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Europa se prepara para una larga era de tipos de interés cero o negativos

Los expertos convocados por el BCE creen que el precio del dinero seguirá muy barato hasta 2021

Adair Turner, del Institute for New Economic, y la vicepresidenta del Bundesbank, Claudia Buch
Adair Turner, del Institute for New Economic, y la vicepresidenta del Bundesbank, Claudia Buch REUTERS

Europa afronta una era prolongada de tipos de interés reales muy bajos o negativos, entre el 0 y el menos 2%. Durará cinco años más, hasta 2021, concluyen los expertos reunidos por el Banco Central Europeo (BCE) en su conferencia anual. Así que los usuarios de crédito cantarán albricias; los ahorradores, maldiciones; y el conjunto de la sociedad, entonará lamentos, pues los tipos bajos indican crecimiento lánguido, en el que toda sorpresa multiplica la vulnerabilidad. Pero hay paliativos, como emitir masivamente activos seguros.

Bastantes consumidores de crédito a largo plazo están de enhorabuena. Seguirán beneficiándose de la era de bajos tipos de interés reales, vigentes desde hace casi un quinquenio.

Por el contrario, los que pudieron ahorrar y los jubilados que se fabricaron un rincón para cuando pintaran canas, seguirán perjudicados al obtener rendimientos solo simbólicos de su hucha.

Así que la historia va por barrios. Pero su parte más oscura afecta a todos: los intereses rayanos en cero, o incluso negativos, son un peligroso síntoma del “estancamiento secular” al que están sometidas las economías avanzadas (y que amenaza a las ahora retranqueantes emergentes). Casi todas ellas flirtean con una inflación fronteriza con la deflación de precios y con unos índices de crecimiento a veces notables (más del 2% en EE UU) pero siempre vulnerables.

¿Cuánto durarán los tipos reales a largo plazo (10 años) en su actual nivel-cerca-de-cero de los principales activos financieros, como el bono alemán o el holandés?

Por lo menos “durante mucho tiempo, cinco años más, hasta 2021”, como calculan los economistas franceses Pierre-Olivier Gourinchas y Hélène Rey en un informe encargado por el BCE para su conferencia anual en Sintra, junto a Lisboa.

Hace apenas tres semanas el BCE alumbró sus previsiones sobre los tipos básicos a corto: el euríbor a tres meses seguirá en el 0,3% negativo, al menos hasta 2018, una décima menos que la anterior estimación. Y la deuda a largo, oscilaría del 0,9%, al 1,4% en 2018.

Pues el cálculo de ahora sobre los tipos reales aprieta las tuercas en igual sentido, y durante mayor plazo.

Las bases académicas del trabajo Gourinchas-Rey echan raíz en la historia, en un indicador adelantado: la relación consumo/riqueza se contrae al compás de las recesiones.

El mecanismo funciona así, detallan: la crisis genera desapalancamiento, “las familias se desendeudan, consumen menos; las empresas también; los Estados reducen su gasto; todos se dedican a ahorrar lo que pueden; la demanda de activos financieros flojea, y su rentabilidad cae por los suelos”.

Un ciclo de 10 años

Esta secuencia suele desparramarse durante un decenio. Ocurrió entre 1929 y 1939. Y ahora el punto más bajo fue 2011, la segunda fase de la Gran Recesión. Así que el desplome de los intereses durará a contar desde esa fecha “durante los siguientes diez años”, lo que dificultará el retorno a la prosperidad en las economías desarrolladas.

Otros factores contribuyen, además del desapalancamiento, a ese escenario: el más lento progreso tecnológico, que reduce la productividad marginal del capital; la caída de la fertilidad y el aumento de la esperanza de vida, que conducen al envejecimiento, expectativa que induce un mayor ahorro; o la “creciente demanda de activos seguros”, considerados libres de riesgo, que recorta su precio.

Otros banqueros centrales y académicos asumieron la previsión, sustentada en trabajos previos como los de Larry Summers o los de Barry Eichengreen. Así, el australiano David Vines destacó como otro factor la “baja confianza de consumidores e inversores” y subrayó que la “consolidación [austeridad] fiscal agrava el problema”. Y el economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, bendijo todos los componentes causantes de los tipos bajos apuntados.

Una encuesta instantánea a los 150 participantes rubricó su cuasi unanimidad en ese asunto. Los tipos bajos durarán de dos a cinco años, opinó el 43% de los encuestados. Llegarán a cinco, sostuvo el 42%.

¿Cómo paliar sus efectos negativos? Emitir un activo seguro europeo para toda la UE; establecer mecanismos para que las pérdidas sean ordenadas (quitas); impulsar la unión de mercados de capitales; y vigilar más a los bancos de los países centrales del euro, los más diseminadores de la Gran Recesión, se apuntó. Buenos hilos en busca de mejor aguja.

Claro que este nuevo escenario de tipos bajos durante largo tiempo implica un revolcón a las prácticas de la banca. Pues como apuntó el profesor Andrew Sheng (de Hong Kong) “¿qué cliente está dispuesto a pagar un porcentaje del 1,5% por los servicios de los bancos, cuando ni siquiera los recupera con los intereses bajísimos que le ofrecen a cambio?”.

Es el meollo del negocio bancario lo que está en cuestión: cuál es el valor razonable y honesto de la intermediación cuando los tipos rozan, por arriba y por abajo, el cero. Y más si salen competidores tecnológicos procedentes de las telecos o los grandes servidores.

Si el modelo declina, con él también lo hace la regulación financiera, ya anticuada. Aunque desde la crisis haya fortalecido a la banca: la capitalización de las entidades europeas ha saltado del 4% al 12%, resumió la vicepresidenta del Bundesbank, Claudia Buch. Lo que quedó en la niebla fue la enorme debilidad del Deutsche Bank y varios colegas italianos. Los pasillos sí se hacían eco de ese estentóreo silencio.   

No a los bonos nacionales en los bancos; sí a los eurobonos

Prohibir a la banca que compre bonos soberanos de su propio país de origen, porque eso concentra riesgo, consolida el peligroso bucle entre deuda privada y pública y facilita muy poco el surgimiento de un sistema financiero europeo transnacional.

Es lo que defendió ayer lord Turner, antiguo y prestigioso jefe de la Autoridad de Servicios Financieros británica. Se alineaba en esto con las pretensiones de Alemania, y contra el Sur, los balances de cuyos bancos están ahítos de bonos nacionales.

Pero el imaginativo lord fue novedoso, ora cal, ora arena. Propuso que “a cambio” se creeen los eurobonos. Y se sustituya buena parte de los bonos nacionales por los europeos. Con ello existiría ese activo seguro, libre de riesgo, por el que tantos claman y que beneficiaría igual a la Europa rubia que a la morena.

Así que todos los bancos podrían comprar eurobonos, pero no bonos nacionales. Estos quedarían como activos locales con riesgo, aptos para ricos y ahorradores valientes. Británicos con estas ideas parecen indispensables.