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Independizarse no significa ser independiente

El 24% de los jóvenes emancipados asegura que sus ingresos mayoritarios provienen de sus padres, 10 puntos más que en 2008. Bajos salarios, precio del alquiler y estudiar más tiempo, algunas de las causas

Isabel Herrera, estudiante de un master en Madrid, que se ha independizado con la ayuda económica de sus padres.
Isabel Herrera, estudiante de un master en Madrid, que se ha independizado con la ayuda económica de sus padres.

Alberto García y su hermano mellizo, Manuel, se fueron de casa de sus padres en Trujillo (Cáceres) con 18 años para estudiar una carrera. Ocho años después, con 26, uno estudia en Madrid y otro trabaja en Barcelona, pero los dos tienen algo en común: necesitan la ayuda económica de sus progenitores para mantenerse. Y no son los únicos. En España, el 24% de los jóvenes emancipados asegura que sus ingresos mayoritarios vienen de los padres o algún otro familiar, una cifra que en 2008 se situaba en el 14%, según el Estudio de la Juventud de 2016 del Ministerio de Sanidad que entiende como jóvenes aquellos de edades entre 15 y 29 años.

"Irse de casa de los padres no implica necesariamente una independencia económica total. Hay un aumento de los jóvenes que se independizan que siguen dependiendo de los ingresos de la familia", asegura el doctor en Sociología y profesor de la Universidad de Sevilla, Antonio Echaves. Para él, emanciparse es "una estrategia familiar". "La familia ayuda porque entendemos que hay que prepararse, estudiar y tener los máximos títulos posibles para en un futuro poder enfrentarse al mercado laboral desde una posición mejor", comenta. Es el caso de Alberto García, que cursa un grado en Fisioterapia, su segunda carrera universitaria, y no cuenta con ingresos. A él sus padres le pagan el piso y le dan dinero para gastos, al mes un total de "unos 600 o 700 euros".

"Nunca he sido totalmente independiente de mis padres porque no he podido trabajar las horas suficientes como para serlo. Mi carrera, entre prácticas y teoría, no me lo permite", comenta. Alberto García aprovecha los veranos como socorrista para costearse sus "caprichos": "Consigo unos 2.000 euros entre julio y agosto, pero ¿qué haces todo un año en Madrid con esa cantidad?". Según Idealista, en España el precio del alquiler medio aumentó un 24% en el último año. Este es uno de los motivos por los que en España los jóvenes se van más tarde de casa, con 29 años, tres por encima de la media europea. "El coste del acceso a una vivienda supone un porcentaje altísimo del salario de las personas jóvenes, por lo que buscan otras estrategias de emancipación como pisos compartidos o la ayuda de los progenitores", explica Jorge Estévez, doctorando en la Universidad Autónoma de Madrid en cuestiones laborales, de ciudadanía y juventud.

Alberto García es económicamente dependiente porque continúa estudiando, pero su hermano Manuel tiene un trabajo en una tienda de ropa en Barcelona. Sin embargo, el sueldo, unos 560 euros más comisiones al mes, no le da para vivir. "El piso me lo pago yo e intento costearlo todo, pero mis padres me pueden llegar a dar entre 100 y 300 euros cuando voy muy apurado". El contrato de Manuel García es de media jornada y se renueva cada tres meses, pero ha conseguido un trabajo en otra tienda en el que va a ganar unos 1.000 euros. "Espero no tener que seguir necesitando la ayuda de mis padres, pero es un puesto que depende mucho de la temporada, y las comisiones son una parte importante del sueldo", explica.

Precisamente, uno de los factores que dificultan la independencia de los jóvenes son los sueldos: su salario medio bruto al mes de los jóvenes en 2016 era de 1.029,3 euros, 848 por debajo de la media. En 2008, esta diferencia era de 600 euros, y el salario bruto medio de estos grupos de edad se situaba en 1.173,6, según el INE. Además, según Eurostat, en el 2016 el 72,9% de los jóvenes con trabajo tenía un contrato temporal en España, mientras que la media de la Unión Europea era de 43,8%. "Trabajar y tener que pedirle dinero a tus padres es frustrante porque ves que te estás matando, con horarios sacrificados y es poco agradecido. Es terrible", sentencia Manuel García. El Estudio de la Juventud 2016 afirma que el 79,1% de los jóvenes (sin hacer distinción entre emancipados o no) recibe algún tipo de ayuda económica de los progenitores, aunque no sean sus ingresos mayoritarios, frente al 52,1% de 2008.

El profesor Echaves asegura que esto es algo que "ha pasado siempre", a su entender, debido al papel importante que hay de la familia en la sociedad española y la falta de políticas sociales públicas de vivienda, laborales y de emancipación. "En los últimos años y con la crisis, se ha acentuado, pero se mantiene una tendencia que va a continuar funcionando en el futuro. Los padres siempre han acompañado a sus hijos económicamente, solo que antes era más para comprar el piso, el aval, dinero para amueblar la casa… ", explica. Por su parte, Estévez recalca que estas ayudas "no son solo directamente económicas". "Mucha gente se lleva comida de casa de sus padres o les cuidan a los hijos y se ahorran la guardería", explica.

A Isabel Herrera, una chica de Tenerife de 24 años que estudia un máster de dirección internacional del Turismo en Madrid, sus padres le aseguran que depender de ellos económicamente "es ley de vida" y lo aceptan como tal. Ella ha pasado de vivir con ellos y tener su propio dinero, a vivir sola con ayuda de sus padres —unos 650 euros mensuales— después de que se le terminaran sus ahorros. “Si les digo que me siento mal, me dicen que ya se lo devolveré y que si es algo en lo que ellos me pueden ayudar, pues que qué van a hacer, son mis padres” explica agradecida. Herrera se consuela con que ahora ellos ya solo la mantienen a ella, y no a su hermana. "Antes con las dos les suponía más esfuerzo, ahora están mejor y pueden cenar fuera alguna vez", comenta sobre sus progenitores, uno taxista y la otra farmacéutica.

Para Echaves esta situación tiene consecuencias psicológicas, sociológicas y de autoestima para los jóvenes. "No entienden que han alcanzado la vida adulta porque les falta algo fundamental, independencia económica", añade. Alberto García coincide con su teoría y asegura no sentirse “completamente adulto”. "Es triste que con 26 años tenga que seguir dependiendo de mis padres, me siento fatal". Es por ello por lo que cuando termine la carrera en unos meses, piensa trabajar "de lo que sea", aunque no pueda ser de lo que ha estudiado, todo sea por poder quitarles la carga a sus progenitores. Y por ser, al fin, "completamente adulto".

Los jóvenes españoles en datos

  • Renta media neta: 9.373 euros anuales (INE)
  • Salario medio bruto: 1.029,3 euros mensuales (INE)
  • Tasa de paro: 33,9% (Eurostat)
  • Tasa de temporalidad en el empleo: 72,9% (Eurostat)
  • Tasa de emancipación: 19,5% (Consejo de la Juventud de España)
  • Edad media de emancipación: 29 años (Eurostat)

Cifras de 2016

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