Combustibles fósiles

Ofensiva de Ana Botín para derrotar al carbón

La presidenta del Banco Santander encabeza una cruzada para dejar de financiar los combustibles fósiles mientras arrecian las críticas a la banca

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, durante la junta general de accionistas de 2021.
La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, durante la junta general de accionistas de 2021.BANCO SANTANDER / Europa Press

El viernes de la semana pasada, en el discurso telemático pronunciado en la junta general de accionistas del Banco Santander, su presidenta, Ana Patricia Botín, subrayó con vehemencia el compromiso de la entidad de lograr cero emisiones netas en 2050. “Nuestros próximos pasos están claros. Los primeros objetivos de descarbonización son que en 2030 habremos dejado de prestar servicios financieros a los clientes que obtengan más del 10% de sus ingresos del carbón térmico; y, además, para ese año reduciremos a cero nuestra exposición a minería de carbón térmico en todo el mundo. Para septiembre de 2022, estableceremos objetivos de descarbonización en otras industrias, incluyendo petróleo y gas, transporte y minería y metales”, explicó.

Luego reconoció que supone un cambio real en el modelo de negocio; pero, al tiempo, “una enorme oportunidad” poder ayudar a que “los hogares sean energéticamente eficientes, financiar la instalación de paneles solares, vehículos eléctricos y contribuir a una agricultura baja en carbono”. Sus objetivos pasan por facilitar 120.000 millones en financiación verde para 2025, que aumentará a 220.000 millones en 2030.

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Según la banquera cántabra la entidad ya está apoyando la transición verde: “Somos líderes mundiales en financiación de energías renovables, pero tenemos mucho más que hacer, como empresa, para cumplir los objetivos establecidos en el Acuerdo de París”, o sea, luchar contra el calentamiento global. Y puso deberes al sector: “Nuestra estrategia refleja una idea sencilla: los bancos somos parte de la solución al desafío global del cambio climático, y en el Santander, estamos 100% comprometidos a hacer lo que nos toca”, destacó.

No es casual esta ofensiva climática de Botín. En los últimos tiempos los grandes bancos, entre ellos el Santander, han sido el centro de serias y continuas críticas desde organizaciones mundiales relacionadas con el cambio climático y algunos círculos ecologistas de mayor o menor rango que les acusan de financiar negocios centrados en los combustibles fósiles.

La misma semana de la junta, justamente, se publicó el análisis Banking on Climate Chaos 2021, en el que se concluye que el año pasado los bancos proporcionaron en el mundo 750.000 millones de dólares (unos 620.000 millones de euros) en financiación a empresas de carbón, petróleo y gas. Asimismo, afirma que los 60 bancos más grandes aumentaron un 10% la financiación a las 100 empresas más responsables de la expansión de los combustibles fósiles alcanzando una cifra de 1,5 billones de dólares, cifra, que desde que se adoptó el Acuerdo de París se eleva a 3,8 billones de dólares.

Según las conclusiones del informe, los bancos de Estados Unidos son los principales impulsores de emisiones en 2020, con JP Morgan Chase a la cabeza, por delante de Citi. Destaca que BNP Paribas es el peor cualificado en la UE, mientras Barclays lo es en RU; el Mirsubishi en Japón, y el Banco de China en este país.

Hay más datos que avalan el discurso de Botín. El año pasado la demanda global de electricidad retrocedió el 0,1% por causa principalmente de la pandemia y la contribución del carbón en esa generación cayó un 4%, según informe de la firma especializada Ember. Pero, a pesar de ese descenso, el carbón supone todavía el 33,8% de la demanda eléctrica global, lo que pone muy en solfa el cumplimiento de los compromisos climáticos. Es decir, debe bajar un 80% hasta 2030 para evitar el calentamiento. En ello tendrá mucho que ver la actuación de China, que supone el 53% de la electricidad producida con carbón, casi 10 puntos más que hace un lustro.

La solución está en las energías renovables, que crecen, pero no lo suficiente. Entre las energías eólicas y solar generaron la décima parte del total, el doble que hace cinco años, pero según todos los estudios se necesita triplicar el crecimiento en la próxima década para mantener la senda de cumplimiento de París.

Ante eso, se hace imprescindible tomar medidas “inmediatas y drásticas” para evitar que el cambio climático cueste decenas de billones en daños cada año. Los costes de la inacción son mayores que los de la eliminación de las emisiones netas, según una encuesta del Instituto de Integridad Política de la Universidad de Nueva York entre 738 economistas expertos en cambio climático.

La actitud generalizada de los economistas sobre los beneficios de la acción climática se suma a la evidencia de que los modelos económicos utilizados por los responsables políticos para informar sobre la acción climática han restado importancia a los costes del cambio climático.

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