CRISIS DEL CORONAVIRUS

El día que el empleo se esfumó de Calvià

El municipio mallorquín, con más plazas hoteleras que habitantes, es uno de los más azotados por la suspensión de contratos derivada de la falta actividad económica

Locales cerrados en la playa de Magaluf, en el Ayuntamiento de Calviá, este lunes.
Locales cerrados en la playa de Magaluf, en el Ayuntamiento de Calviá, este lunes.Francisco Ubilla

La calle Punta Ballena en el corazón de Magaluf parece la escena de una película del oeste, similar a una de esas vías polvorientas con bolas de arbusto rodando de lado a lado. Todos los locales de la calle con más actividad nocturna del verano permanecen con la persiana bajada a cal y canto. Las discotecas al aire libre dan la sensación de haber sido abandonadas hace tiempo, con sillas y mesas amontonadas en el recinto y una piscina de agua encharcada languideciendo en su interior. Mallorca está en Fase 2, pero los núcleos turísticos del municipio de Calvià parece que continúan en Fase 0. Ni un turista, ni un hotel abierto, calles vacías y solo un puñado de vecinos en avenidas que cualquier otro verano eran un hervidero de jóvenes con ganas de sol y fiesta.

Baleares es, con Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, donde los expedientes de regulación de empleo, los famosos ERTE, afectan a una mayor proporción de trabajadores. El gran peso del turismo, uno de los sectores más castigados por la pandemia, explican esta dependencia de los ERTE, una figura que ha taponado de alguna forma la sangría del mercado laboral. Según los datos conocidos ayer, en la provincia balear hubo en mayo unos 487.000 afiliados a la Seguridad Social, un 5,7% más que el mes anterior. Se trata en su mayoría de fijos discontinuos del sector turismo que han pasado del paro al ERTE.

Pese a este repunte que muestran las estadísticas, la actividad en Calvià es prácticamente nula. “Tengo el triste récord de no haber vendido un cinturón en tres semanas”. Manolo Gil y su amigo Luis Villalba charlan en la puerta del establecimiento del primero, la tienda de artículos de piel JM situada frente a la playa de Son Matías. Es de las pocas abiertas en esta zona de turismo familiar y sobre todo británico. A pesar de que tiene el género expuesto frente a la puerta y a lo largo de la calle, las luces están apagadas para gastar lo menos posible. “Soy el único de la zona que aguanta abierto durante todo el invierno. Pero ahora es todo gasto, gasto y gasto. Podemos abrir, pero no hay quien compre porque no hay gente paseando, los hoteles están cerrados” lamenta el empresario.

Su amigo Luis Villalba trabaja en una empresa de autocares de servicio discrecional que se dedica sobre todo al transporte de turistas, a los que traen y llevan del aeropuerto al hotel y a realizar excursiones por la isla. Toda la plantilla está en expediente de regulación temporal de empleo desde marzo y por el momento no hay visos de que vayan a abandonar esa situación. “En la empresa somos 300 personas que estamos en ERTE y el problema es que, si los propietarios sacan a gente, tienen que pagar las cotizaciones a la Seguridad Social del resto. Mientras no vengan turistas no haremos absolutamente nada” dice el conductor, que se queja amargamente de que todavía no ha cobrado la prestación por desempleo de estos meses a pesar de que ha comprobado en la página del Servicio Estatal de Empleo que la tiene autorizada.

Récord de ERTE

Calvià es uno de los municipios de España con récord de afectación de los ERTE, en buena parte debido al importante peso de la industria hotelera en la zona, que suma más plazas para visitantes que habitantes tiene el municipio. Con unos 50.000 residentes, Calvià tiene alrededor de 60.000 plazas hoteleras, de las que la mitad se oferta en el núcleo de Palmanova-Magaluf que acoge a visitantes en un 65% de origen británico, con una presencia prácticamente residual del 17% de turistas nacionales.

“Toda la oferta hotelera de la zona está cerrada. Todos los trabajadores están en situación de ERTE”. El presidente de la asociación hotelera Palmanova-Magaluf, Mauricio Carballeda, no es optimista con las previsiones del futuro y pide terminar de una vez por todas con la incertumbre. “Hay que saber qué va a pasar con los ERTE a finales de junio. Para muchos no habrá actividad, las cuotas a la Seguridad Social deberían rebajarse hasta final de año. La apertura no puede ser una penalización, hay empresas con diferentes centros de trabajo pero un mismo CIF que no pueden abrir todos los establecimientos de golpe” señala. Con 87 hoteles solo en este núcleo, los empresarios no creen que la ocupación este verano supere el 40%.

Para el alcalde del municipio, el socialista Alfonso Rodríguez, la afectación de los ERTE ha sido “muy importante” porque la afiliación de trabajadores ha caído a la mitad con respecto a los meses de temporada alta. “El impacto va directamente ligado a la actividad turística y los ERTE han servido de red social de protección de forma importante porque sin ellos tendríamos una quiebra social difícil de mantener” subraya. El alcalde reclama mayor flexibilidad y facilidades para sacar a trabajadores de la suspensión de contrato en función de la actividad y la rentabilidad de la empresa, así como la posibilidad de alargarlos hasta el fin de la temporada alta. “Si esto no ocurre, vamos a tener muchas dificultades” opina.

En situación de ERTE tiene a sus 18 trabajadores el empresario Toni Sánchez, que aprovecha para dar una mano de pintura al cartel del pub que regenta en el corazón de Magaluf mientras un amigo ataviado con un EPI rocía las mesas y sillas de desinfectante. El Mano’s Place, un café concierto en el que sirven pintas de cerveza, desayunos ingleses y ponen partidos de fútbol en varias pantallas, emplea cada temporada a una veintena de personas que según dice, todavía no han cobrado la prestación. El empresario sostiene que abrir “no compensa” porque si no recupera a todos los empleados para trabajar tiene que pagar la Seguridad Social y se lo ponen “complicado”. A esto se añade que su negocio es un café concierto con importantes limitaciones de aforo en la nueva situación, lo que le hace ser todavía más reacio a una apertura en los próximos días. “Ni estando en Fase 3 nos van a dejar abrir, así que paciencia”.

En el cercano restaurante Pablo Family Food, su propietario y también barman Pablo Ramos dice que el cambio de fase le ha permitido sacar a todos los trabajadores excepto a uno del ERTE. “He tenido cuatro empleados y he sacado a tres, que están trabajando. Lo peor es que tengo que seguir pagando las cotizaciones del que todavía queda", dice mientras sirve un cortado. Los fines de semana ha notado que son cada vez más los mallorquines que visitan la zona, pero la reapertura ha llegado a medio gas. “Solo somos dos restaurantes abiertos en esta calle y aún así nos cuesta. Solo nos queda esperar y que vuelvan los turistas” concluye.

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