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La economía de Bolivia busca el mar

La salida al Pacífico, además de ser un tema de soberanía, es vital para el crecimiento

Comerciantes bolivianos protestan por la prohibición de importar coches usados.
Comerciantes bolivianos protestan por la prohibición de importar coches usados. REUTERS

Bolivia sueña con el agua salada del Océano Pacífico. Desde hace más de un siglo, el país, enclaustrado en el corazón de Sudamérica, reclama a Chile una salida “soberana” al mar. La controversia fronteriza ha dejado varias huellas en el camino a pesar de que la nación andina dispone desde 1904 —año en que se firmó el Tratado de Paz entre ambos países— de un libre tránsito de mercancías y personas por el territorio que perdió en la Guerra del Pacífico, conflicto que opuso a Bolivia y Perú aliados contra Chile (1879-1884).

Hace más de dos años, La Paz llevó el caso a la Corte Internacional de Justicia de la Haya. El pasado septiembre el Tribunal aceptó la solicitud para decidir si Chile se tiene que sentar a negociar. La petición de Bolivia va más allá de un sentimentalismo irredento. El objetivo es dar un impulso a una economía que, pese a haber vivido un espectacular crecimiento económico logrado en la última década (una media del 5% anual), siente que puede escalar posiciones en el continente gracias a nuevas oportunidades marítimas.

“Una salida soberana implicaría un importante aumento de los intercambios educacionales y culturales y un mayor beneficio económico”, afirma Jorge Magasich, catedrático de historia contemporánea en el Institut des Hautes Etudes des Communications Sociales de Bruselas. De acuerdo con Naciones Unidas, los países sin acceso al mar experimentan una desaceleración de la tasa de crecimiento económico. El organismo internacional indica que el avance real del producto interior bruto (PIB) per cápita en las naciones en desarrollo sin litoral es incluso más bajo que el promedio de aquellas calificadas como menos adelantadas. Nueve de los 12 últimos países en la escala del Índice de Desarrollo Humano son naciones sin litoral, entre ellos Malí, República Centroafricana, Burundi o Chad.

Litoral y riqueza

Las expectativas no son conservadoras. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, recalcó, durante una conferencia el pasado julio en la Universidad de Chile, que el país pudo haber crecido un 2% más en la última década. “En el caso de que Bolivia tuviera mar, la economía estaría creciendo a un 7% de media, que es un tipo de crecimiento asiático”, aseguró. El político añadió durante su ponencia que un mejor desenlace económico acrecentaría el bienestar de un país (con 10,6 millones de habitantes) donde el 45% de la población vive en condiciones de pobreza.

La economía de Bolivia busca el mar

“Bolivia tiene acceso al mar”. Esta ha sido la respuesta chilena ante el reclamo. Su argumento está fundamentado en el tratado de 1904, en el que Chile reconoce a favor del país andino la perpetuidad y el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico. El acuerdo, y varios instrumentos suscritos posteriormente entre las dos naciones latinoamericanas, permiten a Bolivia gozar de autonomía aduanera en los puertos de Arica y Antofagasta (al norte de Chile), en donde el Gobierno de Evo Morales tiene su propia autoridad aduanal y dicta los aranceles y tasas de importación. Además, obtiene preferencias tarifarias y facilidades de almacenamiento.

El Gobierno de Morales dice que el país elevaría el PIB al 7% anual teniendo costa

Pese a gozar de estos privilegios, el Gobierno de Morales se mantiene en su posición de negociar una salida soberana al Pacífico. En el Libro del Mar —documento editado en 2014 en donde se resume la argumentación boliviana y su derecho a una parte de litoral— detalla toda una serie de obstáculos relacionados con el hecho de que sean las autoridades chilenas las encargadas de las infraestructuras. En particular, menciona sobrecostes derivados del cobro de impuestos, controles discrecionales en las cargas con destino a Bolivia y lamenta la intervención de actores privados en la gestión de las obligaciones asumidas con La Paz.

Según información proporcionada por la cancillería chilena, la conveniencia para Bolivia de los acuerdos suscritos es reafirmada por la “fuerza de los hechos”. “Sólo por el puerto de Arica, Bolivia transfiere más del 40% del comercio que se origina o está destinado a países no vecinos. Para este mismo puerto, el comercio boliviano representa más del 80% del total de carga que mueve”, detalla Chile. Además, asegura que el conjunto de estos beneficios y privilegios de libre tránsito de los cuales dispone el país andino le cuestan al Gobierno de Michelle Bachelet cerca de 100 millones de dólares anuales.

Chile sostiene que su vecino puede exportar con facilidad gracias al Tratado de 1904

Bolivia, sin embargo, ve el vaso medio vacío. Tomando como base datos del Banco Mundial, La Paz indica que sus exportaciones por contenedor son un 55,7% más caras que las chilenas y un 60% más que las de Perú. Además, resalta que su flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) es inferior frente a otras regiones del país con litoral. La resolución del caso entre Chile y Bolivia, que se ha planteado en la Haya, tardará algunos años en resolverse. En el supuesto de que se obligue a Chile a negociar, el Tribunal Internacional no podrá intervenir sobre el resultado que derive. A pesar de ello, el pueblo boliviano ya piensa en un reencuentro con el mar que tuvo, que perdió y que muchas generaciones añoraron con recobrar.

Himno reivindicativo

La Paz nunca ha reivindicado abiertamente recuperar los 400 kilómetros de litoral y los 120.000 kilómetros cuadrados de costa que perdió en la Guerra del Pacífico hace 136 años. Sin embargo, en su Himno al Litoral, que se canta en todos los actos oficiales de Morales, reivindica Antofagasta, convertida en la principal ciudad del norte de Chile. “Antofagasta, tierra hermosa/ Tocopilla, Mejillones junto al mar/con Cobija y Calama/otra vez a Bolivia volverán”, dice el cantico que da detalle de las ciudades de la zona y que expresa el sentimiento de amputación de los bolivianos.

Renunciar a este territorio, según la información del Gobierno boliviano, ha significado una gran pérdida de recursos naturales. Al norte de Antofagasta (en Calama) se ubica la mina de cobre de Chuquicamata, la más grande a cielo abierto del mundo. Aunado a ello, en esta zona existen otros recursos naturales como litio, plata y reservas de gas natural, producto en el que está sustentada la economía andina, pues las ventas al exterior de este hidrocarburo acaparan el 53% del total de las exportaciones del país.

“Este territorio es clave para ambos países. Pero es complicado y casi imposible que Chile otorgue una salida soberana”, comenta Juan Carlos Martínez Lázaro, experto económico para América Latina del IE Business School. El enroque de posiciones al que se ha llegado ya tiene efectos. “Bolivia y Chile pierden. Las relaciones comerciales que tienen están por debajo de su potencial”, argumenta Magasich. “Lograr un acuerdo entre las dos partes sería benéfico para impulsar el intercambio entre ambas naciones”, concluye.