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El coronavirus abre otra brecha en la unidad de la UE

Alemania y los países nórdicos frenan la actuación fiscal coordinada que persigue Francia

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el martes al inicio de una rueda de prensa en la sede del Ejecutivo comunitario, en Bruselas. En vídeo, declaraciones de Von der Leyen y Charles Michel el pasado martes.Vídeo: KENZO TRIBOUILLARD (AFP) / REUTERS-QUALITY

Lentitud. Descoordinación. Y sálvese quien pueda. La crisis provocada por el brote de coronavirus está siguiendo en la Unión Europea el peligroso guion de la última crisis financiera, cuando la zona euro fue incapaz de pactar una solución tajante, coordinada y a tiempo. Entonces, la tardanza en la reacción puso incluso en peligro la supervivencia de la moneda única. Ahora, además de la dolorosa pérdida de vidas humanas, la pasividad de la UE apunta a una estampida sanitaria, en forma de cierre de fronteras y acaparamiento de bienes esenciales.

La pandemia ya ha provocado la introducción de controles fronterizos en Austria, anunciados este martes a Bruselas; la prohibición de entrada de personas procedentes de Italia en Hungría o el veto en España a los vuelos desde aeropuertos italianos. La Comisión Europea ha tenido que redoblar la vigilancia para evitar que algunos países, como Alemania, restrinjan indebidamente la exportación dentro de la UE de suministros sanitarios de primera necesidad durante la crisis, como los respiradores. E Italia, el país más golpeado por la epidemia con 12.462 infectados y 827 fallecidos, ha tenido que recurrir a China para proveerse de mascarillas.

“El hecho de que cada una de las 27 capitales esté adoptando medidas dispares no genera tranquilidad en la ciudadanía”, reconoce una fuente comunitaria a la vista de la dispar gestión de una crisis que, en un principio, se había considerado casi exclusivamente italiana.

“En una o dos semanas, si la evolución actual se mantiene, será imposible negar la necesidad de adoptar una posición común más o menos potente”, vaticina otra fuente europea tras la fallida cumbre europea celebrada a distancia el pasado martes.

Las pantallas del Consejo Europeo en la primera cumbre de la historia de la UE celebrada por videoconferencia simbolizan a la perfección el temor y la impotencia de los líderes comunitarios ante la mayor crisis sanitaria de las últimas décadas. La cumbre virtual expuso tanto la reticencia de los líderes a verse en persona en un momento de creciente contagio del Covid-19 como el choque frontal entre los partidarios de una contundente respuesta europea y los que prefieren dejar correr el tiempo con la esperanza de que crisis remita por sí sola.

La alineación de los bandos es casi idéntica a la de hace una década y solo cambian algunos de los protagonistas. La Francia de Emmanuel Macron encabeza, sin éxito, al grupo que defiende un estímulo fiscal coordinado que mitigue, al menos, el impacto económico de una crisis sanitaria cuyo coste humano ya se anuncia inevitablemente muy elevado. En el campo contrario, y con los mismos argumentos que en la crisis financiera, campea la canciller alemana, Angela Merkel, al frente de los países que sospechan que los gritos de París y compañía son solo el enésimo intento de relajar la disciplina fiscal y de forzar el trasvase de recursos presupuestarios del norte hacia el sur.

El previsible choque durante la cumbre se saldó con una vaga promesa de coordinación y con un plan de la Comisión Europea para acelerar el desembolso de unos fondos estructurales (por valor de hasta 25.000 millones de euros) presupuestados desde 2014. De poco sirvió que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, advirtiera de que, sin medidas que contrarresten la recesión, “veremos un escenario como el de la gran crisis financiera de 2008”, según una cita recogida por Bloomberg.

Pese al aviso de Lagarde, los socios del norte pisaron el freno y pidieron tiempo. Según las fuentes consultadas, solo aceptaron la relajación del Pacto de Estabilidad, un extremo confirmado este miércoles por la canciller alemana, Angela Merkel. “Obviamente, no vamos a pedir a un país como Italia que no invierta en su sistema de salud solo para que no incumpla las reglas de endeudamiento”, señaló.

Merkel incluso se mostró dispuesta a relajar el rigor presupuestario en Alemania, donde impera el déficit cero. La canciller alemana indicó que se adoptarán las medidas necesarias para combatir la crisis y “solo después veremos lo que suponen para nuestro déficit”.

Fuentes francesas insisten en que no basta con que cada país afronte las consecuencias de la crisis económica con sus propios recursos. París desea un plan coordinado que combata el impacto de una sacudida con múltiples ramificaciones (desde la posible parálisis de la cadena industrial a la drástica caída del turismo) y de imprevisible duración.

Cuestión de solidaridad

“No es un problema de políticas fiscales sino de solidaridad”, apunta Alicia García Herrero, del think tank Bruegel. Pero la posición francesa a favor de esa solidaridad no avanzó un ápice en una cumbre cuyo único resultado tangible fue el tímido plan de la Comisión para acelerar el desembolso de fondos estructurales y desviarlos a los sectores más afectados.

Los mercados ni siquiera tomaron nota de esa oferta económica. Y la falta de acuerdo entre los 27 era tan evidente que, al mismo tiempo que celebraban la teleconferencia, varios de los Gobiernos participantes preparaban el cierre de fronteras con Italia o la prohibición de entrada de personas procedentes del país transalpino. “Y no deja de ser llamativo y doloroso, que el único país que haya acudido en socorro de Italia haya sido China”, lamenta una fuente comunitaria.

Bruselas confía en retomar la iniciativa el lunes en la reunión del Eurogrupo, en la que el comisario europeo de Economía, el italiano Paolo Gentilloni, presentará una batería de medidas para aliviar el impacto económico de la epidemia. Gentiloni, que no oculta su impaciencia, urgió a la UE a “hacer todo lo que sea necesario y posible”. “Si no ahora, ¿cuándo?”, se preguntó.

Joaquín Almunia, comisario europeo de Economía durante el inicio de la crisis de 2008, considera imprescindible “que se garantice la liquidez de bancos y empresas, porque algunas pueden pasarlo muy mal”. El excomisario también aboga por que la Comisión Europea asuma “un papel de coordinación que visualice ante el ciudadano la respuesta común ante la crisis sanitaria, más allá de las competencias reales de cada institución”.

García Herrero coincide en que “es esencial evitar un momento Lehmann Brothers, y para ello el BCE debería firmar líneas de crédito con la Reserva Federal o, incluso, el Banco de Inglaterra”. Pero teme que la reunión de los ministros de Economía de la semana que viene se salde de nuevo “con una imagen terrible de desunión en la Unión Europea”.

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