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Argentina paga intereses de casi el 75% para sostener al peso

El Banco Central absorbe pesos por 11.153 millones de dólares para reducir la masa monetaria

Pizarra de cotización del peso frente al dólar en una casa de cambios en el centro de Buenos Aires.
Pizarra de cotización del peso frente al dólar en una casa de cambios en el centro de Buenos Aires. Reuters

Argentina ha logrado contener esta semana la devaluación de su moneda, pero a un costo altísimo. El Banco Central ha pagado hasta el 73,3% de interés para que los bancos no destinen su dinero al dólar y apuesten por el peso argentino. A cambio les ha entregado letras de liquidez, que llamó Leliq, un bono de vencimiento semanal que es la nueva estrella de la política monetaria del Gobierno de Mauricio Macri. El plan oficial es que las Leliq absorban toda la cantidad posible de pesos y achiquen la base monetaria para reducir una inflación que este año se acercará al 50%, y que destruye el valor de la moneda argentina. El Banco Central se comprometió a no emitir moneda y desde el lunes, cuando se inició el plan, absorbió pesos por el equivalente a 11.153 millones de dólares. “Si no hay emisión, no hay pesos para comprar dólares”, resumió al inicio de la semana el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

El derrumbe del peso, y con ello la subida imparable de la inflación, son el lastre de la economía argentina. En junio pasado, Macri obtuvo un rescate financiero del FMI por 50.000 millones de dólares, a los que sumó otros 7.000 millones de dólares el 26 septiembre pasado. La huida de dólares hacia las tasas más tentadoras que ofrece Estados Unidos fueron un duro golpe para las economías emergentes. La fuga de divisas puso en evidencia la vulnerabilidad de Argentina, dependiente del financiamiento externo para cubrir su rojo fiscal. El primer acuerdo con el FMI fue pronto insuficiente y el nuevo rescate quedó condicionado a un duro ajuste fiscal y monetario.

El plan de contracción monetaria es obra del nuevo director del Banco Central, Guido Sandleris, asumido en el cargo tras la renuncia de Luis Caputo, un hombre del riñón presidencial considerado “el Messi de las finanzas” por su formación como inversor en Wall Street. Caputo basó su estrategia de contención del dólar con subastas sorpresivas de reservas internacionales, que resultaron un fracaso. Cuando dejó su puesto, un día antes del segundo acuerdo con el FMI, el peso había perdido más del 50% de su valor desde enero. Sandleris cambió el plan: el Banco Central canjeará pesos por bonos y no emitirá moneda. A cambio, la economía se enfriará, el dólar estará contenido y la inflación, que este año superará largamente el 40%, bajará, según las previsiones del equipo económico argentino. El costo del plan está claro: tasas de interés por las nubes y más recesión por el derrumbe del crédito y el consumo y las ganancias extraordinarias de las inversiones financieras.

El lunes, cuando el Banco Central encendió la aspiradora de pesos, se necesitaban 41,71 pesos por cada dólar. El viernes alcanzaron 38,90 pesos. El peso recuperó terreno frente al dólar pero, al mismo tiempo, la tasa de interés de las Leliq pasó de 67,7% el lunes a 73,3% el viernes. Ha sido una victoria pírrica. “Un éxito de este programa sería que estabilizara el dólar y bajara las tasas al final. Si se estabiliza el dólar, pero las tasas no bajan, el patrimonio del Banco Central se derrumba. Por eso el programa tiene que funcionar con rapidez”, dijo Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres y Asociados.

El éxito dependerá de cuánto tiempo pueda sostener el Banco Central argentino la política de tasas altas. El plan cuesta hoy 23 millones de dólares por día, en concepto de intereses pagados a los bancos. La tasa pública se derrama además sobre todo el sistema privado. Los plazos fijos pagan más del 40% de interés anual y el descubierto en cuenta corriente está por encima de 74%, un porcentaje insostenible para las empresas que necesiten crédito. El ministro Dujovne ya advirtió que Argentina enfrenta meses de recesión económica y que este año la caída del PIB estará por encima de los dos puntos. El escenario no parece propicio para el crecimiento.

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