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REPORTAJE

Turistas para combatir la pobreza

La ONU destaca el impacto del sector turístico para impulsar la economía de los países en desarrollo

Un turista extranjero baila en el festival de Shikara en octubre de 2012 en Srinagar (India)
Un turista extranjero baila en el festival de Shikara en octubre de 2012 en Srinagar (India) AFP

Cada día, tres millones de personas hacen la maleta y emprenden un viaje turístico a un país distinto del suyo. Mil millones de personas al año, según la Organización Mundial de Turismo (OMT), que dejaron en sus destinos 1,1 billones de euros en 2015. Esta industria representa el 10% del PIB mundial, el 7% de las exportaciones globales y emplea a uno de cada 11 trabajadores del planeta. Y las previsiones apuntan que el negocio será cada vez mayor debido al consumo de estos servicios de la creciente clase media en países emergentes. Tanto es así que los lideres mundiales de 107 naciones congregados en el I Foro Mundial de Turismo para el Desarrollo, celebrado en Pekín esta semana, observan en esta actividad una oportunidad para erradicar la pobreza, así como impulsar las economías de los países en desarrollo, preservar el medio ambiente y promover la paz.

"El turismo, bien gestionado, puede crear empleo decente, proporcionar oportunidades de educación y ayudar a proteger el medio ambiente y el patrimonio cultural. Además de generar comprensión entre diferentes culturas", señaló Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, en una carta leída por Wu Hongbo, subsecretario de este organismo. El compromiso de afrontar estos retos quedó por escrito en la Declaración de Pekín que contempla, entre otras intenciones, tomar medidas políticas para favorecer "la igualdad e inclusión de minorías marginalizadas y desfavorecidas, especialmente mujeres y jóvenes", apoyar a los pequeños comercios locales y el ecoturismo.

"Debido al bajo nivel de desarrollo que teníamos en China, muy pocos podían viajar. Algunos estaban encerrados en sus pueblos remotos. Pero en los últimos años, las condiciones de vida están mejorando y muchos chinos hacen turismo, que ha pasado de ser un lujo a un producto de consumo diario", destacó vehemente el primer ministro chino, Xi Jinping. De hecho, el país asiático es el que más visitantes emite al extranjero, con 120 millones el pasado año. Y es el segundo receptor, por detrás de Estados Unidos y delante de España y Francia.

La cuestión clave, según los expertos, es cómo se va a gastar cada dólar que se dejan los turistas

Pero el Gobierno chino considera que aún puede y debe mejorar para acoger a más viajeros, sobre todo, en áreas rurales. "En el campo chino todavía vive mucha gente en situación de pobreza, pero tienen ricos recursos naturales y pueden aprovechar el turismo para cambiar su situación económica, y además ampliar su visión del mundo y cambiar su mentalidad", anotó el mandatario. Por eso, añadió, la inversión del Estado para promoción del turismo aumentó 40% en 2015 respecto al año anterior, y alcanzó 1.000 millones de yuanes (136,5 millones de euros). Para los próximos años, Li Jinzao, responsable del turismo de China, anunció que su gabinete impulsará 50 programas con 1.500 becas para formar personal administrativo y guías en lengua china que puedan atender a sus ciudadanos en destino.

En este sentido, José Gustavo Santos, ministro del ramo en Argentina, apuntó que "la gran obra del turismo es que llega donde no llega ningún otro de los sectores económicos", siendo el único negocio posible para poblaciones remotas en situación de precariedad. Y, por su arte, también anunció un proyecto de construcción de infraestructuras en el norte del país —"que está diez veces menos desarrollado que el resto del territorio", dijo— para que empresas privadas exploten la zona y fomentar las visitas de viajeros y contribuir así al objetivo nacional de pobreza cero.

"Pero, ¿cómo hacemos en la practica para que los ciudadanos, las comunidades, sean quienes se beneficien de las ganancias que genera el turismo?", preguntaba incisivo Martin Barth, presidente del Foro de Turismo de Lucerna (Suiza). La respuesta común de los mandatarios fue que la creación de empleo beneficia a las personas. "Tiene que ser trabajo endógeno", puntualizó Santos.

La surcoreana Dho Young-Shim, presidenta de la organización ST-EP de la ONU, de turismo para erradicación de la pobreza, matizó: "No hablamos de ayudar a clases medias, sino a la gente más abajo. La cuestión es cómo se va a emplear el dólar que deja el turista. ¿Se va a quedar en un hotel lujoso o va a llegar a la gente? ¿Se usará el dinero, por ejemplo, para vacunar?". Ella misma daba la respuesta: "Tiene que haber redistribución de los beneficios". Una tarea, dijo, que compete a los distintos niveles de la administración mediante la imposición de tasas y legislación conveniente.

En opinión de la viceministra de Economía de Georgia, Ketevan Bochorishvili, es crucial, además, promocionar el emprendimiento. "No se trata solo de trabajar para otros, sino que la gente cree su propio empleo". Para ello, apeló a la creatividad de las instituciones públicas para incentivar a las comunidades a que desarrollen sus propios negocios. "Hasta ahora, solo hemos pensado en la innovación para atraer más turistas", criticó. "En mi país, tenemos proyectos de microcréditos para que la gente pueda lanzar sus ideas de pequeños comercios y servicios".

Los Gobiernos deben apoyar que los ciudadanos monten sus propias empresas ligadas a esta industria

Más allá de las declaraciones de buenas intenciones, durante las jornadas se expuso la necesidad de medir el impacto real del turismo en la reducción de la pobreza. No siempre se crea empleo digno y estable, y las amenazas son numerosas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya alertaba en su Guía Práctica sobre la Reducción de la Pobreza a través del Turismo, de 2011, de los riesgos de la extrema dependencia del turismo para las poblaciones que, en caso de desastres o caída drástica de visitantes por situaciones de violencia, terrorismo o climáticas, quedan desamparadas. Bien lo saben en Egipto, donde la inestabilidad y la sensación de inseguridad para los visitantes había lastrado al sector y que, a falta de saber las causas del accidente de Egypt Air, no parece que vaya a remontar en el corto plazo. "El ministro de Turismo me llamó inmediatamente porque la siguiente reunión del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo tendrá lugar en Luxor en noviembre", revela Taleb Rifai, secretario general de este organismo. Ante el temor del mandatario egipcio porque se pudiera anular el evento, Rifai le respondió: "De ningún modo. Iremos allí y le diremos al mundo: Venid. Mirad, nosotros estamos aquí".

"Ningún país del mundo es seguro ahora. Y es nuestro cometido que, cuando algo así ocurre, ayudemos a los países afectados", dice Rifai. Por eso llama a que los Gobiernos no adviertan a sus ciudadanos para no ir a determinados destinos, sino todo lo contrario y apoyar que el turismo se recobre pues, además, "aumenta la comprensión entre los pueblos". Una lógica que también se debe aplicar cuando los terremotos, tsunamis o huracanes arrasan con todo en países con una economía precaria y altamente dependiente de los viajeros. "La mayoría de países tienen planes de crisis, pero normalmente no incluyen el turismo en ellos". Una tarea pendiente que desde la OMT están tratando de acometer junto con los Estados.

Riesgos asociados

En cuanto a riesgos asociados a malas prácticas como el turismo sexual o la explotación laboral, comunes en países pobres, como indicaba el informe de la OIT, Rifai es tajante: "Tenemos un Código de Conducta que han suscrito más de 1.000 actores turísticos del mundo (aerolíneas, agentes de viaje, hoteles). Pero además los gobiernos tienen que legislar con contundencia contra ellas. Y castigar a quienes cometan ilegalidades. Sin olvidarnos de hacer campañas para sensibilizar a los visitantes". Otra asignatura que, de momento, a la luz de los datos, todavía está por aprobar. Según un informe de la organización Ecpat, de 2008, que la entidad asegura todavía en vigor, explica que son muy pocos los turistas sexuales ocasionales arrestados, juzgados y sentenciados.