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OPINIÓN

Fondos soberanos 3.0

Los inversores de fuera apuestan por la tecnología y la innovación; debemos seguir ese camino

Fondos soberanos 3.0

No todo ha sido en balde. Nos sorprendió la crisis, con sus meses crueles, como diría T.S. Eliot, un invierno largo, de pocas raíces y muchos escombros. Estos últimos años, hemos estado como esas multitudes, en los cuadros de Genovés, dando vueltas en círculo y, como en el poema, nos hemos quedado vacíos y atónitos, preguntándonos, una y otra vez, ¿florecerá este año? Sin embargo, España no ha desaparecido del mapa. No todo ha sido en balde. Los datos de inversión así lo confirman, como amapolas estadísticas. Los inversores extranjeros apostaron masivamente por el país: más de 50.000 millones de euros de inversiones destinados en España en 2014 (frente a los 20.000 millones del año anterior). Más de la mitad procede de los países anglosajones, Estados Unidos e Reino Unido, pero también se asoman con fuerza los países emergentes, México, China, Qatar y Singapur, en particular. La gran novedad es que, España se colocó, de manera duradera, en el radar inversor de unos inversores muy especiales: los fondos soberanos.

Así, entre 2009 y 2014, estos reyes magos —proceden sobre todo de Oriente— nos regalaron un aluvión de inversiones: más de 40.000 millones invertidos durante estos años de la crisis. El monto en si es impactante, pero más todavía cuando lo invertido durante ese período en toda Europa alcanza 107.000 millones de dólares. Dicho de otra manera, España y las empresas españolas abarcaron durante los años de la crisis casi la mitad de la inversión de los fondos soberanos en Europa. Estos datos confirman también cuánto los fondos soberanos son inversores sofisticados: apostaron en lo más bajo, cuando éramos titulares en blanco y negro y los bancos de inversión invitaban a sus clientes vender. Entonces muchos fondos soberanos no hicieron caso, y entraron. Desde Omán, por ejemplo, uno de los fondos árabes irrumpió en el capital de Enagás, en 2009 (también en CLH y La Seda de Barcelona). Omán acudió también, en 2012, a la privatización de REN, equivalente luso a Red Eléctrica (REE) y Enagás. El sultanato controla el 15% de REN que, su vez, posee el 1% de la española Red Eléctrica.

El oro y el incienso proceden de todas partes. Si bien Noruega domina, con casi la mitad de lo invertido entre 2009 y 2014, destacan sobre todo los fondos de los países emergentes, en particular de Oriente Próximo y del Sureste asiático. El último en interesarse por activos españoles es el fondo soberano de Malasia, Khazanah, ojeando en 2015 Globalvía, la compañía de concesiones de infraestructuras, participada por FCC y Bankia. Esta operación seguía de cerca otra concretada a finales del 2014, y protagonizada por el fondo estatal kuwaití KIA. Junto con un inversor australiano, se ha hecho con los activos españoles de E.ON por 2.500 millones. Omán, Malasia o Kuwait, sin embargo, no han sido los fondos árabes y asiáticos más activos en España. El protagonismo se lo han llevado sobre todo los catarís, emiratís, y los grandes fondos soberanos de Singapur.

Más allá de los datos y del ejemplo de España, se confirman las grandes tendencias que ya apuntamos en las ediciones anteriores del informe anual sobre fondos soberanos. La primera es la proliferación de estas instituciones, ahora casi unas 100. Los continentes más activos que están ahora dotándose de este tipo de inversores son África y América Latina. El proceso más llamativo es sin embargo la internacionalización de las inversiones y de las oficinas de estos actores. En Europa, las oficinas internacionales se concentran en Londres, dónde tienen sus cabeceras GIC y Temasek de Singapur o KIC de Corea, por ejemplo. En 2014 hemos visto también como los fondos canadienses, soberanos y de pensiones (públicos), multiplicaron las aperturas en la City.

Esta mayor proximidad confirma, si fuera necesario, el interés por Europa. En el futuro. veremos así más inversiones en activos sofisticados, alternativos, capital privado, activos inmobiliarios, infra-estructuras e incluso venture capital y startups como Temasek en Inglaterra (invirtiendo en Markit justo antes de que cotice en bolsa) o KIA en una start-up española a finales del 2014 (Tyba). Los fondos soberanos ya no sólo invierten en bancos o gestores, que intermedian sus decisiones, inmuebles o energéticas: miran ahora activos de alto valor añadido en muchos más sectores, hospitales, tecnológicas, industriales e incluso agroindustria y el sector del agua. En España, los fondos soberanos entraron así no sólo en el capital de Repsol, Cepsa, Iberdrola o el Santander, sino también en empresas tecnológicas e industriales como Abertis, Applus o Ferrovial.

Estas inversiones confirman la otra gran tendencia que estamos viendo emerger: el auge de las inversiones en empresas de tamaño más intermedio. Hasta una época reciente, las inversiones directas de los fondos soberanos se concentraban en las grandes empresas cotizadas. Ahora también entran en empresas cotizadas —e incluso no cotizadas— de tamaño más intermedio. Así, entre 2008 y 2013, la inversión directa promedio de estos fondos bajó así de 650 millones de dólares a 290 millones. Veremos en el futuro más operaciones de montos menores, una buena noticia para España si cabe, al tener nuestro país empresas de tamaño intermedio.

Se configuran así tres grandes tendencias: cada vez más interés y presencia directa en Europa (con equipos y oficinas); más inversiones en empresas de tamaño intermedio, sean cotizadas o no cotizadas; apuestas cada vez mayor por innovación y tecnología. Para España son buenas noticias, siempre que entendamos que tenemos que reiniciar más todavía el país: apostar por valor añadido e innovación, sean grandes, medianas o pequeñas nuestras empresas. Si queremos seguir en este radar tendremos que apostar también por una España más 3.0.

Javier Santiso es Profesor de Economía de ESADE Business School y editor del Informe Fondos Soberanos 2014 (ESADEgeo, KPMG, Icex)