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Columna
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Los sistemas de renta mínima a debate

Sin esta herramienta estamos dejando de lado a una parte de la sociedad que nace con menos oportunidades

Tomás Ondarra

La Gran Recesión ha tenido consecuencias devastadoras, dejando a parte de la población en una situación de pobreza, riesgo y/o exclusión social y poniendo en evidencia algunas deficiencias del Estado de Bienestar. Como Luis Ayala mencionaba en este mismo medio hace unos días, la crisis ha dejado cicatrices en forma de desigualdad que difícilmente se van a reducir con el ritmo de creación de empleo actual. Al mismo tiempo, la globalización y los trepidantes cambios tecnológicos generan innumerables incertidumbres sobre el futuro del empleo y disparan el número de retos a los que se enfrenta la sociedad. Existe consenso en que, ante este futuro incierto, hay potenciales ganadores, pero también grandes perdedores, y el futuro que depara a este último colectivo es sombrío. Todo ello ha situado a la renta básica universal (RBU), así como los sistemas de renta mínima (RM) en el centro del debate público y político.

No existe una única definición de renta básica universal, pero todas tienen un denominador común, que es, como su propio nombre indica, la universalidad. La RBU consiste en una transferencia monetaria pagada regularmente y sin fecha fin a todas las personas, sea cual sea su situación económica y social, el tamaño del hogar en el que vivan o su voluntad de trabajar. Es decir, a diferencia de otras ayudas, ésta es incondicional, pues no está sujeta a la situación de las personas beneficiarias. La implementación de una renta básica de estas características en España hoy supondría una restructuración prácticamente total del sistema fiscal actual, con incrementos generalizados muy sustanciales en la mayoría de impuestos. Además de estos cambios directos, sería necesario considerar otros efectos secundarios todavía impredecibles en el comportamiento de la ciudadanía. Actualmente, en ningún país se ha implantado plenamente la RBU, aunque en algunos países, como Finlandia, Kenia, Brasil o EE UU se están llevando a cabo algunos proyectos piloto de pequeña envergadura para conocer su potencial impacto.

Por otra parte, los sistemas de renta mínima, también conocidos como renta mínima de inserción o renta garantizada, son transferencias monetarias condicionadas, pues se otorgan a personas que cumplen una serie de condiciones, principalmente no tener ingresos suficientes para alcanzar un mínimo nivel de vida. La RM puede ser compatible con una situación de empleo, en la que se percibe un salario, siempre que éste sea insuficiente para salir de determinado umbral de pobreza. Para quien no tiene un empleo, la recepción de la RM suele ir acompañada de políticas activas que logren su inserción laboral. Al igual que la RBU, se trata de una transferencia periódica, pero en este caso, la fecha fin sería el momento en que se dejaran de cumplir los requisitos exigibles, preferiblemente, haber logrado la inserción laboral con un salario suficiente para superar el umbral de la pobreza.

Sin duda, el objetivo principal de la RM es que toda la ciudadanía alcance, al menos, un nivel de ingresos que le permita cubrir sus necesidades básicas. Para lograr este objetivo es necesario otorgar a todos aquellos hogares que no alcancen el umbral establecido, sea éste el que fuera en función de las posibilidades de gasto, ayudas en las que se tenga en cuenta el tamaño del hogar —añadiendo, por tanto, una determinada cantidad por cada miembro adicional—. Sólo de esta manera este instrumento será eficaz y equitativo en la lucha contra la pobreza, especialmente la pobreza infantil. En la mayoría de los sistemas de renta mínima actuales, no se contempla este elemento, lo que produce inequidades notables para los hogares con dos niños o más.

Adicionalmente, para que se pueda cumplir el objetivo de la inserción laboral es necesario diseñar una herramienta con ciertos elementos indispensables. El primero de ellos es un sistema de estímulos al empleo para quienes reciben la ayuda, de manera que ante una posible oferta laboral siempre sea preferible la opción de aceptarla. Esto se consigue si la cantidad total percibida ante un eventual empleo, que es la suma del salario más la prestación, supera la cantidad percibida en ausencia del empleo (únicamente la prestación). Sin esta figura existe el riesgo de que las personas perceptoras de renta mínima caigan en lo que la reciente premio Nobel de Economía, Esther Duflou, denomina “trampa de la pobreza”, perpetuando su situación como perceptores de la ayuda y alejándose cada vez más del mercado laboral.

El segundo elemento indispensable para que la RM sea de facto una ayuda temporal es que la activación sea constante y eficaz. Para ello es necesario una orientación personalizada, que diseñe los itinerarios de formación más adecuados para cada persona atendiendo a sus competencias y, sobre todo, a la demanda del mercado. Esto requiere, en primer lugar, una modernización de los servicios públicos de empleo y, en segundo lugar, un sistema de bonificaciones a las agencias de colocación que premie claramente la inserción laboral plena.

Una renta mínima con estímulos al empleo y eficaz activación laboral es sin duda necesaria en nuestra sociedad. En primer lugar, para combatir la lucha contra la pobreza y, en particular, la pobreza infantil. Pero, en segundo lugar, para luchar contra la exclusión laboral, ya que la falta de un empleo digno es el mayor foco de desigualdades sociales. De hecho, la necesidad de contar con servicios eficaces de formación/adecuación laboral no debe restringirse únicamente a quienes perciben la RM, sino a la ciudadanía en su conjunto, incluyendo a las personas que ya tienen un empleo. Las sociedades más modernas ya cuentan con instituciones, tanto públicas como privadas, eficaces y ágiles para la adaptación laboral de las personas ante el rápidamente cambiante mercado de trabajo. Y éste es, sin duda, el camino a seguir.

Para terminar, sería muy positivo que toda la ciudadanía entendiera un sistema de renta mínima como el expuesto como un apoyo temporal que cualquier persona tiene a su disposición ante una situación de vulnerabilidad económica. Es una herramienta que existe en sociedades modernas e inclusivas y que refuerza el estado de Bienestar. En su ausencia estaremos dejando de lado a una fracción de la sociedad que nace con menores oportunidades sociales y laborales.

Sara de la Rica y Lucía Gorjón trabajan en la Fundación Iseak

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