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OPINIÓN

Grexit: episodio XXV

Draghi evitó la semana pasada que los mercados europeos estuvieran

en llamas

El resultado de las elecciones griegas es la confirmación del fracaso del gobierno de Nueva Democracia y de Merkel, con políticas equivocadas, basadas en previsiones absurdas y condimentadas con “Grecia va bien”. Pero la primera semana de Gobierno de Syriza ha superado todos los pronósticos más pesimistas. El lunes sorprendió pactando con un partido antieuropeo. Tsipras consiguió ponerse en contra a la mayoría del Consejo Europeo, especialmente a Hollande. Un apoyo de Francia a Grecia subiría inmediatamente el voto a Le Pen. Tsipras ha puesto problemas para la nueva ronda de sanciones a Rusia. Y ha conseguido ponerse en contra a todos los socios de la Europa del este, especialmente a Polonia cuyo primer ministro preside el Consejo Europeo. Y el segundo día de gobierno anunció que eleva el salario mínimo un 15%, deroga la reforma laboral, para el proceso de privatizaciones, etcétera.

Grecia estaba al borde del precipicio y Tsipras ha decidido dar un paso al frente. Si quiere salirse del euro, abandonar la Unión Europea y convertirse en la Cuba de Europa, consiguiendo que los rusos les subvencionen gas y petróleo, condenando a la sociedad griega a la pobreza, su estrategia es óptima. Pero el 75% de los griegos no quieren abandonar el euro. Por lo que si no tiene intención de abandonarlo, tendrá que tragar con las condiciones impuestas por la Troika y tendrá que incumplir sus primeras medidas de gobierno a escasas semanas de haber ganado las elecciones.

Su baza era aprovechar la reestructuración de la deuda que Samarás rechazó para convocar elecciones: retraso de plazos y recorte de tipos de interés. Esto les habría permitido liberar entre el 0,5% y el 1% del PIB en gasto público para atender los problemas humanitarios más graves que padecen los griegos y que habría sido aceptado por la troika. Esto no resuelve la crisis griega pero debería haberse posicionado a la sombra de Hollande y Renzi para hacer contrapeso a Merkel y conseguir un Plan Juncker financiado con eurobonos y el compromiso de una mesa de mutualización de deudas. Pero lo peor que le puede pasar a un estratega es que el tiempo le supere. Y esa opción ya pasó.

Papandréu ya planteó una estrategia de conflicto en 2011 y el fantasma de la salida del euro apareció. Ahora el riesgo de accidente es aún mayor. Los ciudadanos griegos están sacando masivamente los depósitos de los bancos y los inversores internacionales huyen con las escasas inversiones que quedan en Grecia. Por esta razón en sólo cuatro días de gobierno de Syriza la bolsa se ha desplomado un 20%, los bancos un 40% y el bono a 3 años ha repuntado hasta el 17% y la prima de riesgo ha subido 700 puntos básicos. El enfermo se está desangrando y el proceso va a toda velocidad. Por fortuna, Draghi la pasada semana ha evitado que los mercados europeos estuvieran en llamas como en agosto de 2011 o julio de 2012. Pero si la posibilidad de salida del euro de Grecia sigue aumentando, el contagio acabará llegando a España. Compartimos moneda y el contagio monetario se propaga con facilidad. Y la irresponsabilidad de nuestros políticos ha superado cotas que pensábamos inalcanzables.

Pablo Iglesias fotografiándose permanentemente con Tsipras y cebando la paranoia de España es Grecia. Y el presidente Rajoy con visita oficial en Atenas para apoyar a Samarás en su campaña.

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