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España se suma a la fiebre del dron

Andalucía suma dos aeródromos, Galicia quiere un tercero, y las pymes se asocian a universidades para invertir e investigar

de izda a dcha: José María Pulido (Ingeniero de Control de Vuelo), Tobias Webster (Director del Proyecto), Salvador Fernandez (Ingeniero de Plataformas).
de izda a dcha: José María Pulido (Ingeniero de Control de Vuelo), Tobias Webster (Director del Proyecto), Salvador Fernandez (Ingeniero de Plataformas).

El ambiente es tan inequívocamente británico que la cafetería acoge un piano de consola y una batería, los alumnos y los profesores visten de uniforme (pantalón negro y camisa blanca) y el inglés inunda los 45.000 metros cuadrados de un campus con 14 aulas, 8 simuladores, 29 aeronaves y 222 habitaciones. Ese es el escenario de un rincón de Jerez, pegado a su aeropuerto, donde se ubica el FTE (Flight Training Europe), la mayor escuela de pilotos de Europa. Allí se forman los aviadores de British Airways, Emirates o Qatar Airways entre otras compañías. También controladores de vuelo. Y, desde hace algún tiempo, operadores de drones. Sí, drones.

El dron es tecnología punta con aspecto de juguete. Es una aeronave no tripulada. Es también una herramienta: un ojo con inmensas propiedades o un brazo articulado. Un robot que vuela, en definitiva. Alrededor suyo está naciendo una industria civil donde pequeñas empresas españolas quieren interpretar un papel protagonista. El sector reconoce que España vive una fiebre del dron.

Prueba de ello es que la Universidad de Cádiz (UCA) ha tomado la iniciativa de ofrecer el primer curso de “experto universitario en vehículos no tripulados y sus aplicaciones civiles” que se imparte en España. Será un curso, online y presencial, de 5 meses, que permite también obtener la licencia para pilotar estos artefactos (“actualmente, hay 419 licencias en España”, explica Miguel Caparrós, uno de los inspiradores del curso). Los alumnos se formarán en la escuela de pilotos de Jerez. “Intentamos darle herramientas a universitarios que estén interesados en un mundo que se abre ante nosotros. Les vamos a contar lo que se puede hacer”, explica el director del curso, Luis Barbero, catedrático de Geología y Petrología.

Investigación del CATEC

Lo que se puede hacer con los drones es un mundo abierto a la imaginación y a la tecnología. No muy lejos de Cádiz está el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (CATEC) de Sevilla, donde la investigación sobre aviones no tripulados ocupa el trabajo de varios ingenieros en proyectos europeos, entre ellos una especie de brazo articulado aéreo. Y más al norte, en Jaén, está situado el primer centro europeo de vuelos experimentales (Atlas), con un espacio aéreo restringido de 900 kilómetros cuadrados. Es decir, el primer aeródromo para drones. En Huelva se inaugurará dentro de unos meses una instalación similar para el proyecto Ceus, en colaboración con el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). Y la Xunta de Galicia quiere instalar un centro parecido en Rozas (Lugo). ¿A qué se debe esta explosión? “En la industria aeronáutica los papeles ya están establecidos, pero no en este sector, donde se puede trabajar en otras escalas, sin necesitar grandes inversiones. Está todo por hacer”, explica Antidio Viguria, portavoz de CATEC.

En el aeródromo de Jaen experimentaron por primera vez en España el vuelo automático de 20 kilómetros con un prototipo de 45 kilos que desarrolla una velocidad de 130 kilómetros por hora. La prueba se realizó el pasado mes de enero. Se trata del Atlantic, cuyo piloto automático está diseñado por UAV Navigation, con sede en Madrid. “Hemos pasado de una fase de uso por organizaciones del Estado (uso militar) a una explosión de su uso civil y particular”, explica Tobias Webster, el jefe de operaciones, el único británico en una empresa con 22 ingenieros españoles. “España va bastante bien. No es usual que haya empresas punteras en sectores tan tecnológicos”.

UAV Navigation desarrolla entre otras tecnologías una pequeña caja de 180 gramos que es un piloto automático capaz de controlar la navegación de una aeronave para ocho pasajeros, desde que despega hasta que aterriza. “Solo hay ocho empresas en el mundo que desarrollen esta tecnología”, explica Webster. La empresa nació, al más puro estilo cibernético, en un garaje, cuando se juntaron tres ingenieros, uno de ellos aeromodelista, para desarrollar aeronaves no tripuladas. Ahora factura más de cinco millones de euros.

Suman más de una decena los departamentos de escuelas de ingeniería que desarrollan modelos y aplicaciones, hay decenas de pequeñas pymes que construyen o modifican pequeñas aeronaves, que se emplean experimentalmente en actividades que tienen que ver con agricultura, medio ambiente, actividades de rescate y uso industrial. Ferrovial estudia implantar drones para vigilar su red de alta tensión, ya están en uso aplicaciones para supervisar el estado de las aspas de molinos eólicos, o para revisar fachadas de edificios e instalaciones industriales.

“España tiene una ventaja adicional: hay mucho terreno despoblado, que permite investigar con vuelos no tripulados, lo que es muy complicado en otros países de Europa”, explica Webster, para apuntar alguna razón más de la fiebre del dron. Y un ejemplo es el aeródromo de Jaén, en medio de un inmenso olivar, con espacio reservado para hacer ensayos sin interferencias.

Los robots voladores han llegado a España. Y para quedarse.

Socorrista volador

Los servicios de salvamento y socorrismo de un número indeterminado de playas españolas cuentan con los servicios de un dron, una aeronave dotada de un flotador que acudirá en primera instancia al auxilio de quien esté sufriendo un percance en el mar. Será la primera opción en tanto llega una lancha de salvamento: lanzar un flotador. La telefónica Vodafone ha lanzado una iniciativa parecida con cinco drones en cinco playas españolas: Cabopino (Marbella), Ribadesella (Asturias), Isla (Cantabria), Cartagena (Murcia) y Benalmádena (Málaga).