace lo propio con el crudo.

En ese contexto, el Instituto Nacional de Estadística (INE) anunció ayer que los precios subieron en España durante el mes de mayo un 2,7% respecto al mismo mes de 2020. Se trata de su umbral más alto desde febrero de 2017, cuando la inflación alcanzó el 3%. Entre las partidas que más crecen están la gasolina (24,2%), el gasóleo (21,4%) y los refrescos (9,5%) —el IVA que soportan pasó el 1 de enero del 10% al 21%—, pero destaca especialmente la electricidad, cuyo precio aumentó un 36,3%.

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El dato llega en pleno debate sobre la factura de la luz, con el Ejecutivo buscando fórmulas para abaratar el consumo. El Gobierno pretende frenar los llamados beneficios caídos del cielo, el exceso de retribución que las compañías consiguen por la electricidad que generan con sus nucleares y centrales hidráulicas cuyas obras ya están amortizadas. Y ha dado un vuelco a las tarifas desde junio, con la diferenciación por tramos horarios, lo cual ha generado disensiones en Moncloa: dos ministros de Podemos han pedido adelantar la hora valle desde la medianoche a las 22.00 de lunes a viernes para rebajar la factura.

La subida de la electricidad en mayo es anterior a la entrada en vigor de las nuevas tarifas y está condicionada por otro factor: el encarecimiento de los derechos de emisión de dióxido de carbono (CO₂), que está provocando un repunte en toda Europa. De hecho, el recibo de la luz subió en España en abril un 46% respecto al mismo mes del año pasado, la mayor escalada desde que hay registros, pese a que no hubo grandes picos de demanda ni caídas prolongadas de la oferta.

Ese fenómeno no se detuvo en mayo, lo que ha propiciado que los usuarios tengan que hacer un esfuerzo económico extra que puede tener continuidad en verano, los meses de más calor. Actualmente dichos derechos cotizan por encima de los 50 euros por tonelada, más del doble que hace un año.

En el caso de los carburantes, a menos de tres semanas para que comience la operación salida, los precios han alcanzado niveles previos a la pandemia. Esta semana, el litro de gasolina tocaba los 1,36 euros por litro de media en España, el precio más elevado desde mayo de 2019, cuando la covid-19 aún no existía. Por debajo se sitúa el gasoil, que también se encarece mes a mes y se sitúa en los 1,22 euros, máximos desde febrero de 2020, justo antes del cierre de fronteras y el Gran Confinamiento.

Las empresas de carburantes entienden que muchos consumidores se pregunten por qué el precio de la gasolina está en esas cotas si su poder adquisitivo no ha vuelto a niveles previos a la covid-19, pero explican que su valor está condicionado al mercado de las materias primas. “Los precios los marca el mercado internacional”, recuerdan desde la Asociación de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP). “Es el precio del petróleo el que ha ido marcando la evolución de la gasolina en los últimos meses”, añaden.

Ignacio de la Torre, economista jefe del banco de inversión Arcano, matiza que el repunte tiene algo de distorsión al realizarse la comparativa con un año tan atípico como el pasado. El barril de crudo de referencia en Europa, el Brent, tocó fondo en abril de 2020. Desde entonces no ha parado de revalorizarse: en apenas 14 meses su precio se ha disparado un 286%. Este encarecimiento ha arrastrado a los principales combustibles, aunque su subida no ha sido tan intensa. Desde la AOP señalan que no hay una correlación exacta. “El precio de los combustibles y del crudo no suben en la misma proporción porque la mitad del precio de los primeros son impuestos”.

”No podemos hacer nada”, defienden desde las gasolineras

Los regentes de las gasolineras son también blanco de los conductores cuando el precio se dispara. Nacho Rabadán, director general de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees), que representa a más de un tercio de los surtidores del país, muestra cierta impotencia por el discurso que les señala como culpables. “Entiendo que es un precio muy sensible para el ciudadano medio; es complicado explicar que si sube el precio del barril no podemos hacer nada”. De hecho, mantiene que ellos son los primeros beneficiados si se abaratan los combustibles: “Está demostrado que los carburantes son muy elásticos, si baja el precio venderíamos más”.

Pese a la fuerte subida de precios, la vacunación y la caída de contagios han permitido reactivar la movilidad, y con ello la venta de combustible. Según datos de Cores, la entidad pública que controla las reservas petrolíferas, su consumo se situó en abril un 14% por debajo del mismo mes de 2019, frente al 20% de diferencia en febrero, cuando las comunidades estaban cerradas.

El regreso de la movilidad global, especialmente en EE UU y Asia, ya vaticina un aumento del consumo de petróleo en los próximos meses, hasta el punto de que la Asociación Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) advirtió este viernes de la posibilidad de que a finales de año haya una cierta tensión entre la oferta y la demanda debido al recorte de la exportación petrolífera de la OPEP, a los que la IEA ha pedido que “abran el grifo”. “Todo está volviendo a la normalidad. La cifras oficiales más extendidas hablan de que la demanda mundial de petróleo regresará a los niveles previos a la pandemia antes de finalizar el año”, asegura José Luis de la Fuente O’Connor, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid.

La cuestión climática es el segundo frente que presiona a la baja la extracción de crudo, a la vez que impulsa el precio de los carburantes. El objetivo de la Unión Europea de alcanzar la neutralidad climática en 2050 y unos fondos de recuperación centrados en la inversión medioambiental lleva a los grandes fondos a poner su dinero en la energía limpia. “La inquietud medioambiental está provocando que muchas petroleras dejen de invertir, y si la oferta baja y sube la demanda, el precio del crudo sube”, afirma Ignacio de la Torre, del banco de inversión Arcano.

Otro factor es que el mercado de vehículos electrificados comienza ya a dar señales de un cambio de paradigma en España. El 30% de los vehículos vendidos en mayo fueron híbridos o eléctricos, superando en cuota al diésel –apenas el 20%–. Esta diferencia, según De la Fuente, se ampliará “a medida que el mercado baje precios y las infraestructuras de recarga hagan viables desplazamientos ahora complicados por tiempo de recarga y disponibilidad”.

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