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ANÁLISIS i

América Latina en su laberinto

Las protestas en varios países de la región son una oportunidad para que los políticos arbitren medidas para impulsar el crecimiento y reducir la desigualdad

Una ola de protestas ha estado sacudiendo América Latina en los últimos meses. El aumento del malestar social ha generado manifestaciones masivas en países como Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. Y un eventual contagio empieza a preocupar en otras partes de la región.

¿Por qué la población en estos países ha decidido salir a las calles a protestar? Hay muchos motivos, y varían según el país, pero la mayoría de los analistas parece estar de acuerdo en incluir entre ellos la falta de conexión entre los partidos políticos y la ciudadanía, las expectativas crecientes de las nuevas clases medias, la baja calidad de los servicios públicos y, principalmente, la elevada desigualdad económica.

Si bien todas estas variables son, efectivamente, importantes a la hora de analizar la situación, no puede pasar desapercibido el hecho de que las multitudinarias protestas se han multiplicado precisamente en un contexto de bajo dinamismo económico: el PIB latinoamericano se ha expandido a un ritmo medio anual de menos de 1% desde 2014, en contraste con la expansión de 4% al año registrada entre 2004 y 2013. Asimismo, las protestas fueron más escasas y menos significativas durante los años de crecimiento elevado, a pesar de que la desigualdad fuera entonces más alta que ahora, probablemente porque las expectativas de la población de una mejora se iban cumpliendo, aunque de forma gradual.

Para reducir el malestar social y mejorar la calidad de vida de la población, los Gobiernos en América Latina deben, por lo tanto, poner en marcha no solo reformas para reducir la desigualdad, sino también políticas para aumentar el crecimiento. En el pasado, las políticas activas de redistribución quedaron, en cierta medida, olvidadas, pero tratar ahora como secundarias las políticas de promoción del dinamismo económico puede ser igualmente dañino.

La buena noticia es que crecimiento y desigualdad no están necesariamente en enfrentamiento. La creciente evidencia general y el ejemplo de la región en el anterior ciclo de expansión respaldan la idea de que ambos se autorefuerzan. En este sentido, políticas que reduzcan la informalidad, aumenten la productividad y mejoren la eficiencia del gasto fiscal y social, estando bien diseñadas, generarán un efecto positivo tanto en el crecimiento como en la distribución de los ingresos.

Las protestas incrementan la incertidumbre sobre el futuro de América Latina. Existe el riesgo de que originen disrupciones políticas y económicas. Y prepresentan una oportunidad para que se adopten medidas que mejoren la institucionalidad democrática, reduzcan las disparidades económicas y sociales, y promuevan el dinamismo. Hacerlo en un entorno global que se augura difícil no es sencillo, pero es fundamental para que la región encuentre la salida del laberinto en el que se encuentra.

Enestor Dos Santos, de BBVA Research

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