Así funciona un ‘ecofestival’ de música

Los grandes eventos veraniegos suponen un reto para la sostenibilidad

Que si un mini de cerveza, que si el envoltorio de la sagrada segunda cena de las cuatro de la mañana, que si la botellita de agua para combatir el calor que marea en pleno agosto... Hay mucha basura que limpiar en los festivales de música. En concreto, en la 23ª edición del Rototom Sunsplash, un evento de corte reggae celebrado en Benicasim (Castellón) entre el 13 y el 20 del pasado agosto, se produjeron 24 toneladas de desechos de todo pelaje. La cantidad se dispara si contamos el centenar de festivales de verano que acontecen en España, en los que cerca de un millón y medio de personas generan miles y miles de kilos de residuos. Sin movernos de Castellón, el FIB, decano de estos encuentros, dejó a su paso más de 200 toneladas de basura en cuatro días. Cifras similares a las del Low Festival o el Bilbao BBK Live, otros dos grandes que juegan en la misma liga.

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¿Cómo conseguir entonces que en el Rototom, por el que pasaron más de 200.000 personas en ocho días, sea sostenible y no cause impacto ambiental? Fabrizio Fasano, organizador del evento, enumera algunas cualidades de su festival: “Cambiamos las luces del escenario por luces led [que consumen menos]. También utilizamos el agua de las duchas para rellenar los tanques de los váteres, le damos un doble uso. Así hemos reutilizado unos 10.000 m3. El transporte lo contratamos con la empresa más cercana. Y el año pasado plantamos 160 plantas”.

Acciones que, combinadas con la cada vez más habitual recogida selectiva de basura en estos recintos (en el Rototom se desplegaron más de 330 contenedores y papeleras amarillas y azules), logran minimizar la huella humana que se le supone a una celebración multitudinaria y con un público dispar. Sobre esa diversidad incide Cristina Muñoz, responsable de comunicación de Ecoembes, gestora del reciclaje en el festival: “Según nuestros estudios, la población mayor de 55 años es la que más separa y la que más claro tiene qué va a cada contenedor. Con los niños también hay una gran sensibilización porque lo ven desde pequeños en el colegio. Sin embargo, tenemos ahí a los millennials que parece que les cuesta más, y a por ellos queremos ir en su hábitat natural, como pueden ser estos eventos”.

El plan verde lo redondea la filosofía cívica del Rototom, de la que Fasano se enorgullece tras tantas ediciones: "Aquí le damos un input al público para que cada uno después en su casa desarrolle un proyecto de vida más sostenible"

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