Día Internacional de la Mujer

La vida en pareja aumenta la brecha de género

Antes de la maternidad, ya con la convivencia, se reducen las posibilidades laborales de la mujer: aumenta el paro, la inactividad y los contratos a tiempo parcial

La convivencia penaliza el trabajo de la mujer y favorece al del hombre.
La convivencia penaliza el trabajo de la mujer y favorece al del hombre.PAULA VILLAR

No hace falta tener hijos para que las desigualdades laborales entre la mujer y el hombre aumenten. Lo hacen antes. Cuando ambos viven en pareja. Este es el descubrimiento que ha hecho Iseak tras analizar las vidas laborales de más de 60.000 personas de distintos sexos y similares características de edad, estudios y comunidades autónomas de residencia. La convivencia reduce las posibilidades laborales de la mujer (paro e inactividad afectan al 16% del total frente al 9% del varón) e incrementa las del hombre (empleado al 90% en relación con el 84% femenino). Mientras en el caso de ellas el 69% tienen trabajos a tiempo completo, en el de ellos es el 85%. Y la jornada parcial es más del doble entre las féminas (un 15% versus 6%).

Sin embargo, cuando las profesionales viven solas, su participación en el mercado laboral se sitúa por encima de la de los hombres (hay dos puntos de diferencia en la inactividad). Al no existir compromisos familiares y tras una apuesta femenina por la educación más fuerte que la de los varones, “es esperable no encontrar brechas de género a favor” de ellos, señala el estudio titulado Mujer y madre: la doble penalización laboral.

“No esperábamos que hubiera una diferencia laboral tan importante al pasar a vivir en pareja. Ellas abandonan más el mercado laboral, y si no lo abandonan, trabajan a menor intensidad que antes. Parece que se produce una redistribución de tareas entre el varón y la mujer, y como la mujer asume más las del hogar, repercute negativamente en su vida laboral. Posiblemente se está anticipando lo que sucederá una vez que lleguen los hijos”, analiza Sara de la Rica, directora de la Fundación Iseak y autora del estudio junto a Lucía Gorjón y Odra Quesada.

“La aportación más importante de este trabajo que por primera vez analiza a las personas que viven en pareja es que la mujer tiene una menor intensidad laboral ya antes de vivir en pareja, se intensifica al pasar a vivir en pareja y aumenta muchísimo cuando se tienen hijos. Esta menor intensidad laboral es una de las causas importantes de la brecha salarial de género, de las menores promociones en el empleo… y, por supuesto, de las pensiones más bajas”, añade.

Sin parar

La brecha de género continuará el resto de sus vidas, aumentando notablemente en cada una de las siguientes etapas, asegura el estudio. Naturalmente, el mayor impacto se produce con la llegada de descendencia. Las mujeres abandonan la carrera profesional para cuidar de sus hijos. Un 22% de las que tienen vástagos de menos de 5 años y viven en pareja son inactivas (frente al 2% de los hombres).

Los hijos menores de cinco años también disparan en nada menos que 10 puntos hasta el 28% la tasa de contratación a tiempo parcial las mujeres. En cambio, en sus parejas masculinas baja del 7% al 5%. Incluso al 3% cuando los niños tienen más de cinco años, lo que potencia el trabajo a tiempo completo de los hombres. “Son ellas quienes asumen los posibles conflictos laborales y familiares mediante la reducción de jornada, si es que se mantienen ambos empleados”.

El estudio de Iseak ha comparado los datos de 2019 con los de 2007, el último momento de máxima expansión económica, para concluir que, si bien menos mujeres abandonan el empleo con la convivencia y, después, tras la maternidad; en lo que respecta a las horas trabajadas, la brecha de género ha aumentado: 1,5 puntos con la vida en pareja y 0,4 con la llegada de los hijos en los últimos doce años.

Y, según EsadeEcPol, durante la pandemia este gap se ha abierto más todavía. Aunque entre 2019 y 2020 tanto la tasa de empleo como las horas semanales trabajadas cayeron en una proporción similar para los hombres y las mujeres que no tenían hijos, en el último trimestre de 2020, la tasa de empleo de los hombres con hijos recuperó los niveles de 2019, mientras que en el caso de las mujeres caía 2,3 puntos porcentuales, señala el think tank de la escuela de negocios. Y añade que las mujeres dedican una hora adicional más que sus parejas masculinas al cuidado de sus vástagos a raíz del coronavirus.

Soluciones

Para luchar contra estas diferencias “es necesario actuar para que el cuidado de los hijos no sea asimétrico. Y para eso los frentes abiertos son varios: facilitar la conciliación tanto de ellos como de ellas (horarios flexibles, teletrabajo, bajas paternales iguales a las maternales, escolarización desde los 0 años…). Además, las normas sociales han de ir cambiando e internalizando que los cuidados son de ambos progenitores. Y los hombres deben implicarse en este cambio. Si ellos se resisten, no será fácil avanzar”, sostiene Sara de la Rica.

Por su parte, EsadeEcPol aprecia la necesidad de impulsar políticas e incentivos fiscales que faciliten a las madres un pleno mantenimiento de sus trayectorias profesionales y reduzcan la penalización de la maternidad (créditos y financiación o gratuidad de las guarderías), al tiempo que destaca la importancia de los ampliados permisos de paternidad para aumentar la implicación de los hombres en las actividades domésticas no remuneradas y en el cuidado de los hijos.

“Con la pandemia, los hechos han dejado más claro que nunca que la crisis de cuidados es un problema estructural y global que requiere respuestas políticas que estén a la altura para poder resolver los graves problemas sociales, económicos y de desigualdad que conlleva y que injustamente recae mayoritariamente sobre las mujeres”, coincide el sindicato UGT, que ha puesto en cifras los efectos de la pandemia en el empleo femenino durante 2020: su tasa de actividad es 10,7 puntos inferior a la masculina, la inactividad representa el 57,66% del total, afecta a 9,7 millones de mujeres y entre las que no buscan trabajo más de 9 de cada 10 lo hace para dedicarse al cuidado de los hijos, adultos enfermos, discapacitados o mayores. Además, las profesionales tienen el 74% de los contratos a tiempo parcial, suponen el 52% de los afectados por ERTE y su paro alcanza al 17,42% frente al 13% de los hombres.

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