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El desafío fiscal de las Américas

La lucha contra la evasión fiscal es clave para paliar los desequilibrios que acarrea la región

Son tiempos de estancamiento económico para Latinoamérica y si la región pretende continuar con la tendencia de la década pasada de revertir la desigualdad más elevada del mundo, ya no podrá depender tanto de la abundancia de recursos sino de su mejor redistribución. Así opina José Antonio Ocampo, economista colombiano, profesor de Harvard y coautor con el Nobel Joseph Stiglitz del libro Tiempo para una mano visible: lecciones de la crisis financiera mundial de 2008. Y si es cuestión de repartir, Latinoamérica continúa con dos asuntos pendientes clave: el impuesto a la renta, que es uno de los tributos que más se defrauda y de los que menos pesa en la estructura de recaudación de los países, y las contribuciones a la Seguridad Social, cuyo incumplimiento deja en el empleo informal al 46,8% de los latinoamericanos.

En el libro Desigualdad, concentración del ingreso y tributación sobre las altas rentas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte sobre la pérdida de peso del impuesto sobre la renta en la región en las últimas décadas por tres razones: los bajos tipos máximos (rondan entre el 25% y el 35%, por debajo de Alemania, Reino Unido o España), el alto nivel de deducciones y exenciones; y el elevado fraude. Los tipos máximos en el mundo desarrollado se aplican a las personas que ganan entre tres o cuatro veces más que la cifra del PIB per cápita de sus países, pero en Latinoamérica solo lo abonan aquellos que ingresan nueve veces más que la renta personal media.

Diferencias en la zona

En este sentido, Argentina, Brasil y México gravan como los países desarrollados, mientras que Chile, Colombia, Perú y Venezuela apenas aplican los tipos máximos. Pero además “en los hechos las personas acaban pagando un tipo del 10% medio y las corporaciones, a veces nada, por las exenciones y la elusión”, según Susana Ruiz, experta de la ONG Oxfam Intermón. “El que está cerca del poder económico hace el diseño tributario a su medida”, denuncia Ruiz. Las exenciones al impuesto a la renta alcanzan el 3,6% del PIB chileno y el 2,5% de la riqueza nacional mexicana. En otras grandes economías de la región suponen menos del 2%.

Un estímulo para el pago de impuestos

Uno de los motivos del fraude tributario en Latinoamérica radica en las pobres prestaciones de los servicios públicos. Y a su vez estos ofrecen poca calidad en muchos países porque la recaudación impositiva es baja. “Los ciudadanos latinoamericanos son conscientes de que deben pagar impuestos pero el problema estriba en que no confían en el Estado, en su neutralidad y profesionalidad para administrar bien esos ingresos. Una encuesta realizada por Latinobarómetro evidenciaba que el 79% de los ciu-dadanos no cree que eldinero de los impuestos vaya a ser gastado correctamente”, advierte la consultora Llorente & Cuenca en un informe.

Por eso, Llorente & Cuenca propone un “pacto fiscal” que rompa “ese círculo vicioso de no pagar impuestos porque los servicios prestados por el Estado son ineficientes y su administración incapaz de controlar el fraude”. La consultora opina que “si el ciudadano percibe que se beneficia de la provisión de bienes y servicios públicos por parte del Estado, los gobiernos ganarán en legitimidad y disminuirá el desprestigio de las instituciones políticas y del Estado, pues finalmente la forma como el gobierno gaste los recursos públicos determinará en gran parte su nivel de legitimidad y su derecho a demandar más ingresos a los contribuyentes”.

El fraude del IVA en Latinoamérica (20% del potencial de recaudación) es similar al de los países europeos, pero en el impuesto a la renta aparecen grandes diferencias. En 11 países europeos, la evasión del tributo a las sociedades alcanza el 28,7%, frente al 54,2% latinoamericano. En el IRPF, la brecha es de 33% contra 46,8%. “Los asalariados no se pueden escapar del impuesto. El resto se sale del pago. Hay infradeclaración de las rentas altas y subsisten problemas graves en la administración pública”, critica Ruiz, de Oxfam.

“El impacto redistributivo [del impuesto a la renta] es muy limitado como consecuencia de los bajos niveles de recaudación”, lamenta el libro de CEPAL. En la mayoría de los países latinoamericanas, este tributo apenas baja el coeficiente de Gini de desigualdad de ingresos 0,01 puntos [el nivel 1 indica la mayor desigualdad y el 0, la menor]. Solo en México la reduce 0,03 y en Brasil, 0,02, pero en Panamá y Venezuela la mantienen en los mismos niveles previos a la recaudación del gravamen.

En Latinoamérica, el impuesto a la renta supone el 5,5% del PIB regional. En los países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 11,6%.

Baja recaudación

Ricardo Martner, experto de CEPAL, detalla los motivos de la baja recaudación de este gravamen en América Latina: “Primero, por la economía informal que llega al 70% en algunos países, por la menor capacidad de control. Segundo, porque desde la década de los noventa bajaron las tasas del impuesto y se multiplicaron las exenciones, por ejemplo, a la renta de capital, que tributa menos que la renta del trabajo. Esto se atribuye a la globalización y a la dificultad para seguir la renta dentro de un pais”. Martner lamenta que el 1% de los latinoamericanos más ricos controla el 20% de la renta, en lugar del 10%, como en países desarrollados. “Tienen ingresos altos porque pagan pocos impuestos… Hay que convencer a las sociedades de que contribuyan de acuerdo con sus ingresos”, sugiere el especialista.

Los medios por los que las compañías pagan pocos impuestos son diversos, según Dâo Real, especialista de la Red de Justicia Fiscal de América Latina y el Caribe. “Las grandes compañías aumentan sus costes o reducen su facturación manipulando los precios de sus exportaciones e importaciones con filiales suyas en otros países, de modo de tributar donde el sistema les sea más favorable, por ejemplo, en paraísos fiscales. Las pymes, en cambio, usan mecanismos más simples: no hacen la factura de parte de su negocio”, explica Real. Además, “como los países son muy dependientes de la inversión extranjera, dan muchos beneficios fiscales para atraerlas y entonces se amplía la presión tributaria sobre las rentas más bajas y el consumo”, agrega el especialista del organismo panamericano.