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¿Qué ha cambiado Bolonia?

Más grados bilingües, mejor rendimiento, mayor movilidad. Son algunas de las cuestiones en las que han avanzado las universidades españolas al adaptarse a Europa

La Universidad Carlos III ha habilitado zonas de paso para trabajar en grupo.
La Universidad Carlos III ha habilitado zonas de paso para trabajar en grupo.

Bolonia como puerta de entrada, acelerante, excusa, trampolín o legitimación —“No lo decimos nosotros, lo dice Europa”— de una transformación en teoría profunda de la Universidad española. Es la idea que subyace en todas las reflexiones que tratan de responder a la pregunta de qué ha cambiado con el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) pero de verdad, más allá de las novedades formales, del grado y del crédito europeo como unidad de medida. Han pasado ocho cursos desde que España culminó su adaptación al nuevo escenario, en 2010-2011. “Hemos logrado un ajuste claro de la oferta con la demanda de estudios”, han crecido los grados bilingües, ha mejorado el rendimiento y se ha incrementado la movilidad, todo en un contexto de crisis y “con unos recursos financieros insuficientes”, valora Roberto Fernández, presidente de CRUE Universidades y rector de la de Lleida. Entre las asignaturas pendientes figura la internacionalización. Y “hay voces críticas que piensan que no se ha abordado en profundidad el asunto de las metodologías”, admite.

“En contenidos, la enseñanza universitaria es buena; el defecto está en las metodologías educativas. Era el gran cambio y no hemos avanzado”, lamenta Francisco Michavila, director de la Cátedra INCREA y flamante director ejecutivo de la Universidad Franco-Española (UFRES). Porque para hacerlo hay que invertir, cosa que no se ha hecho, ni en tecnologías educativas ni, sobre todo, en formación y recursos para el profesorado, la clave si de lo que se trata es de trabajar de otra manera. Al contrario, la crisis cerró el grifo de las contrataciones y la sequía ha agostado los claustros, dejándolos mermados y más envejecidos. “Creo que nos libramos en parte porque nos adelantamos a la adaptación a Bolonia; cuando arreció la crisis, teníamos todos los cambios arquitectónicos hechos”, hace memoria Isabel Gutiérrez, vicerrectora de estudios de la Carlos III (UC3M), la primera en lanzarse, hace 10 años (en 2008-2009), con todos los títulos a la vez.

Clases más pequeñas

Esa “osadía” ayudó a la UC3M a ser unos de los primeros campus de excelencia de España y a que sus notas de corte subieran de manera “brutal”: los estudiantes querían entrar en una titulación ya adaptada a Europa. “Los indicadores se dispararon, y eso nos trajo recursos para terminar la implantación de manera efectiva”, prosigue Gutiérrez. Clases más pequeñas para fomentar la participación; zonas de paso habilitadas para trabajar en grupo —“Siempre hay gente por los pasillos”, hace notar la vicerrectora—; evaluación continua que pone más el acento en las competencias y habilidades; títulos en inglés y bilingües; una mayor cobertura de prácticas laborales. “Bolonia nos ayudó a hacer explícitos nuestros modelos docentes; a poner al estudiante en el centro de aprendizaje, lo que representó un cambio de perspectiva; y, en consecuencia, a reconfigurar y analizar el valor del docente no como transmisor de conocimientos, sino como facilitador de aprendizaje”, resume Cristina Gelpí, vicerrectora para proyectos de docencia de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Han surgido nuevas formas de acompañamiento y ha aparecido la figura del tutor o mentor.

IE University nació con todo eso ya en su mochila, con títulos bolonios desde el principio y con la movilidad como aspecto clave, como destaca su decano, Salvador Carmona. Su metodología es la del caso, lo que permite el debate; las clases no tienen más de 55 alumnos, que trabajan en grupo y aprenden unos de otros. El 67% de los estudiantes de nuevo ingreso matriculados en IE University en 2017-2018 eran internacionales, una diversidad en absoluto generalizada en los campus españoles. “Nos sentimos muy orgullosos de ser el primer país de Europa en entrada y salida de erasmus, pero, más allá de las estancias cortas, tenemos uno de los porcentajes de alumnado extranjero más bajos de Europa”, alerta Michavila, que anima a las universidades españolas a forjar alianzas para ofrecer dobles titulaciones y a concurrir a proyectos europeos.

Romper la dinámica

“Bolonia fue el empujón sin el que nuestra apuesta por la innovación docente no se hubiera dado en el mismo periodo de tiempo, ni con la misma intensidad”, reconoce Amelia Díaz, vicerrectora de ordenación académica y docencia de la Universidad de Barcelona (UB), una de las grandes y la mejor situada de entre las españolas en los rankings internacionales. Formación de profesorado, incorporación de las TIC, renovación pedagógica continua, según enumera la vicerrectora, que siente especial orgullo por RIMDA, un proyecto institucional que permite a los profesores investigar (que al final es lo que cuenta para sus carreras) sobre su propia docencia y publicar en revistas especializadas, “rompiendo así la dinámica de que solo investigan en docencia los de Educación”.

La inserción laboral (con un acompañamiento personalizado que tiene en cuenta las competencias y habilidades del estudiante) es otra de las grandes apuestas. “Nos queda redefinir la presencialidad, incorporando las posibilidades de la tecnología, y seguir mejorando en la acción tutorial, con especial énfasis en el paso de secundaria a la Universidad”, avanza Díaz.

Con los datos en la mano

Las cifras del Ministerio, las de CRUE Universidades y las propias. Con todo esto encima de su mesa, el experto en gestión universitaria Juan Antonio Hernández Armenteros analiza qué ha significado Bolonia. Por ejemplo, en atracción de alumnado extranjero. “Se ha mejorado, pero sigue siendo baja”. Las estadísticas del Ministerio, más optimistas que las de CRUE, hablan de un 4% de internacionales en los grados. “La Carlos III o la Pompeu Fabra han hecho un esfuerzo y presentan índices de internacionalización por encima de la media”, acota.

En cuanto a la empleabilidad, calcula que realizan prácticas un tercio de los alumnos que potencialmente deberían hacerlas. El rendimiento académico ha subido 15 puntos y el abandono ha bajado 4, pero no tanto por una mejora de la metodología como por una mayor información previa respecto al grado, la subida de precios desde 2012, las dificultades del mercado laboral y la caída de los ingresos familiares. “Es triste, pero la crisis ha influido positivamente en el comportamiento académico”, concluye.

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