Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sabor guatemalteco de exportación

La cadena Pollo Campero tiene más de 300 restaurantes en 14 países

Establecimiento de Pollo Campero en Ciudad de Guatemala
Establecimiento de Pollo Campero en Ciudad de Guatemala BLOOMBERG

En Guatemala no hay que buscar mucho para encontrar una historia de éxito empresarial. El buque insignia del crecimiento y la expansión de la industria local es Pollo Campero, una cadena de restaurantes de comida rápida que, nacida a mediados de 1970, cuenta ya con alrededor de 300 restaurantes en 14 países. De Pekín a Santiago de Chile, pasando por Madrid. Y en urbes como Los Ángeles (California), donde viven más de 500.000 guatemaltecos que, desafiando a la migra —la policía que vigila la inmigración irregular—, hacen grandes colas en sus restaurantes para deleitarse con un plato que consideran representativo del sabor de Guatemala.

Y lo es, hasta el punto de que quienes viajan hacia cualquier destino desde Guatemala tienen que compartir la cabina del avión con decenas de viajeros que llevan bolsas repletas de camperos para sus familiares residentes en el extranjero. Muchos, no obstante, ignoran que el inventor de la fórmula que da a este pollo frito su sabor peculiar es Francisco Pérez de Antón, un asturiano polifacético nacido que llegó a Guatemala en 1963 para casarse con su novia, hija de asturianos nacida aquí, y que terminó asentándose en el país centroamericano.

Pollo Campero arrancó gracias a la inversión de un grupo de empresarios —entre ellos Pérez Antón— encabezados por Dionisio Gutiérrez —conocido como el rey Midas guatemalteco y sobrino de Pérez Antón—, quien decidió aprovechar la oportunidad de comercializar los productos de las granjas avícolas de su padre, Juan Bautista Gutiérrez.

Aunque ya en 1971, un año después de abrir, el grupo ya expandía sus operaciones en El Salvador, la gran aventura global no llega hasta la década de los noventa, cuando la empresa comienza a crecer en América Latina. Ya en 2002 Pollo Campero ingresa a Estados Unidos y logra una aceptación inmediata; las primeras aperturas llegan a romper récords de venta en la industria. En la actualidad cuenta con más de 50 restaurantes en diversos Estados norteamericanos. Se dice que Pollo Campero cuenta con un récord en Estados Unidos tras vender con un único establecimiento productos por valor de un millón de dólares en apenas 36 días.

Al inicio de las operaciones en Estados Unidos le siguió el desembarco en Europa, empezando por España en 2006 —con un acuerdo con Eat Out, la marca de restaurantes del grupo Agrolimen— y hoy posee casi una treintena de locales. Más tarde, la firma selló una alianza con Telepizza, cuya franquicia en Centroamérica es gestionada por Pollo Campero. El acuerdo con Eat Out permite a la firma guatemalteca tener los derechos para la marca Pans & Company para Guatemala y El Salvador.

Tras la expansión europea, Pollo Campero se aventuró en China e Indonesia (2007), y ya tiene en el punto de mira Oriente Próximo e India.

De corazón, escritor

Francisco Pérez de Antón nació en Soto de Caso (Asturias) el 19 de mayo de 1940. Reside en Guatemala desde 1963. Casado, con dos hijos. Es ingeniero agrícola por la Universidad de Madrid y tiene un Master en Economía (cum laude) por la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

La gran pasión de su vida es la literatura. Ha escrito 19 libros de narrativa y ensayo, entre ellas cuatro novelas históricas. Es Premio Nacional de Literatura y Premio Nacional de Periodismo. De él dijo Mario Vargas Llosa que “es la mejor pluma de América Latina”.

Es miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua y de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala. En el campo del periodismo ha sido colaborador habitual de una veintena de diarios, entre ellos EL PAÍS.

En 1976, el rey Juan Carlos I le concedió la cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica por su esfuerzo en la distribución de la ayuda española durante el terremoto que ese año asoló Guatemala.

“Los restaurantes de éxito, incluso los de fast food (comida rápida) como es el caso de Pollo Campero, han de tener cuatro características distintivas: el producto, el precio, el ambiente del local y el lugar en que están situados. Muchos piensan que el éxito de Campero se debe al producto. Pero sin los otros tres factores, y sobre todo por una gestión profesional como la que tiene, el éxito no hubiera sido posible”, responde Pérez de Antón tras ser consultado acerca de los factores que hicieron posible esa expansión.

Confiesa que la aventura la emprendió también junto a Javier Iraizos, un navarro amante de la buena mesa. “Los dos somos exquisitos y tenemos un paladar muy selectivo. Nos place comer bien, aunque no en abundancia. Y sin más saber que la intuición, nos inclinamos por un sabor que pensamos podría gustar a los guatemaltecos. Más que nada, por la explosión que el conjunto de especias del empanado causaba en el paladar”, narra para explicar la búsqueda de la fórmula del sabor del Pollo Campero, el secreto mejor guardado de la firma.

El arranque de la empresa, como suele ocurrir, fue complicado. “Empecé por investigar cómo se freía un pollo. Y el resultado fue una cadena de restaurantes que solo la supera en antigüedad Kentucky Fried Chicken. Fue, en verdad, un esfuerzo pionero”, dice el emprendedor asturiano. “La cadena la diseñamos con un objetivo en mente: la clase media de Guatemala. Pero muy pronto los restaurantes se vieron invadidos por el estrato más popular. Mi idea fue siempre tener precios bajos, pues nuestro negocio principal era la venta de carne de pollo y mi objetivo era vender la mayor cantidad posible. Pero resultó que el propio público me hizo concluir que me había equivocado. Desde entonces, Pollo Campero es un producto eminentemente popular al alcance de cualquier nivel social”.

Pérez de Antón, que actualmente se dedica, con mayor éxito si cabe, a la gran pasión de su vida, la escritura, sigue de cerca la evolución de la empresa y le ve un futuro brillante. “Ya no trabajo en la corporación, pero pienso que el futuro sigue siendo brillante. Con todo, hay que pensar que existe una fuerte competencia. Y no directamente en el pollo frito, sino en las muchas opciones que hoy día tiene el consumidor de comida rápida, como son las de la hamburguesa, la pizza o los bocadillos”.

Pollo Campero pertenece al grupo Multi Inversiones, un consorcio de la familia Gutiérrez que ha incursionado en diferentes campos industriales y financieros. Empezó con la producción de carne de pollo y cerdo con sus derivados y los piensos respectivos, para seguir con harinas de trigo y maíz, pastas y galletas. En su abanico de negocios destacan actualmente el desarrollo inmobiliario y las finanzas.

Después de que Pérez de Antón —una suerte de pater familias desde la muerte del patriarca, Juan Bautista Gutiérrez— se retirara, el grupo quedó bajo la dirección de dos copresidentes: Juan José Gutiérrez y Juan Luis Bosch. A ellos se atribuye en buena medida la expansión internacional. Solo Pollo Campero mantiene en plantilla 3.976 trabajadores en Guatemala. En el país centroamericano se les considera unos privilegiados, tanto por la estabilidad laboral de la que gozan como por el hecho de que la empresa cumple con creces sus obligaciones como empleadora y supera las exigencias legales en lo que a prestaciones sociales se refiere.

El grupo no cotiza en Bolsa, por lo que sus resultados financieros no son públicos. Es más, se guardan celosamente. Sin embargo, según la cifra publicada en la clasificación de multilatinas de la revista América Economía, la empresa Pollo Campero vendió en 2013 por un total de 400 millones de dólares (75% en los negocios mercados ajenos a Guatemala). Tiene en total 8.500 empleados en todo el mundo.