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La OPEP exhibe su división y no logra un pacto sobre la oferta de petróleo

El cartel petrolero seguirá bombeando 30 millones de barriles diarios pese a la entrada de Irán en el mercado mundial de crudo y la reincorporación de Indonesia a la organización

El ministro del Petróleo saudí, Ali I. Naimi, atiende a la prensa al inicio de la 168º reunión de la OPEP.
El ministro del Petróleo saudí, Ali I. Naimi, atiende a la prensa al inicio de la 168º reunión de la OPEP. EPA

El mercado mundial de petróleo seguirá inundado durante, al menos, los seis próximos meses. La última cumbre del año de la OPEP terminó este viernes sin acuerdo sobre el techo de producción de crudo de sus Estados miembros, que permanecerá en 30 millones de barriles diarios. Lejos de reequilibrar oferta y demanda para hacer aumentar los precios, tal y como pretendían los productores menos eficientes del cartel, el ritmo de inyección de petróleo permanecerá estable hasta la próxima reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a mediados de 2016. Se impone, de momento, la postura del segundo productor mundial, Arabia Saudí, que ha defendido con uñas y dientes su cuota exportadora frente a la pujanza de Estados Unidos.

Ni el precio, en niveles históricamente bajos; ni la demanda, que no termina de despegar arrastrada por la débil recuperación occidental y las crecientes dificultades en los emergentes; ni las súplicas de los productores menos eficientes, que piden a gritos una reducción de la oferta para que el crudo vuelva a un nivel de cotización asumible. Arabia Saudí, apoyada por un inesperado aliado, Irán, no da su brazo a torcer. La OPEP desoyó este viernes las súplicas de los socios que abogan por una reducción sustancial de la oferta para presionar los precios al alza y no se movió ni un ápice de su hoja de ruta.

Así, el nivel de bombeo actual permanecerá inalterado en los primeros meses de 2016 pese al empacho global. La moderación en el mensaje de las autoridades saudíes, que en las últimas semanas se habían mostrado dispuestas a adoptar una solución que satisficiese a los descontentos, se queda, por tanto, en eso, un mero cambio de tono.

De la reunión celebrada este viernes en Viena, más larga de lo habitual y, a tenor de las declaraciones de sus participantes, mucho más tensa, se extraen varias conclusiones. La primera y más evidente es su fragmentación y acelerada pérdida de influencia. Con su desacuerdo, los 12 Estados miembros expusieron al resto del mundo su incapacidad para acordar una senda común, ya sea para aumentar o reducir la oferta. “Muchos sostienen desde hace tiempo que la OPEP está muerta; hoy, el propio organismo lo ha confirmado”, resumió Jamie Webster, especialista en energía de la consultora IHS, en declaraciones a Bloomberg.

En su seno conviven dos puntos de vista: de un lado, los países del Golfo, con Arabia Saudí a la cabeza, se niegan a rebajar su producción de crudo por el temor a perder posiciones en el mercado tras la irrupción de EE UU como indiscutible líder global gracias al fracking. Del otro, un ramillete de países —en el que destaca la presencia de Venezuela y Ecuador—, abogan por un recorte de la producción que presione al alza los precios y que observan con frustración su incapacidad para imponer sus tesis sobre su todopoderoso socio saudí. La decisión sobre un aumento o reducción del límite máximo de producción queda pospuesta hasta junio, cuando los socios volverán a sentarse a la mesa. Por el camino surgen dos incógnitas con nombre propio: Indonesia e Irán.

Vuelve Indonesia

Tras más de seis años de ausencia por decisión propia, el país sudasiático regresó este viernes a la OPEP, que deberá acomodar su producción anual —de casi dos millones de barriles diarios— en su techo de oferta total. La República Islámica, por su parte, apura los plazos para reintegrarse plenamente en el mercado mundial tras el levantamiento de las sanciones y elevará sus exportaciones en más de un millón de barriles en 2016. Persisten, además, las dudas sobre si el cartel cumplirá o no con el límite autoimpuesto. El mes pasado lo superó con creces, al bombear 31,4 millones de barriles al día.

La indecisión de la OPEP sobre el techo de producción augura un arranque de 2016 marcado por la sobreoferta y los precios bajo mínimos. En el último año y medio el barril de brent,el de referencia en Europa, ha perdido más de la mitad de su valor. Este viernes, tras conocerse la discordia en el seno del cartel, prolongó su caída y bajó de los 43 dólares por barril. El muro de los 40 dólares, inexpugnable desde principios de 2009 —en plena Gran Recesión—, aparece ahora en el horizonte como una mínima valla fácilmente superable. Incluso algunos, como el banco de inversión Goldman Sachs, ven los 20 dólares a tiro. Se cumplan o no estos pronósticos, como gran vencedora de la sacudida en el mapa petrolero emerge una Europa harta de estímulos monetarios y falta de estímulos fiscales, que tiene en la fractura interna en la OPEP un inesperado aliado para reencauzar su todavía maltrecha economía.

Grandes diferencias en el coste de producción

“Tenemos que vender petróleo tanto si sigue bajando como si vuelve a los 100 dólares por barril”. La frase, pronunciada el pasado verano por el ministro de Petróleo iraní, Bijan Zanganeh, resume a la perfección la situación a la que se ven abocados todos los países exportadores de crudo: aunque los precios sigan bajando, necesitan seguir produciendo crudo para mantener sus economías a flote. Sin embargo, el grado de afectación no es simétrico y está directamente asociado con el coste de producción de cada barril de petróleo. Y ahí, países como Angola, Nigeria o Venezuela tienen todas las de perder.

Las diferencias son abismales. Según las cifras más recientes de la consultora Rystad Energy, al país africano, el menos eficiente de la OPEP, producir un barril le cuesta de media más de 35 dólares, cada vez más cerca del precio de cotización del Brent. En Nigeria, por su parte, el coste unitario asciende a casi 32 dólares y en Libia y en Venezuela, supera los 23. Lejos quedan las petromonarquías del Golfo Pérsico. En Arabia Saudí, extraer un barril de crudo costaba a mediados de este año menos de 10 dólares, una cifra similar a la de Qatar. Aún inferior es el registro de Kuwait: 8,5 dólares por barril.

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