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El BCE extiende el pesimismo sobre el crecimiento europeo a todo 2019

Draghi condiciona la posible ayuda a los bancos por los tipos negativos a un deterioro de la situación económica

Mario Draghi traga saliva y espera. Después del bombazo de marzo, cuando anunció que los tipos de interés seguirían a cero más tiempo del previsto, este miércoles se dio un respiro. El presidente del BCE no sacó de su chistera ninguna medida. Prefiere ganar tiempo para recabar más información sobre la declinante actividad económica e intervenir cuando se confirme que la desaceleración ha llegado para quedarse. Draghi no quiere correr, pero el tono sombrío va ganando peso en su discurso. Ya deja claro que el frenazo en la eurozona se va a sentir durante todo 2019. E insiste en que tiene lista una amplia gama de herramientas para afrontar las dificultades que puedan llegar.

Mario Draghi, presidente del BCE, el 27 de marzo en una conferencia en Fráncfort (Alemania).
Mario Draghi, presidente del BCE, el 27 de marzo en una conferencia en Fráncfort (Alemania). REUTERS

"Los últimos datos siguen mostrando una evolución débil, especialmente en el sector manufacturero. [...] Dado que el impacto de estos factores está resultando más prolongado, se espera que la ralentización del ritmo de crecimiento continúe durante este año", decía el comunicado que salió de la reunión del Consejo de Gobierno del BCE.

El organismo ya no confía en un repunte en el segundo semestre del año. Pese a que Draghi sigue asegurando que ve "poco probable" una recesión en la eurozona, es innegable que mes a mes, reunión a reunión, las señales de alarma y el tono de preocupación van ganando peldaños. Y esta semana ha ofrecido buenos motivos para ello.

La amenaza proteccionista subió el martes un escalón con la amenaza del presidente de EE UU, Donald Trump, de imponer sanciones a productos de la UE por valor de 11.000 millones de dólares (algo menos de 10.000 millones de euros). Los riesgos de un Brexit salvaje aumentan por la incapacidad del Reino Unido de salir de su propio laberinto político. Y el FMI acaba de rebajar las previsiones de crecimiento global para este año al 3,3% —la más baja desde 2009—, y las de la eurozona al 1,3%. El BCE ya había hecho lo mismo en marzo, cuando dijo que prevé un alza de solo el 1,1%. Los coqueteos con la recesión de gigantes europeos como Alemania o Italia abundan en el pesimismo.

Draghi afirmó este miércoles que en la reunión del Consejo de Gobierno no se había tratado una medida que estas semanas se ha convertido en la comidilla del mundo financiero: el posible alivio de los tipos negativos con los que el eurobanco castiga a los bancos por aparcar sus fondos en las arcas del BCE. Este tipo de depósito (-0,4%) lleva en territorio negativo desde junio de 2014 y este año costará a las entidades europeas 7.500 millones de euros.

Sin guiños a los bancos

El propio Draghi sugirió dos semanas atrás algún tipo de mejora para reducir los efectos perjudiciales sobre la banca de los tipos negativos, un problema sobre el que las entidades europeas se quejan cada vez de forma más abierta. La banca muestra su preocupación por un entorno de rentabilidad a la baja y una coyuntura económica que no hace más que empeorar.

"Estudiaremos si, para preservar las implicaciones favorables de los tipos de interés negativos, es necesario mitigar sus posibles efectos secundarios, si es que existen", aseguró el jefe del BCE. El italiano cree que aún es "demasiado pronto para actuar" tanto para anunciar medidas que aligeren la carga sobre la banca de los tipos negativos como para ofrecer más detalles de las inyecciones de liquidez al sector financiero anunciadas el mes pasado. Y añadió que la decisión se tomará en una "próxima reunión". Sugería así que la reunión del próximo 6 de junio, en la que además se actualizarán las previsiones de crecimiento para la eurozona, es la elegida para disparar nueva munición.

A los bancos: más ajustes y menos quejas

Los bancos ya no se molestan en ocultar su enfado con Mario Draghi. La asociación alemana de banca calcula que las entidades europeas sufren por culpa de los tipos negativos un sobrecoste de 50.000 millones de euros respecto a sus colegas de EE UU. Pero estos argumentos parecen impresionar poco al presidente del BCE. Draghi respondió este miércoles  que en la baja rentabilidad del sector influye mucho más su falta de ajustes que las decisiones de política monetaria que se toman en Fráncfort.

"El sistema bancario europeo está saturado. La necesidad de consolidar es muy, muy significativa. Parte de su debilidad se debe a su sobrecapacidad en número de empleados y oficinas", lanzó el jefe del BCE. Draghi admitió que la rentabilidad de los bancos europeos es inferior a la de los estadounidenses, pero recordó que es equiparable a la de los japoneses y superior que la de los británicos. "Y en el Reino Unido no tienen una tasa de depósito negativa", añadió el hombre al que aún le quedan siete meses al frente del eurobanco.

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