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El BCE retira estímulos pese a la rebaja en sus previsiones de crecimiento

El PIB de la eurozona subirá este año un 1,9% en lugar del 2% previsto, según el Eurobanco

Mario Draghi, presidente del BCE, en la conferencia de prensa celebrada el jueves en Fráncfort.

“Confianza continuada con una creciente precaución”. Con este trabalenguas resumió ayer Mario Draghi su lectura del empeoramiento de la coyuntura económica en los últimos meses.

Frente a lo ambiguo de las palabras, la contundencia de las cifras: el Banco Central Europeo (BCE) ha rebajado ligeramente las previsiones de crecimiento. Según sus pronósticos, el PIB de la eurozona crecerá este año un 1,9%, en lugar del 2% previsto en septiembre, y el próximo lo hará un 1,7% frente al 1,8% pronosticado. Es solo una décima de rebaja, pero muestra a las claras que las cosas van a peor.

Draghi no quiso sonar alarmista. En un ejercicio de equilibrismo, el italiano que lleva siete años al frente del BCE admitió que “el balance de los riesgos se desplaza a la baja debido a la persistencia de incertidumbres relacionadas con factores geopolíticos, la amenaza del proteccionismo, las vulnerabilidades en los países emergentes y la volatilidad en los mercados financieros”. Dicho esto, aseguró que los riesgos que rodean a la unión monetaria se pueden considerar todavía como “equilibrados”.

El vigor de la demanda doméstica sigue dando alas a la expansión mientras que el mercado laboral da síntomas de fortaleza, con subidas de sueldo en la mayor parte de las economías del euro, recordó Draghi. Pero, una vez más, a estas buenas noticias siguieron las malas: la contribución decreciente de la demanda externa “podría sugerir que se aproxima un crecimiento de la economía más lento”, añadió.

También hay nuevas previsiones de inflación. El BCE ve alejarse el 1,7% que pronosticaba para el próximo año —cercano al objetivo de un aumento de los precios en una tasa inferior pero próxima al 2%—; y cree que la inflación se quedará en el 1,6%. Este año, sin embargo, la tasa crece hasta el 1,8%, influida por las subidas del precio de petróleo en los nueve primeros meses de 2018.

El empeoramiento de las perspectivas coincide con el fin de los estímulos por valor de 2,6 billones de euros que Draghi ha inyectado en la economía en los últimos cuatro años. Esto ha hecho que algunas voces reclamaran al BCE que alargara un poco más su plan de ayudas, pero hace tiempo que en Fráncfort se había puesto fecha de caducidad al programa de compra de activos y si hay algo que valora un banco central es su credibilidad ante los mercados.

En un intento de restar importancia a las dificultades, Draghi recordó que algunos de los riesgos más preocupantes, como la nueva oleada proteccionista o la amenaza de una crisis en Italia, responden a factores que pueden cambiar de un día para otro. Así, la retórica de guerra comercial entre China y EE UU ha remitido en los últimos días. En Fráncfort esperan que sea un síntoma de que los peligros para la economía también pueden diluirse.

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